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La historia de lucha de Jeison, un joven con parálisis cerebral

La historia de lucha de Jeison, un joven con parálisis cerebral

Hoy tiene la meta de crecer su fundación para atender a 600 niños de Cali con limitaciones.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
30 de abril 2015 , 09:08 a. m.

Por salvarle la vida y a la de su mamá, aquella partera pensó que lo mejor en ese momento de angustia era tirarle las piernas al niño que estaba por nacer y que venía de pie. En esos segundos, el pequeño Jeison Aristizábal no estaba recibiendo el suficiente oxígeno para que la sangre llegara a su cabeza por lo que su llegada al mundo fue marcada con el diagnóstico que médicos que le confirmaron a su madre posteriormente: ese bebé tenía una parálisis cerebral y una displasia o malformación ósea en su cadera.

Pero aunque uno de esos médicos sentenció al niño que iba creciendo con dificultad para hablar, para caminar y para mover las manos con un futuro que no pasaba de ser un embolador, lo cierto es que la mamá de Jeison, María Emilia Aristizábal, hizo caso omiso a esas palabras y se propuso a que su hijo tendría un porvenir por delante más prometedor.

“El médico le dijo a mi mamá que yo no iba a servir para nada, solo para embetunar zapatos porque mi discapacidad era muy severa”, cuenta este caleño, de 31 años y quien hoy está en séptimo semestre de Derecho en la Universidad Santiago de Cali y cuya vida quedó plasmado en un libro escrito por doña María Emilia y que en noviembre del año pasado fue lanzado en Medellín y a comienzos de este 2015 en Cali y en Bogotá.

“Quiero aportar con este libro un apoyo a todas las mamás que tienen niños con discapacidad para que se superen y que piensen en que realmente cuando tenemos ganas y fe podemos lograr muchas cosas, espero que sea un aprendizaje para que otros niños como él se superen”, dijo Marí

“Una psicóloga le dijo a mi mamá que tenía dos opciones, una matricularme en un colegio para niños sin discapacidad o estudiar con niños que la tuvieran”, añadió quien para muchos es un milagro desde que hace más de una década decidió convertir su casa en el barrio Ricardo Balcázar, del oriente de Cali, en la esperanza de recuperación de cientos de pequeños con limitaciones físicas en toda la ciudad.

Antes de matricularse en el colegio de Ricardo Balcázar, Jeison no era ni la sombra de lo que fue cuando estuvo en otros planteles educativos, donde sus compañeros de clase se burlaban “porque pensaban que yo estaba borracho por la manera como hablaba y me movía”.

En esos años de niñez, uno de sus grandes desafíos fue el de montar bicicleta. Tenía 8 años cuando se atrevió a dar sus primeros pedalazos y después de algunas caídas, se levantaba hasta que logró lo que para él era difícil en esa época: mantener el equilibrio. Al conseguirlo, de allí en adelante no hubo ningún obstáculo para Jeison, ni siquiera el poder caminar y en la actualidad hasta para manejar su propio carro, luego de una lucha para que le otorgaran el pase después de mostrar con exámenes de un neurólogo que sí tenía capacidad para conducir. “Yo pasé el examen físico y les mostraba las pruebas del neurólogo, pero como no me lo daban tuve que decirles que iba a instaurar una tutela porque eso era discriminación”, dijo Jeison quien recuerda con cariño sus años de estudiante en la institución educativa Humberto Jordán Mazuera, de su barrio Ricardo Balcázar donde culminó su bachillerato y llegó a ser personero.

En esa época ya le preocupaban otros niños con discapacidad como él. Así que cuando empezó una campaña para ayudar a un pequeño, empeñado en que tuviera una terapia sin costo, empezaron a llegar más y más a su vivienda, que se convirtió en un sitio de rehabilitación que desplazó la sala y el comedor del hogar de su mamá, de su padre adoptivo y de sus demás cuatro hermanos.

Decidido a tejer una cadena de sueños creó en su vivienda la Asociación de Discapacitados del Valle (Asodisvalle) desde donde ha emprendido innumerables cruzadas con apoyo de profesionales contagiados por el espíritu de superación de Jeison para hacer terapias gratis a niños de escasos recursos del oriente caleño.

También ha luchado por niños del Humberto Jordán Mazuera, en ese 2002 cuando se intercambiaban los tenis a la hora de educación física, recordando aquella película iraní Los niños del cielo, en la que dos menores rotan su calzado para asistir a clases. Eso lo recuerda bien Cristian Hernando García, quien en esa época tenía 13 años y su padre, un zapatero del barrio Ricardo Balcázar no tenía suficiente dinero para comprarle

Así mismo, Jeison ha realizado campañas para ampliar su casa, sede de Asodisval. Desde afuera parece una vivienda pequeña, pero al ingresar salen al paso corredores que se unen desde el interior con otras cuatro casas en la misma manzana que este caleño ha ido adquiriendo para crear salones para niños en etapa de párvulos y con severas discapacidades. Otra área es la de terapias donde desde el 2006 laboran estudiantes de Fisioterapia de la Escuela Nacional del Deporte, a manera de prácticas.

Pero uno de los principales logros es el colegio Porfirio Barba Jacob, un establecimiento educativo privado que fue donado por una comunidad religiosa, a través del sacerdote Óscar de la Vega. Allí estudian niños tanto con discapacidad como aquellos que no tienen ninguna limitación.

Toda la fundación tiene 480 niños con discapacidad y la cadena de sueños sigue creciendo, pues la Asociación se está ampliando para albergar a un total de 600 pequeños en aproximadamente un año.

Para el sostenimiento de cada niño, Jeison ha contado también con una cadena de padrinos que están pendientes de pasarle subsidios a cada menor para sus tratamientos físicos.

En esa trayectoria también aparece una campaña al Concejo en el 2003 “para cambiar unas leyes y ayudar a personas con discapacidad. Hicimos la campaña se llamaba ‘Jeison, ladrón de corazones’. Sacamos 2.700 votos, no alcanzamos a llegar, pero aquí seguimos haciendo muchas cosas por las personas con discapacidad, en especial, por los niños”.

Así se aleja montado en una cicla, aquel joven cuyo médico de la niñez creía que no pasaría de ser un embolador, y que hoy cuenta con un gran 'pelotón' de personas que reconoce que su vida es un milagro.

CAROLINA BOHÓRQUEZ
Para EL TIEMPO
CALI

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