El primer viaje al espacio de un latino con la Nasa

El primer viaje al espacio de un latino con la Nasa

Se trata del mexicano Rodolfo Neri Vela. Es investigador y sirvió de asesor en proyectos espaciales.

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22 de abril 2015 , 06:36 p. m.

Los tres motores principales del trasbordador Atlantis ya estaban encendidos. Luego lo hicieron los dos enormes cohetes de combustible. El comandante preguntó a través del intercomunicador a los demás seis tripulantes si estaban listos. Con el último sí, la orden fue despegar.

Un fuerte empujón marcó la salida. La aceleración fue intensa. Respirar se hizo difícil. La emoción creció a medida que la nave se alejó de la Tierra. Ese 26 de noviembre de 1985, entre los siete tripulantes de la misión STS-61B de la Nasa, iba el primer latinoamericano que viajaba al espacio con esta agencia espacial: el mexicano Rodolfo Neri Vela.

En los 6 días, 21 horas, 4 minutos y 49 segundos que duró la misión, se colocaron tres satélites en órbita y el Atlantis -la nave que jubiló el programa de transbordadores en el 2011- orbitó entonces la Tierra. Neri Vela, ingeniero de comunicaciones y electrónica de la Unam, con maestría en Sistemas de Telecomunicaciones en la Universidad de Essex (Inglaterra) y doctor de la Universidad de Birmingham (Inglaterra) fue seleccionado para ser astronauta tras una invitación de la Nasa al gobierno mexicano, aprovechando que uno de los satélites de la misión en la que iba a participar era de ese país.

Hizo ciencia en el espacio, logró un amplio archivo fotográfico de su país desde fuera de la Tierra y volvió para compartir su experiencia. Como investigador y divulgador ha escrito varios libros y sirvió de asesor en diversos proyectos espaciales, entre ellos varios relacionados con la Estación Espacial Internacional.

Esta semana visitó Colombia para compartir anécdotas de su viaje.

¿Cómo fue viajar en un transbordador?

La cabina era muy pequeña, más o menos del tamaño de una habitación de una casa o un apartamento. Pequeña. Tenía dos niveles y ahí estábamos siete personas. Eran viajes relativamente incómodos, en realidad.

¿Cómo se vive esa cuenta regresiva antes de despegar?

Ingresamos al transbordador mínimo dos horas antes del despegue. Permanecemos en una posición incómoda, con las piernas arriba del pecho, porque estamos con la nariz hacia el cielo. Escuchamos la revisión de todos los subsistemas, la comunicación que hay entre el comandante y el piloto con el centro de control de la misión y sabemos todo lo que está pasando. Pero el tiempo transcurre muy rápido.

¿Y el despegue?

Se siente emoción, suspenso. Pero también pensé: ¡Dios mío, ayúdame a que todo salga por el bien de mi país!

Llegamos muy rápido al espacio, en menos de 10 minutos ya estábamos en órbita terrestre. Experimentamos la famosa ingravidez, que hace el viaje un poco divertido, pero después de que uno se adapta. Las primeras horas lo son tanto. Al contrario, el mareo es terrible.

¿Luego de esos 10 minutos entra la ansiedad de ver la Tierra?

Ya ahí no había por qué estar sentados. Todos desmontamos nuestros asientos, que se quitaban para tener más espacio de trabajo y de desplazamiento. También nos olvidamos de los cascos y las botas. De inmediato empezamos a trabajar. Es divertido estar en la ingravidez y ya cuando uno se adapta puede hacer piruetas y todas esas cosas que sueña cuando niño.

¿Qué fue lo primero que vio cuando se pudo asomar?

Cuando por primera vez vi la Tierra íbamos pasando por una extensión de mar muy grande. Obviamente dije ‘la Tierra es azul’. Se veía mar por todas partes, muchas nubes en pequeños punticos blancos. Poco después empezamos a ver tierra firme en todos los colores, dependiendo del país, de la geografía, de su vegetación. Dimos 109 órbitas, pasamos muchas veces sobre Australia, sobre distintas partes de África, Suramérica.

¿Y lo que más le gustó?

El continente australiano, porque es inmenso. Tardábamos buen tiempo en atravesarlo y eso que se orbita a 28.000 kilómetros por hora.

¿Es verdad que al volver deben pasar un tiempo para recuperarse?

Los únicos que estuvieron en cuarentena fueron los astronautasque  fueron a la Luna entre 1969 y 1972. Nosotros aterrizamos en diciembre del 85, en California. Pocas horas después ya estábamos en Texas, donde nos esperaban familiares y amigos. Nos fuimos cada quien a su casa a dormir, aunque yo no lo pude hacer porque para mí era difícil procesar que en la mañana estaba en el espacio y ahora estaba en una cama. Ya hasta se me había olvidado que existía, porque en el espacio no tenemos, no hay dónde apoyarse para que la espalda descanse.

Muchos sueñan con ser astronautas, ¿qué se necesita para lograrlo?

No existe una llave mágica, ni siquiera en Estados Unidos. Lo primero que hay que hacer es ir a la escuela, hacer las tareas y estudiar una carrera universitaria, con buen promedio, dedicación e interés. Como hay mucha competencia, es necesario tener una especialidad: hacer una maestría, un doctorado. Después hay que desarrollarse profesionalmente en un laboratorio, si se quiere ser uno de los privilegiados astronautas científicos, seleccionados en diversos países.

¿Y más allá de la preparación?

En Estados Unidos, la Nasa, desde su creación, cada varios años realiza convocatorias. Muchos son los aspirantes, pero pocos los elegidos. Tienen que pasar exámenes muy difíciles. Muchas veces hay personas que las rechazan una vez y lo vuelven a intentar una y otra vez más hasta que al final algunos son seleccionados. No hay fórmula mágica, lo principal es estar preparado en el momento correcto.

Viajar a Marte sigue siendo el mayor anhelo, pero ¿estamos preparados?

Quienes tendrán el privilegio de hacerlo ya nacieron, porque la edad promedio de los seleccionados como astronautas está entre 30 y 40 años. Hay mucha gente que quiere ir y lo va a soportar. No va a ser sencillo, pero ya se están dando los primeros pasos. Se probó la nueva cápsula de la Nasa, Orión, que es multipropósito, y seguramente será la que viaje a Marte.

VIDA

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