Secciones
Síguenos en:
La amiga que aún recuerda a Ana Frank, símbolo del Holocausto

La amiga que aún recuerda a Ana Frank, símbolo del Holocausto

EL TIEMPO visitó a Hanna Pick, amiga de la judía que inspiró un documental de National Geographic.

notitle
Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de abril 2015 , 06:32 p. m.

Hanna Pick, de 86 años, aún la recuerda. La niña judía holandesa Ana Frank, que para muchos en el mundo se convirtió en un símbolo del Holocausto debido al diario que escribió, fue su amiga íntima de la infancia. Y Hanna no podía olvidarla.

Poco después de que se estrenó en el canal de televisión paga National Geographic el documental Los últimos días de Ana Frank –en el que aparecen tanto Hanna como otra amiga, Nanett Konig–, Pick nos recibió en su apartamento en Jerusalén. Ella combina su amplia sonrisa al recordar todo lo compartido con Ana Frank, con la mirada triste al pensar en lo que sufrió en sus últimos años.

Sabe que su vida fue muy distinta a la de su íntima amiga de la niñez. Ana Frank murió enferma de tifus a los 15 años, en Bergen-Belsen (campo de concentración ubicado al norte de Alemania).

Hanna, ya cerca de los 90 años, logró llegar a la Palestina del Mandato Británico en 1947, que un año después, en parte de su territorio, se convirtió en el Estado de Israel.

Fue enfermera durante decenas de años –comenta que ese era el sueño de Margot, la hermana de Ana Frank, que murió tres días antes que Ana– y siente que la única ‘venganza’ en la que alguna vez pensó fue haber formado una familia después del Holocausto, con la cual trajo al mundo tres hijos, 11 nietos y 12 bisnietos.

Del hoy famoso Diario de Ana Frank se enteró años después de la guerra, cuando el padre de su amiga, Otto Frank, el único de la familia que sobrevivió, se lo dio personalmente. “Para el mundo es un símbolo. Para mí era mi amiga de la infancia”, dice ella.

“Nos conocimos un día en el almacén, donde yo estaba con mi madre y ella con la suya”, dice Hanna. “A los pocos días, nos encontramos al comenzar el jardín de infantes. Ana estaba jugando con unas campanas. Cuando se dio vuelta, me reconoció por la espalda y corrió a abrazarme. Allí comenzó una fuerte amistad”.

Las experiencias vividas fueron numerosas. Ana pasaba más tiempo en la casa de los Pick que viceversa, ya que, dado que la familia de Hanna era respetuosa de los preceptos religiosos judíos, ella no podía comer en una casa en la que no fueran observados.

“Pero Ana comía en casa, salíamos a pasear juntas y era un disfrute... Además, su familia era un encanto; su padre, Otto, una persona maravillosa, y todos inspiraban un gran cariño”.

Hanna rememora las fiestas compartidas, aunque cada familia las vivía de modo muy diferente. “Todas las fiestas judías las celebrábamos en mi casa: Janucá (la fiesta de las luces, en diciembre), Purim (la fiesta de la alegría, en marzo)... En Iom Kipur (que se celebra en septiembre), mi mamá iba a la sinagoga y me daba un sándwich para comer en la casa de Ana. Recuerdo que una vez llegué y vi al señor Frank y a Ana en la casa, mientras que Margot, la hermana mayor, y la madre, estaban en la sinagoga”.

Hanna recorre el tiempo perdido a través de unas fotos que guarda en un viejo álbum.

El rostro de Ana Frank es fácilmente distinguible. Se las ve jugando en la calle, de pequeñas. Y ya más grandes, en la escuela secundaria, con otros amigos.

“Vivíamos en la entrada, al lado de la familia Frank, o sea que Ana y yo podíamos hablar inclusive por la ventana, o por el balcón. Había solo medio año de diferencia entre nosotras... Aunque parece tan difícil recordarlo hoy, dado que ella murió a los 15 años y yo ya soy una anciana de 86”, dice.

Ella conserva en su memoria a su amiga con una sonrisa y destaca que estaba siempre llena de vida.
“Mi mamá siempre decía que Dios sabe todo, pero Ana lo sabe mejor. Es que tenía mucha ‘pimienta’ ”. Era muy divertido estar con ella, una niña común y corriente. Jugábamos, saltábamos: como todos los niños”.

Las cámaras llegaron hasta el interior de las barracas de Birkenau, en el campo de Auschwitz. National Geographic

Si hubiera sobrevivido...

Cuando se le pregunta qué habría sido de Ana si no hubiera muerto en Bergen-Belsen, piensa un poco antes de responder:

“Su padre dijo que Margot, la hermana mayor, quería ser enfermera en Palestina, y que Ana quería ser escritora en Holanda. Una vez, cuando estaban escondidos, hablaron de lo que cada uno querría hacer si lograban salvarse, y allí fue cuando cada una dio su respuesta. Pero no descarto que en algún momento Ana también hubiera venido a Palestina (luego, Israel), con su hermana”.

Y pensando en el sueño de Ana de ser escritora, su amiga de infancia agrega: “Después de la guerra, estuve en Holanda con mi esposo y fuimos a visitar la escuela en la que estudiábamos. Recordaba dónde vivía la directora, a la que queríamos mucho –y que lloró cuando sus alumnos judíos tuvieron que irse–, así que fui a visitarla. Le pregunté si ella sabía ya desde entonces que Ana era especial. Su respuesta fue que las condiciones en las que tuvo que estar, sola con adultos, encerrada, sin amigos, separada de todo, hicieron que las cosas se desarrollaran más rápido. Agregó que quizás se habría podido convertir en una gran escritora, pero que por la situación en la que vivió, todo sucedió más rápido. Y creo que tenía razón”.

Y luego da un ejemplo concreto: “Ana escribió varios cuentos muy originales, con mensaje. En uno, que está en un libro que compré en Yad Vashem (la institución oficial israelí creada en memoria de las víctimas del Holocausto), y que escribió a los 15 años, o sea cuando estaba escondida, se pregunta: ‘¿Por qué no somos simpáticos con la gente pobre? Si los pisamos, ni siquiera nos disculpamos’. ¡Estaba ocultándose y pensaba en esas cosas! Una gran conciencia social”.

Hanna tiene presente cómo una vez ella y Ana recibieron un castigo en la escuela, aunque ella era la culpable por haberle copiado a Ana en la lección de matemáticas. Y el susto que Ana tuvo una noche cuando viajó con Hanna y su familia de vacaciones y súbitamente oyeron truenos. Y cómo le gustaba tener su cabello bien arreglado... “Fue una de las primeras cosas que me dijo, amargada, cuando nos reencontramos en Bergen-Belsen: que la habían rapado”.

Todas las vivencias compartidas se terminaron cuando un día, recién comenzadas las vacaciones del liceo, Hanna y otra amiga fueron a buscar a Ana. Un hombre que alquilaba allí una pieza les dijo que toda la familia había viajado a Suiza.

“Ni nos despedimos, y solo años después me enteré de la verdad, que estaban escondidos no lejos de su casa, en el altillo de una oficina, donde después alguien los delató”, relata.

El encierro la cambió

Poco después de terminada la Segunda Guerra Mundial, Hanna se enteró de la verdad: Margot, la hermana mayor de Ana, había recibido, al igual que otros 400 jóvenes judíos de Ámsterdam, una orden de presentarse para un ‘campamento de trabajo’. Otto, el padre, comprendió lo que se escondía detrás de esa orden y decidió que toda la familia iba a desaparecer.

“No alcanzamos ni a despedirnos... Y cuando nos reencontramos, años después, todo era distinto”. El reencuentro fue en febrero de 1945 en el campamento de concentración Bergen -Belsen. Ambas amigas llegaron al lugar, sin saber una de la existencia de la otra. Alguien le dijo a Hanna que Ana estaba allí. No se vieron y el reencuentro fue a través de una cerca tapada, que permitía únicamente oírse las voces”.

“Reconocí claramente que era ella, de eso no tuve dudas... pero fue muy duro... No era la Ana con la que jugábamos, no era esa mi amiga de la infancia feliz”, enfatiza Hanna con tristeza.

“Era una Ana que había perdido la esperanza, que tenía hambre, tifus y lloraba... Lloramos juntas. Además, me dijo que se había quedado sola. Su hermana Margot estaba por fallecer. Pero Ana no sabía que su padre, al que adoraba, había quedado con vida. A veces me pregunto si quizás hubiera logrado salvarse, de saber que su padre no había muerto... Pero tenía tifus y eso era fatal. Un mes después de reencontrarnos, oyéndonos sin vernos, llorando juntas, falleció”.

Hanna intenta aferrarse a los momentos hermosos, pero estos quedan inundados por la tragedia. “La Ana con la que me reencontré en 1945 en Bergen-Belsen, sin verla, no era la amiga sonriente cuya foto el mundo conoce por su diario”.

Se detiene un momento y agrega: “Para todo el mundo, Ana se convirtió en un símbolo, y yo sé que contar sobre nuestra amistad es importante también para que se conozca lo que pasó en la Shoá (término hebreo para referirse al Holocausto). Todo aquel que leyó El diario de Ana Frank dice que ella creía en lo bueno del hombre, y yo digo: Sí, pero eso era antes de Auschwitz”.

El documental se repetirá el próximo 24 de abril

El monumento a los héroes del Gueto de Varsovia, en la capital polaca, otro escenario del documental. National Geographic

‘Los últimos días de Ana Frank’ se estrenó el pasado 15 de marzo y podrá ser visto de nuevo el viernes 24 de abril, a la medianoche, por el canal pago NatGeo.

Cuenta la historia de lo que sucedió después de que ella y sus compañeros del ‘Anexo Secreto’ fueron arrestados el 4 de agosto de 1944.

Por medio del testimonio de testigos presenciales, de sobrevivientes de los campos y de fotografías y películas históricas, se revela la brutalidad de los campos de concentración de Auschwitz, Sobibor y Bergen-Belsen.

Ana Frank sobrevivió solo siete meses después de su arresto, sufrió enfermedades y murió en mayo de 1945, poco antes de la liberación del campo de Bergen-Belsen. Dos de sus amigos recuerdan su época escolar en Ámsterdam y los días anteriores a su muerte prematura.

JANA BERIS
Para EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.