El español: una lengua mestiza

El español: una lengua mestiza

Expresiones indígenas y afro enriquecen el idioma. Hoy se reivindican más de 60 lenguas nativas.

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23 de abril 2015 , 12:03 a.m.
 

Colombia tiene una riqueza lingüística inmensa. El palenquero, el creol y los gitanos y 65 pueblos indígenas con sus formas de expresión, conservan lenguas vivas como parte fundamental de su identidad.

Aunque parezcan aisladas, estas lenguas, que permiten la transmisión de los saberes y la cultura, le han hecho préstamos eternos al español con palabras como canoa, chocolate, hamaca o aguacate.

Pese a esta influencia, la pérdida de hablantes de muchas lenguas, ocasionada en gran parte por las secuelas del conflicto armado y por desastres naturales, hace que pocos reflexionen sobre su importancia.

Hoy, en el Día del Idioma, Moisés Medrano, director de Poblaciones del Ministerio de Cultura, explica por qué el español es mucho más que la herencia de la Conquista.

¿Por qué en el Día del Idioma se relega la discusión sobre las lenguas nativas?

Porque hay una relación de subordinación entre las lenguas minoritarias y mayoritarias. Hay un ejercicio de poder entre la que tiene mayor número de hablantes, el español, y las de menor. Colombia, por lo menos, tiene una riqueza idiomática expresada en una diversidad lingüística que todavía no conocemos a profundidad.

¿Y a qué se debe esa relación desigual?

A que por mucho tiempo se consideró que las lenguas distintas que había en el país no tenían estructuras gramaticales o fonéticas tan complejas como el español, que eran solo ruidos y sonidos, cuando en realidad transmiten un sentido de la vida, la historia y la memoria. Desafortunadamente, la lengua minoritaria se empezó a volver sinónimo de vergüenza.

¿Qué le han dado las lenguas nativas al español que hoy hablamos?

Muchísimas palabras. Cada vez que decimos Bogotá estamos hablando de una expresión que está relacionada con la historia del pueblo muisca, mientras que cambambera, una palabra palenquera hermosa, hace referencia a alguien con capacidad de movilizar rápidamente su solidaridad. Es algo así como la tía que ayuda a todo el mundo, la cómplice.

¿Qué riesgos enfrentan las lenguas nativas del país?

Las lenguas en general se enfrentan a desastres naturales, conflictos armados de prologada duración y a procesos de aislamiento que han afectado su vitalidad.

¿Y qué se necesita para devolverles vitalidad?

No es lo obvio. No se trata por ejemplo de dar un curso de determinada lengua. En los territorios lejanos, las comunidades lo que necesitan es que su cultura permanezca y que haya condiciones para que la puedan trasmitir de generación en generación.

¿Cómo asegurar esa transmisión de la lengua?

Estamos trabajando con un colectivo de parteras indígenas en Amazonas, Valle y Chocó, y nos hemos dado cuenta de que ellas tienen un papel fundamental, no solo en lo relacionado con salud, sino que transmiten las lenguas nativas a la primera infancia. De esta forma, confirmamos que la lengua no solo es un atributo de carácter cultural para los indígenas, sino que está involucrada en los procesos más sensibles de la comunidad.

¿Qué implicaciones tiene la pérdida de una lengua?

Es como quemar la Biblioteca de Alejandría. Las lenguas son sagradas para estos grupos. Su pérdida significa que nos desconectamos de todos los saberes de las comunidades, con el agravante de que son significativas para enfrentar el futuro. Por ejemplo, los pueblos indígenas de la Amazonia que han convivido con situaciones tan complejas, pueden dar claves sobre cómo enfrentar el cambio climático. Hay cosas que ellos tienen por enseñarnos, pero todo eso está mediado por las lenguas nativas.

¿Y cómo es posible ese intercambio?

La sociedad colombiana sigue considerando a las comunidades como el otro, el distinto, el subordinado. Sin embargo, el encuentro entre los que están en la ciudad y ellos se convierte en una postura de orden política. Relacionar hablantes de la lengua con no hablantes genera, por un lado, el sentimiento de portar un conocimiento que el otro no tiene, y de otra parte, deja la ganancia de aprender y respetar una riqueza idiomática nueva. Detrás de cada lengua siempre hay un conocimiento.

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