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La mujer que sin diploma dicta clases en Altos de Cazucá

La mujer que sin diploma dicta clases en Altos de Cazucá

Nohora Guerrero, fundadora de 'Semillas Forjadoras de Paz', lidera talleres con niños de la zona.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
16 de abril 2015 , 10:09 p. m.

Lo que empezó como una labor de protección a sus tres hijos se convirtió en una red que favorece a casi 200 niños del sector.

Entre calles sin pavimentar y con poca intervención del Estado, Altos de Cazucá, en Soacha, cuenta con una líder comunitaria que sin tener un título profesional ha logrado educar y reforzar escolarmente a niños y adultos de la zona.

“Ver que mis hijos estaban con los de los vecinos me motivó a hacer algo por ellos también”, asegura Nohora Guerrero, fundadora de la biblioteca Semillas Forjadoras de Paz.

Este proyecto nació en el 2003 con la idea del autocuidado de sus hijos: enseñaba con las guías que le daban en su colegio cuando validaba el bachillerato, y en la actualidad cuenta con más de 2.000 libros donados.

Ahora sus hijos, que tienen entre 18 y 22 años, heredaron la vocación de querer hacer algo por mejorar su entorno. Dos de ellos, Miguel Ángel y Wendy Zambrano, lideran talleres de música y breakdance respectivamente, a cada uno asisten entre 20 y 30 niños.

A pesar de no contar con insumos aptos para enseñar, Nohora atraía a los chicos a su vivienda con cursos de manualidades y chocolatinas. Así aprovechaba para instruirlos en valores, derechos humanos, prevención de drogas y educación sexual. Llegó a tener 80 niños en la sala de su casa.

Luego surgió la necesidad de tener un espacio amplio. Logró que en el 2006 la organización Un Techo Para Mi País les construyera un salón, en el que pudo adecuar su biblioteca y el cual adaptó para brindar apoyo extraescolar a los niños del barrio.

De lunes a viernes en las tardes, Nohora ayuda a cerca de 25 estudiantes cada día. Les explica con ayuda de los libros cómo deben solucionar sus tareas.

Asegura que es una labor compleja, ya que debe colaborar con el sustento económico de su hogar.

Los niños del sector asisten a jornadas extraescolares en el salón, construido con botellas por la comunidad / Archivo particular

“Trabajo en lo que me salga; es difícil porque tengo que encontrar el punto de equilibrio entre sostener mi casa y trabajar por la comunidad”, relató Nohora. (Lea también: Cazucá, el juego por la paz)

Sin embargo, los resultados la han impulsado a seguir avanzando. Por ejemplo, con la ayuda de los vecinos, Un Techo Para Mi País y el patrocinio de Cementos Argos, empedraron algunas calles del sector.

Nohora ha logrado poner de acuerdo a su comunidad para trabajar. Con acciones como estas, más vecinos tomaron la iniciativa para arreglar sus calles. “Aunque una persona no tenga dinero, puede aportar trabajo”, dijo Fabián Guerra, quien dirige talleres de agronomía en la biblioteca.

También lograron construir un salón adicional para actividades que realizan para la comunidad.

En compañía de otra fundación emprendieron el proyecto de construir una sala con ladrillos ecológicos. Un trabajo que les tomó dos meses, pues tenían que rellenar botellas de plástico con arena y edificarlas con cemento.

Quienes conforman el proyecto consideran que la clave que los lleva a conseguir beneficios es el esfuerzo grupal.

Semillas Forjadoras de Paz, que se ha consolidado como una organización, junto con otras fundaciones comprometidas en sacar adelante su gestión, tuvo la oportunidad de viajar a Perú en el 2011.

Estas son reuniones de líderes comunitarios de Latinoamérica en pro de la superación de la pobreza para mejorar la calidad de vida de los que viven en situaciones de vulnerabilidad.

El próximo Encuentro Latinoamericano de Líderes Comunitarios se realizará en mayo, en la ciudad de México. Esta vez, quien llevará el legado de la comunidad de Altos de Cazucá será Miguel Ángel Zambrano, hijo de Nohora.

Unidos por Cazucá

Nohora ya cuenta con un grupo de casi 20 líderes que no pasan de los 23 años y organizan eventos para beneficiar a su comunidad.

En diciembre del año pasado consiguieron que familias enteras compraran por lo menos una ‘pinta’ completa de ropa para cada integrante por un total de 20.000 pesos.

Hicieron una recolecta de ropa y artículos usados en buen estado que se vendieron por entre 200 y 500 pesos cada uno, como una venta de garaje. Una actividad que les facilitó el acceso a estos productos y que a la vez les permitió recolectar fondos para implementos en sus proyectos.

Para el último fin de semana de junio esperan repetir el evento.

Los que quieran participar pueden comunicarse al 3142659509 o al 3142687639 y obsequiarles aquellos artículos que ya no utilicen pero que consideren que alguien más los pueda aprovechar.

VALERIA SANTOS MESA
Especial para EL TIEMPO  

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