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Los náufragos de La isla de La Loma

Los náufragos de La isla de La Loma

80 familias viven en 95 hectáreas. Según alcaldía será "la esquina más hermosa de América Latina".

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de abril 2015 , 04:44 a. m.

En las 95 hectáreas de La Isla de La Loma convergen un sinnúmero de historias de desplazados por la violencia colombiana y antiguos habitantes de lo que era el sector de Las Colmenas, vecinos del mercado público de Barranquilla, en el Centro. (En imagenes: Así es la vida cotidiana de los desplazados por la violencia que habitan la Isla de La loma)

Allí, en un rincón, se han establecido unas 80 familias oriundas de otras regiones del Caribe y parte de Antioquia, que parecen náufragos en alta mar a la espera de un equipo de rescate.

Esta isla queda al frente del barrio Barlovento y muchos llegan cruzando en canoa por el caño de Las Compañías, otro en cambio lo hacen por la Avenida del Río. La Loma es considerada como el nuevo polo de desarrollo de la ciudad, y que en palabras de la alcaldesa Elsa Noguera “será la esquina más hermosa de América Latina”.

En el rincón, al que se llega por una trocha, los niños corren descalzos sobre un relleno de material que hace de suelo, como alternativa al barro de la zona, mientras que casas de ladrillo, otras de tabla, cartones y plásticos, pintadas de distintos colores, en medio de plantaciones de plátano y escombros de construcción, forman un paisaje urbanístico sin dolientes.

Sus habitantes, la mayoría vendedores ambulantes o estacionarios del mercado de Barranquilla, anhelan con tener casa propia y así mejorar la calidad de vida de sus familias. Sin embargo, aquellos sueños parecen ser inalcanzables al vivir bajo la sombra de la pobreza.

A continuación, las historias de algunos de ellos en compañía de un trabajo fotográfico sobre su vida cotidiana.

Viviana, 30 años

Los paramilitares se metieron en la madrugada y mataron a tres campesinos en donde Viviana tenía su casa en el Carmen de Bolívar. “Nos tocó salir en medio de la balas, nosotros quedamos en medio del fuego cruzado con una muchacha embarazada, a partir de ese momento nos tocaba dormir en el monte a la expectativa de un nuevo combate entre los grupos armados”, contó.

Así duraron tres años hasta que la mujer se cansó y convenció a su esposo de dejar las tierras. Ella y su marido se convirtieron en vendedores informales al llegar a Las Colmenas en Barranquilla y recibieron un subsidio de 583mil pesos por concepto de vivienda y trasteo para irse del sitio en el 2012. Hoy en día, refugiados en La Isla, Viviana se considera doblemente desplazada, y siente que podría venir un nuevo desplazamiento a raíz de los proyectos que adelanta la Alcaldía Distrital en La Loma.

“Quiero regresar al Carmen de Bolívar y tener mi casa, estar cerca de mi mamá con mi marido y mis hijos”, es el mayor deseo de la mujer.

Sandra, 39 años

Oriundos de Ciénaga (Magdalena), Sandra y su esposo tuvieron que abandonar su municipio pues este último fue amenazado de muerte por otro hombre implicado con grupos armados de la región. En el 2008 llegaron a Las Colmenas en Barranquilla, pero cuando se presentó el desalojo, la familia no contaba con el título oficial de desplazamiento ante el Estado, por lo tanto, nunca han recibido ciertos beneficios de aquella condición que les ayuden a conseguir una vivienda digna.

De Las Colmenas pasaron a vivir a Barlovento y de ahí a La Loma. Sandra atiende una de las dos tiendas del lugar y asevera que el ingreso de la mercancía tiene que ser en moto pues ningún carro grande se atreve a entrar a la zona por miedo a la inseguridad de las zonas aledañas. “Cuando uno no tiene casa uno sufre mucha humillación”, afirma la mujer que tuvo 24 horas para salir de Las Colmenas sin rumbo fijo y quien sueña con irse de La Isla con su familia para un lugar mejor.

Julio César, 24 años

Julio César ve con extrañeza como la gente se sube y baja de la canoa mientras él sigue anclado a su silla. A sus 24 años, no puede subir ni bajar de ese medio de transporte con la facilidad de un hombre de su edad, pues su cuerpo envejecido por la progeria (vejez prematura) no se lo permite.

La muerte de su padre en manos de hombres de grupos armados y el acoso sexual del cual fue víctima su madre y su hermana años más tarde, conllevaron al desplazamiento forzoso de toda su familia para Barranquilla de Cáceres (Antioquia).

Desde su llegada a La Loma, el joven encerrado en el cuerpo de un anciano ha sufrido miles de traumas, por la rara enfermedad que padece desde los dos años de edad. Nunca ha contado con un tratamiento adecuado para sobrellevar su condición y se refugia en la construcción de cometas y casitas de papel a las afueras de su casa de tablas. “Ya tiene problemas en la vista y en los dientes, a veces yo le hablo y no me conoce, y le pregunto, ¿tu mamá?, y responde, ´por ahí salió´”, afirma su madre en medio de la tranquilidad de La Loma.

VANEXA ROMERO
BARRANQUILLA

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