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Transición, verdad, justicia, cárcel, reparación...

Transición, verdad, justicia, cárcel, reparación...

Muchos de los que están en contra de las conversaciones le temen más a la verdad que a la cárcel.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
28 de abril 2015 , 05:00 p. m.

Parece que a la confrontación armada en Colombia hay que hacerle una especie de diccionario o lexicón. Así sería más fácil ponernos de acuerdo acerca de las causas, características y consecuencias de todo tipo que ha tenido el conflicto. Ese diccionario también podría servir para que todos sepamos qué significa lo que se está diciendo cuando se habla de fin de este conflicto armado y de la transición.

El diccionario definiría que la justicia transicional es una forma de justicia al servicio de las víctimas, y que esa forma de justicia sirve para promover la transición de una sociedad diezmada y polarizada por el conflicto a una sociedad en paz, en la que se garantiza el pleno goce de los derechos humanos.

Todos coincidiríamos en que una propuesta seria de justicia transicional debe concentrarse en tres aspectos: 1) Diseñar y poner en marcha mecanismos y procedimientos judiciales y extrajudiciales que permitan reconstruir la verdad acerca de los hechos violentos y sus protagonistas; 2) Establecer castigos para los victimarios –no necesaria ni únicamente cárcel– con los cuales las víctimas sientan que los derechos que les fueron vulnerados por la acción delincuencial son reivindicados; y 3) Diseñar y ejecutar una política viable e integral de reparaciones para las víctimas.

Quedaría claro que para construir la paz es indispensable encontrar y difundir las verdades acerca de los promotores políticos y económicos del conflicto, y acerca de quiénes y cómo se benefician política y/o económicamente con la guerra. No se trata solo de saber quién o quiénes cometieron los delitos. Es necesario saber –además– quiénes y por qué diseñaron las políticas y los planes nacionales, regionales y locales en cuyo marco se cometieron los delitos; y no importa si quienes diseñaron tales políticas y planes dieron o no órdenes concretas a los ejecutores de los crímenes.

Ese diccionario precisaría que todos los delitos y quienes los cometieron merecen un castigo que dignifique a las víctimas. Nos reiteraría una y otra vez que el área penal de la justicia transicional no se centra ni en perseguir delincuentes ni en meterlos masivamente a las cárceles, y menos en ofrecer rebajas en las penas privativas de la libertad a quienes han cometido crímenes que ofenden la dignidad humana. Se centra en que los perpetradores reconozcan la dimensión del daño moral y material que han causado, lo injustificable de su proceder, y reciban un castigo que permita a las víctimas confiar de nuevo en la justicia.

El lexicón nos diría que la cárcel no es el único castigo posible para las personas que han pertenecido a las estructuras militares ilegales ni para todos los que, perteneciendo a las legales, tuvieron algún papel en la comisión de delitos. Entre otras cosas porque investigar, procesar, juzgar, condenar y privar de la libertad a más de 60.000 personas, contando solo a quienes provienen de los grupos paramilitares y/o de los grupos guerrilleros, rebasa las capacidades, tanto del aparato de justicia estatal como del sistema carcelario.

En ese diccionario también podríamos encontrar que la reparación integral de las víctimas tiene 5 componentes: restitución, indemnización, rehabilitación, medidas de satisfacción y garantías de no repetición. Quedaría claro, entonces, que la reparación es fruto de la verdad y de la justicia: se requiere establecer y verificar la verdad de lo ocurrido para, por ejemplo, restituir el buen nombre o los derechos que se han vulnerado a una persona o a un grupo de personas. Se necesita saber la verdad para pedir disculpas públicas a las víctimas; y, por último, se necesita conocer a ciencia cierta en qué doctrina, política o programa se inspiraron los perpetradores directos de los actos delictivos, para poder garantizar la no repetición de hechos similares.

Quizá al final del diccionario podamos encontrar una aclaración con dos mensajes: no todos los que reclaman paz sin impunidad son enemigos de las conversaciones que hay hoy con los grupos guerrilleros; muchos de los que están en contra de finalizar el conflicto mediante las conversaciones le temen más a la verdad que a la cárcel.

César Torres

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