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'El Corán no es tan peligroso, sino sus intérpretes violentos'

'El Corán no es tan peligroso, sino sus intérpretes violentos'

El escritor francés Michel Houellebecq presentó en Barcelona 'Sumisión', su más reciente novela.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
30 de abril 2015 , 12:01 a. m.

Barcelona. Francia. Año 2022. Una muy real Marie Le Pen (eurodiputada de ultraderecha y actual jefa de filas del Frente Nacional) pierde en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales frente a un ficticio Mohammed Ben Abbés, líder del partido Fraternidad Musulmana. Una sharia (la ley islámica) light se instala entonces en la república de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Las faldas se cambian por pantalones. Pero el desempleo cae.

Ese es el telón de fondo en el que François, un profesor de literatura, se pregunta por la fe. Y por el sentido de la vida en el mundo occidental. De la suma de todos estos ingredientes resulta el universo que ofrece Sumisión (Anagrama, 288 páginas), la última novela del polémico escritor francés Michel Houellebecq y cuya edición en español fue presentada ayer en Barcelona, con guardaespaldas incluidos. El escritor, de 57 años, recibe vigilancia especial del Gobierno francés después del atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdo, el pasado 7 de enero, en el que murieron doce personas y cuatro más resultaron heridas a manos de islamistas radicales.

El día de ese atentado, la publicación llevaba en portada a un Houellebecq sin dientes, una burla al reciente lanzamiento de Sumisión. El autor suspendió la promoción tras la tragedia y entonó el ‘Je suis Charlie’ (‘Yo soy Charlie’). La pluma tras obras como Las partículas elementales (Anagrama, 1999) o Ampliación del campo de batalla (Anagrama, 2001) siempre ha sido señalada por su supuesta islamofobia y misoginia.

En el 2001, unas declaraciones suyas en las que criticaba la religión de Mahoma (“la religión más idiota del mundo es el islam”, aseguró en una entrevista) fueron el gancho que usaron varias asociaciones musulmanas y de derechos humanos para acreditar su supuesta incitación al odio religioso. Pero el veredicto del juez fue claro: en un estado laico, la crítica a la religión es legítima.

“He construido el libro con un pobre personaje al que le quito todo: su novia, sus padres, su trabajo, su vida social, sus pequeñas satisfacciones e incluso su relación con Joris-Karl Huysmans (escritor en el que François es experto).  Al final, no le queda nada, solo problemas de impuestos, enfermedades cutáneas. Es entonces cuando aparece alguien que le propone dos o tres mujeres y un nuevo salario. A cambio, solo tiene que renunciar a su libertad de conciencia [convertirse al islam], lo que es una propuesta tentadora”, explicó el autor en una multitudinaria rueda de prensa en el Instituto Francés de la capital catalana.

Houellebecq habla con lentitud, con silencios larguísimos, y lo acompaña todo de un frecuente chasquido de lengua. Cuesta saber cuándo ha terminado de responder. No se quitó la chaqueta al llegar, se bebió un café, encendió un cigarrillo electrónico y, desafiando la prohibición a fumar en recintos cerrados, le dio varias caladas ante la mirada impasible de sus guardaespaldas, que parecían temer que el vapor llegara a los detectores de humo.

La situación pudo haber derivado en una alerta de evacuación que delatara lo secreto del encuentro. El nivel de amenaza contra el autor es tal que el sitio donde se realizó la reunión con la prensa solo se reveló, por vía telefónica, el lunes. “Yo no tengo miedo. Quizá me equivoque. Dejo que las autoridades decidan si necesito seguridad”, dice el autor sobre su nueva vida bajo vigilancia.

Sumisión salió a las librerías días antes del atentado a Charlie Hebdo y entonces Houellebecq volvió a ocupar el puesto de enfant terrible de las letras francesas contemporáneas. La idea de una Francia islámica, con derecho a la poligamia y limpia de judíos, revolvió una herida sin sanar que varios escritores ya han cocinado anteriormente. Y que también se vive en la calle, aupada por la crisis económica. El 56 por ciento de los franceses ven en el islam una amenaza para la República, según un sondeo de febrero realizado por Cevipof, el prestigioso centro de investigación política de Sciences Po.

Tras el lanzamiento, la izquierda de Francia, y en general la europea, no dudó en asegurar que el texto ofrecía legitimidad literaria a las tesis extremistas de, por ejemplo, el propio Frente Nacional. La derecha, de otro lado, no dudó en poner al autor como estandarte del muchos-lo-piensan-pocos-lo-dicen, la conciencia del buen francés que teme incurrir en lo políticamente incorrecto. La polémica estaba servida y aún colea.

El editor de Anagrama, Jorge Herralde, acompañó ayer a Houellebecq en su encuentro con la prensa, y de entrada intentó cortar el fuego y ahorrarle al autor las explicaciones que viene repitiendo desde el día uno. Sumisión no va contra el islam, “aunque las lecturas idiotas pueden ser frecuentes”, dijo el editor. También ha tenido otras defensas.

En su blog en Le Point, el filósofo y escritor Bernard-Henri Lèvy , con quien Houellebecq ha escrito a cuatro manos, aseguró que los prejuicios surgían de “confundirlo con sus personajes y atribuirle al narrador sus puntos de vista y transformar en tesis las hipótesis, las ficciones, las situaciones que el autor pone en escena”. Una reflexión sobre la propia naturaleza de la literatura.

“El Corán no es tan peligroso, sino los que dominan y tienen interpretaciones violentas”, explicó Houellebecq, quien también reveló que se leyó el libro sagrado del islam para escribir su última obra “por honestidad”. “Hay temas que no aborda, como vivir en un Estado laico; en cambio, habla mucho de cómo comportarse con los judíos y los cristianos, que nada tiene que ver con lo que hace el Estado Islámico. Me sorprende mucho esa explicación tan radical”, apuntó el autor.

Las críticas, continuó, provienen de “una izquierda agresiva, en situación dolorosa, que se siente condenada” y abandonada por los intelectuales y que los obliga a la fuerza a que se queden en sus filas después de tener su monopolio desde los años 70. “Ahora son libres de decir lo que piensan”, explicó el autor. Pero al otro lado del espectro ideológico está “una derecha pasiva, que no entiende a los intelectuales”.

El resultado de las últimas elecciones europeas dejó al Frente Nacional como la fuerza más votada, con casi el 25 por ciento de los votos. A pesar del lavado de cara que Marie Le Pen intenta ejecutar, los postulados de la formación son abiertamente xenófobos. Su padre, el fundador del partido, es el autor de ocurrencias como “el señor Ébola puede solucionar el problema de la inmigración en tres meses" o “la cámara de gas es solo un detalle de la historia”.

El padre de Sumisión ve las condiciones básicas para que en un futuro cercano pueda, de hecho, cumplirse el escenario político que su libro describe. El 8 por ciento de la población francesa (5,5 millones) profesa la religión de Mahoma, posee una gran tasa de natalidad y segundas y terceras generaciones tendrán mucho más peso en la vida social. Sin embargo, Houellebecq duda que surja un personaje tan carismático como su imaginado Ben Abbés.

“Puedo imaginar un presidente musulmán, no habría problema. Lo que parece difícil es que un partido musulmán gane las elecciones, hay demasiadas divergencias entre ellos”, explicó.

El libro, aclaró, se enmarcaría en el género ficción política, y rechaza que se trate de una sátira. “Veo esta categoría muy reductora, propia de los relatos cortos y cándidos”, puntualizó. Y aprovechó para despacharse contra el sistema (“la democracia representativa es una impostura”) y pedir la supresión de los senados y parlamentos, y que las leyes se promulguen por iniciativa ciudadana. Ve en la democracia directa “la única manera de salir de la crisis política en la que estamos inmersos” y abogó por someter todo a referendos. “El presidente se mantendría, aunque se le puede hacer dimitir, por referendo, en cualquier momento”, aclaró.

Tampoco se ahorró cargar las tintas contra los economistas. “La economía es digna de charlatanes. Los economistas no deberían tener derecho a la palabra. De hecho, no deberían ni existir”, espetó. Curiosamente, en el otoño, verá la luz la versión en español de un texto llamado posiblemente Houellebecq economista, escrito por el economista Bernard Maris, una de las víctimas de la masacre en la redacción de Charlie Hebdo y amigo personal del escritor. Los elogios de Maris a Houellebecq llegan casi a decir que mientras que Honoré de Balzac retrató la burguesía del siglo XIX, su amigo es el novelista que mejor disecciona el mundo del liberalismo y el libre mercado.

Y es que más allá de la polémica sobre el islam, Sumisión disecciona al hombre de hoy en día. El filósofo Zygmunt Bauman asegura que Houellebecq refleja con mucha plenitud la mentalidad y los demonios interiores específicos de la modernidad líquida. O lo que viene a ser lo efímero. François, el personaje principal, busca desesperadamente una fe. “Yo no hago planes con los libros”, confesó el autor, que barajó que el personaje no quedara despojado de todo y se convirtiera, por ejemplo, al catolicismo. O incluso que pudiera rehacer su vida con una de sus amantes. Los críticos dicen que el profesor se vuelve musulmán, pero Houellebecq juega con la escritura: “todo está puesto en condicional”.

“Hace tiempo que los hombres han renunciado a decir lo que piensan en su fuero interior. Ahora solo hablan las mujeres. Parece que la palabra masculina ha desaparecido”, se quejó el autor. La sumisión de la que habla el título, finaliza, no es al mundo capitalista. “También sería aceptación, aceptar el mundo tal como es. Eso es más grave que el capitalismo. Es la extinción”.

CAMILO SIXTO BAQUERO M.
Especial para EL TIEMPO

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