Buscar una estrategia sostenible, el reto frente a cultivos ilícitos

Buscar una estrategia sostenible, el reto frente a cultivos ilícitos

Cómo controlar estos cultivos con otras herramientas es un tema pendiente para el Gobierno.

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02 de mayo 2015 , 07:17 p.m.

La orden de la Corte Constitucional, que motivó la recomendación del Ministerio de Salud de suspender el glifosato en las fumigaciones de cultivos ilícitos, es el punto de partida en la discusión sobre el futuro de esa estrategia.

El alto tribunal, en el auto 073 del 24 de marzo del 2014, fijó que los ministerios de Salud y de Ambiente debían realizar estudios técnicos y científicos para determinar el impacto del glifosato, y que en caso de no llegar a una conclusión definitiva de la inexistencia de un riesgo grave e irreversible para el medioambiente y/o la salud, debía aplicarse el principio de precaución y ordenar suspender ese tipo de intervención.

La reciente clasificación que la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo del herbicida como posible cancerígeno para humanos se convirtió en el hecho que aceleró la discusión.

Si bien la decisión final la debe tomar el Consejo Nacional de Estupefacientes, que se reunirá el 14 de mayo, la posición del Gobierno será acatar la orden de la Corte, bajo la premisa de que las políticas de Estado no pueden ir en contra de la salud de los colombianos.

Ahora, el reto es definir hacia dónde enfocar la política contra los cultivos de coca.

El Ministerio de Defensa asegura que frenar la aspersión redundaría en un aumento de los sembradíos ilícitos y que esto, a su vez, se reflejaría en la economía de los grupos armados que se financian con los cultivos y producción de cocaína. “No solo aumentarían sus ingresos, sino que procurarían disputar el control de los territorios donde hoy se hace aspersión y que son territorios de difícil acceso por presencia de grupos ilegales”, dice un documento del Ministerio, que añade que prueba del posible aumento de cultivos son los resultados en Norte de Santander y Putumayo, donde por diferentes circunstancias se dejó de fumigar.

Por su parte, expertos como Daniel Mejía, director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas de la Universidad de los Andes, descartan ese efecto. “En el 2013, cuando se detuvieron las fumigaciones por cuatro o cinco meses por la muerte de un piloto norteamericano, cuyo avión fue impactado en la intervención, la aspersión se redujo en un 50 por ciento y los cultivos de coca se mantuvieron constantes ese año (en 48.000 hectáreas sembradas)”, dijo Mejía.

Otro de los factores que tanto Mindefensa como la Procuraduría piden valorar es el costo en vidas de los hombres que hacen la erradicación manual forzosa. En los últimos 10 años, de acuerdo con fuentes oficiales, han muerto 197 personas (145 miembros de la Fuerza Pública y 52 erradicadores).

Una de las opciones es mantener la aspersión, pero reemplazando el glifosato por otro herbicida. Pero sería solo para intervenir zonas de difícil acceso, ya sea por condiciones de seguridad o por su distancia.

La otra es fortalecer los programas de sustitución de cultivos ilícitos, lo que implica más recursos, porque requiere primero convencer a los campesinos cultivadores de coca de arrancar sus sembradíos y reemplazarlos por plantaciones legales.

El reto es lograr que esos cultivos legales sean una verdadera opción. Con la sustitución y erradicación voluntarias, dicen fuentes del Gobierno, no habría necesidad de enfocarse en la erradicación forzosa y se evitaría poner en riesgo la vida de quienes realizan esa labor.

Evidencia científica sobre este herbicida

Los criterios sobre los efectos del glifosato, que la Iarc tuvo en cuenta para incluirlo en su listado de potenciales cancerígenos, surgieron de un encuentro de expertos de 17 países, celebrado en Lyon (Francia), en marzo de este año. De trata de un herbicida que se utiliza en más de 750 productos para aplicaciones agrícolas, forestales, urbanas y domésticas.

Su presencia se ha detectado en el aire, agua y alimentos tras las aspersiones.

Hay investigaciones de control de casos en exposición ocupacional de Estados Unidos, Canadá y Suecia que reportaron aumento del riesgo de desarrollo de linfoma no Hodgkin.

Otro estudio demostró que en ratones machos el glifosato indujo la producción de un tumor poco frecuente en los túbulos renales. Dos investigaciones más demostraron un aumento del adenoma de páncreas en ratas.

Se ha detectado glifosato en la orina y sangre de trabajadores agrícolas, lo que indica que es absorbido por el organismo.

También se halló rastros en sangre humana, lo que sugiere que las bacterias intestinales metabolizan el glifosato. In vitro se encontró en el laboratorio que este herbicida produce daños en el ADN y los cromosomas de mamíferos y seres humanos. Se evidenciaron marcadores sanguíneos de daños en los cromosomas en los residentes de comunidades expuestas a aspersiones con este herbicida.

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