Ricardo Lagoueyte, el 'hombre orquesta' del deporte antioqueño

Ricardo Lagoueyte, el 'hombre orquesta' del deporte antioqueño

Bajo su batuta han pasado jugadores como Juan Pablo Ángel, René Higuita y Víctor Aristizábal.

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19 de abril 2015 , 11:59 a.m.

En un aislado y solitario rincón del sencillo estadio cincuentenario un hombre vio llorar a Andrés Escobar y a Iván Ramiro Córdoba, dos de los zagueros más importantes del fútbol colombiano.

Escobar lloró porque Nacional lo había fichado, pero tendría que competir con cuatro defensores más experimentados que él. Y años después, Iván Ramiro lo hizo porque, debido a su baja estatura para un defensor, lo sacaron de la Selección Colombia juvenil de fútbol.

Fue un mismo rincón en el que ambos lloraron; y también un mismo hombre el que los consoló: Ricardo Lagoueyte.
“A los dos los regañé. Les dije que dejaran de ser tan pendejos, (…) que no se preocuparan porque estaban destinados a la grandeza. Y los mandé a cambiarse y a seguir entrenando”, cuenta Lagoueyte.

Y cual pitonisa del deporte, años después de aquellas lágrimas vino la gloria. Ambos portaron con orgullo el dorsal número 2 en su espalda, inmortalizándose en la historia del balompié nacional.

Detrás de este logro estuvo Lagoueyte. Y no solo de ellos. Bajo su batuta han pasado reconocidos deportistas como Juan Pablo Ángel, René Higuita, Víctor Aristizábal, Juan José Peláez, entre otros grandes del deporte antioqueño.

De cabello blanco y humor negro. Así se podría definir a Ricardo Lagoueyte. Siempre con un chiste perspicaz y tomándole el pelo a todo el mundo. Sumando a esto el trabajo físico y mental con los que motivaba a los jóvenes.
Y eso, considera él, es la clave de su éxito en los más de 35 años que estuvo al frente de los trabajos de preparación física de las selecciones de fútbol.

A diferencia de su apellido, su historia es fácil de entender. Hijo de Amadeo Lagoueyte, un comerciante francés de maquinaria agrícola en la ciudad, y María de los Ángeles García, Juan Ricardo Lagoueyte siempre fue un aventajado.

Aprendió a leer antes de entrar a la escuela y el mayor de sus siete hermanos, Vicente –múltiple campeón de lanzamiento de martillo, disco y jabalina– lo inició en el deporte desde joven. Tenía solo 14 años cuando en 1954 ingresó al equipo de waterpolo de la Universidad de Antioquia.

Aún recuerda lo difícil que fue realizar aquel deporte a su edad, por la violencia que tenía. “Era lucha libre dentro del agua, la piscina quedaba roja después de los partidos”, dice.

Sus hermanos también lo instruyeron en atletismo y voleibol, quizá de allí nació su vocación por enseñar. Luego fue moldeado por entrenadores extranjeros que explotaron su talento. Recuerda en especial el de voleibol, que lo hacía sacar 50 tiros buenos seguidos con ambas manos, y si fallaba alguno, tenía que volver a comenzar.

En Bogotá se graduó como Licenciado en Educación Física y luego de tres años –dos de ellos trabajando en la Escuela de Policías– decidió regresar a su tierra natal. “Perdóneme mi Coronel, pero Medellín es Medellín”, dijo Lagoueyte cuando le ofrecieron quedarse en la capital. De aceptar, hoy sería General en retiro.

De nuevo en Antioquia, a mediados de los años 60 comenzó a laborar en el Liceo Antioqueño, con un sueldo inicial de 978 pesos. Con solo 23 años, se encargó de la preparación física de las categorías infantiles, prejuveniles y juveniles de Fútbol.

Cuenta que ganó muchos títulos con ellos, pero como jugador no brilló tanto. “Gasté más guayos en la banca que en el césped”, dice con su humor mordaz.

Pero la enseñanza no lo alejó del deporte. Aparte de fútbol, tuvo dos equipos de voleibol a su mando, y jugaba en uno de ellos. También era entrenador del equipo de atletismo, preparador físico, y lanzador de béisbol y sóftbol, además de campeón de lanzamiento de martillo en 1968.

Se autodenomina un ‘enfermo por el deporte’, tanto que hubo una época donde tenía hasta cinco trabajos. Recuerda que fue entrenador de voleibol en Las Carmelitas y por 12 años dio clases en la Liga de Natación de Antioquia. Y era preparador físico de Atlético Nacional, Independiente Medellín, y de la Selección Antioquia de Fútbol.

Lagoueyte también fue cofundador de la Facultad de Educación Física de la U. de A., junto a Alfonso Serna, Consuelo Zea y Juanita Carnaham. Y fue allí donde él, el ‘hombre orquesta’ (por que practicaba muchos deportes), le tocó dictar clases de fútbol, atletismo, sóftbol y natación.

Toda su vida gira en torno al deporte. Actualmente está retirado de la enseñanza, pero no del deporte. A sus 77 años hace 40 piscinas al día y realiza caminatas. El resto del tiempo lo dedica a disfrutar en su sillón de cuero, viendo deportes.

Recibió niños y entregó estrellas

Otros dos reconocidos ídolos ‘verdes’ que pasaron por las manos de Ricardo Lagoueyte fueron Víctor Aristizábal y René Higuita. Al primero, lo recibió cuando no había cumplido los 12 años. Recuerda que él era el menor y muchas veces le pedía permiso para irse temprano a vender periódicos para ayudar en su casa. “Vos llegás, vos sos capaz pelao”, le decía al pequeño ‘Aristi’.

Años después, el futuro goleador se montó en una reja de la U. de A., donde Lagoueyte dictaba clase. “¡Profe me contrataron! ¡Me fichó Nacional!”, gritó como loco el muchacho.

Y fue otro grito el que los volvió a reunir. En un centro comercial Lagoueyte volvió a ver a Aristizábal, ya retirado, caminando con su familia. “¡Q’ hubo artista!”, gritó el profe.

El goleador paró en seco y de inmediato reconoció a su mentor. Aquel niño que “iba a llegar…”, llegó. Y un abrazo adornado con lágrimas reunió a estas dos leyendas. “Me dijo que soy el mejor preparador físico que ha tenido en toda su vida”.

A Higuita lo recuerda por haberlo llevado más de una vez en su moto hasta el barrio Castilla, donde vivía su abuela. Hasta que al profe le robaron el vehículo. Luego de varios años, y estando con la juvenil entrenando en la desaparecida cancha Marte 2, Lagoueyte recibió la visita de René.

Ya no era el muchacho empantanado al que tenía que transportar. Ya era un ídolo. “Me dijo, Profe vaya por la casa que allá le tengo una motico”. Por la noche fue y preciso, allí estaba su nueva moto. “Son cosas lindas que da la vida, ¿qué más puedo pedir? Me basta con esas muestras de gratitud”.

‘La Chaua’: un homenaje a Antioquia

Al preguntarle por su legado, el profe Lagoueyte aprieta los labios y sus ojos se colman de lágrimas a través de los lentes gruesos.

Cuando ve triunfar a todos esos jugadores que él entrenó cuando solo eran niños, suspira y le agradece a Dios. “El trabajo está hecho”.

Él es ídolo de aquellos que la gente aclama en los estadios, aunque no tiene su misma fama. Ese es el legado de Ricardo Lagoueyte.

Uno que cobra vida cada vez que una Selección Antioquia entona con ahínco 'La Chaua', un canto de guerra victorioso compuesto por Lagoueyte en 1970, parodiando la antigua tonada italiana ‘Bella ciao’, y que hace vibrar el alma de orgullo cuando se escucha el canto: “Soy antioqueño... toda la vida/Ah, de la chaua, de la chaua, de la chau chau chau/Soy antioqueño, toda la vida… y por Antioquia he de morir”.

David Alejandro Mercado
Para EL TIEMPO
Medellín

 

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