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Heybe y su desesperado viaje de Somalia a Noruega

Heybe y su desesperado viaje de Somalia a Noruega

Este joven, de 17 años, iba en el pesquero que se hundió el pasado domingo en el Mediterráneo.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
26 de abril 2015 , 12:20 a. m.

Heybe tiene 17 años y mucha suerte. Es un superviviente. Iba en el pesquero que se hundió el pasado domingo en el Mediterráneo cargado con 850 inmigrantes, de los que solo se salvaron 28. Alrededor de 70 de los viajeros eran menores de edad, pero fueron rescatados con vida cuatro: Heybe, otro muchacho somalí y dos de Bangladesh.

Todos ellos tienen entre 16 y 17 años e iban solos, sin ningún adulto que los acompañara en esta travesía de miles de kilómetros por países en guerra. (Lea también: El Mediterráneo, trampa mortal para inmigrantes africanos)

“Vengo de Somalia, aunque tengo unas tías en Noruega. Mis padres se pusieron en contacto con un traficante para que me ayudara a reunirme allí con ellas”, contó Heybe (nombre ficticio) a los operadores de Save the Children que lo atendieron en Catania.

“Salí de mi casa en el verano del 2014, atravesé Sudán y el desierto y, cuando por fin llegué a Libia, me metieron durante nueve meses en una cárcel hasta que mis padres les pagaron”. En aquella prisión las condiciones eran terribles: los inmigrantes eran maltratados y recibían palizas. “He visto morir a muchas personas”, cuenta el joven. “Cuando mi familia por fin consiguió el dinero que les pedían, me soltaron y pude ir a Trípoli. Tardé seis días en llegar. Allí pasé mucho miedo, pues la situación es muy mala, y temí que volvieran a capturarme”. Finalmente, los traficantes lo hicieron subir en una lancha inflable que lo llevó a un pesquero de tres cubiertas.

“Trataban de meter el máximo número posible de personas. Incluso golpeaban a algunos para que se apretujaran. Escuché que querían que entraran 1.200, pero al final solo cupimos unos 800. A los que metieron en el nivel más bajo los encerraron con llave”. (Vea también: Recientes naufragios frente a las costas libias)

Heybe tuvo suerte y le tocó en la segunda cubierta. Recuerda que la primera llamada de socorro la realizó el barco a las 7 p. m. del sábado, cuando empezó a tener problemas para navegar, pero los equipos de rescate tardarían aún seis horas en llegar. El primero que apareció fue el carguero portugués King Jacob. Al principio, los viajeros estallaron de alegría. Cuando vieron sus luces creyeron que estaban salvados. Nada más lejos de la realidad.

Para evitar que lo identificaran, el capitán (que logró salvarse y está detenido en Catania) abandonó el timón, con lo que provocó una colisión con el mercante. Esa maniobra y el hecho de que los inmigrantes se concentraran en uno de los lados de la nave pidiendo ayuda provocaron el hundimiento.

“Entonces perdí el conocimiento y ya no me acuerdo de nada más”, cuenta el muchacho somalí, que por fin el jueves pasado pudo hablar por teléfono con sus padres. Ya lo daban por muerto. Heybe descansa ahora en un centro de acogida para menores de edad no acompañados en Mascalucia, cerca de Catania.

Aún no ha dado señales de que quiera reemprender su viaje, pero parece claro que no va a detenerse hasta llegar a Noruega para reunirse allí con sus tías.

Si finalmente lo consigue y se escabulle de las autoridades italianas, será uno más de los “chicos invisibles”, como denomina Save the Children a los inmigrantes de menos de 18 años que llegaron al país solos y acabaron desapareciendo de las casas de acogida. Según los datos del Ministerio del Interior, el año pasado fueron 3.707.

“En teoría, deberían estar poco tiempo en los centros de acogida y pasar luego a comunidades pequeñas, formadas por unas diez o doce personas, en las que se trata de recrear el ambiente de una familia y se les asigna un tutor a cada uno”, explicó a EL TIEMPO Giovanna di Benedetto, de Save the Children.

“Las cosas en la práctica no funcionan así. Son tantos los menores no acompañados que no hay suficientes plazas y tienen que pasar entre seis y ocho meses en los centros de primera acogida. En muchas de estas instituciones no hay nada que hacer. No hay mediadores culturales ni actividades”.

Muchos chicos se aburren y acaban escapándose para intentar buscarse la vida en Italia por sus propios medios. Otros tienen familia o amigos en otros países europeos, como Heybe, y en cuanto pueden continúan su viaje.

“Ocurre sobre todo con los eritreos y los somalíes. En cuanto pueden parten hacia el norte de Europa”, explica Di Benedetto. El ministro del Interior, Angelino Alfano, aclaró en enero que hay también un gran número de egipcios de entre 16 y 18 años que cuentan con un contacto en alguna nación europea.

“Buscan un futuro mejor. Los que desaparecen no acaban por fuerza en los canales del aprovechamiento de menores”, comentó Alfano.

Con estas palabras, el propio Ministro reconoció que una parte de los menores que llegan a Italia terminan en manos de las mafias. Una investigación del semanario L'Espresso develó que algunos de los muchachos acogidos en varios centros se prostituían en el centro de Roma para mandar algo de dinero a sus familias.

Save the Children reconoce que le han llegado noticias de que algunas de las menores nigerianas que desembarcaban en Italia acababan siendo obligadas a prostituirse, como les ocurría en su país de origen. Esta situación es, en parte, fruto del mal funcionamiento de las comunidades de acogida, algunas de las cuales estaban controladas por la llamada ‘Mafia Capitale’, la organización criminal desmantelada el pasado diciembre. Por cada inmigrante menor de edad recibía de parte de las instituciones unos 100 euros, pero solo gastaba una miseria en el alojamiento, la comida, los cursos de italiano y el pago del personal destinado a facilitar su integración.

“¿Tú tienes idea de cuánto gano con los inmigrantes? La droga deja menos”, comentaba en una conversación telefónica interceptada por la Policía uno de los capos de ‘Mafia Capitale’.

Ante este panorama, se entiende que jóvenes que ya han tenido el coraje de cruzar desiertos, mares y países en guerra para llegar a Europa prefieran seguir buscando subsistir solos.

DARÍO MENOR TORRES
Para EL TIEMPO
Roma.

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