¿Se la tienen velada a Petro o él a sus opositores?

¿Se la tienen velada a Petro o él a sus opositores?

Petro ha endilgado a oposición la responsabilidad por obstáculos en su gobierno. Expertos analizan.

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13 de abril 2015 , 08:42 p.m.

Han sido escasos los días en que el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, ha escapado a la controversia pública. Bien por el tipo de decisiones que toma o provocado por sectores poco afectos al ropaje ideológico con que el mandatario impone sus políticas.

A diferencia de otros hombres de poder, que evaden el debate público por el desgaste que pueda producir a su imagen, Petro logra, con su retórica en la plaza pública, en las redes sociales y en los medios de comunicación, que la mayoría de las polémicas se inclinen a su favor en el imaginario colectivo.

En cada decisión administrativa o judicial que vaya en contra de su programa de gobierno, en cada crítica a la falta de planeación y gestión, en cada reclamo para que presente los estudios que sustentan sus anuncios, Petro señala a ‘enemigos agazapados’ que no lo dejan gobernar.

Los últimos reveses

¿Qué tan cierto es que, en el fondo, lo que pasa es que se la quieren velar a Petro –como dice el lenguaje popular– y que la constante oposición no lo deja gobernar? ¿No será más bien que es el Alcalde quien se la quiere velar a sus contradictores y, por ende, a la ciudad?

La pregunta surge tras el más reciente revés de sus proyectos: la decisión del Registrador de Instrumentos Públicos del Sur de anular registros antiguos (de 1924 en adelante) sobre la venta del Hospital San Juan de Dios, que paralizó su traspaso a Bogotá.

“Sectarismo y odio político” fueron los señalamientos que Petro endilgó a la decisión, pues en su concepto “somos nosotros (el gobierno) los que queremos abrirlo, y podemos, e indudablemente y más allá, porque el San Juan de Dios es un símbolo, y los símbolos en la acción política y social son muy poderosos”.

Petro suele reaccionar en este tono, aún más desde la polémica destitución e inhabilidad que le impuso el procurador Alejandro Ordóñez, y que el Alcalde ha frenado desde su expedición en diciembre del 2013. Acudió a la plaza pública y a todo tipo de recursos jurídicos, nacionales e internacionales que van ganando el pulso.

Petro se posicionó como “una víctima del Procurador” desde entonces. Entre otras razones, porque, en el caso de la destitución, los jueces se han dividido y algunos le han dado la razón, hasta el punto de suspender el efecto del fallo mientras estudian el caso.

“Todo eso generó un mecanismo de reacción del alcalde Petro, en el que cada vez que hay una decisión judicial, administrativa o jurídica, es contra él y no contra el proyecto mal planeado o el anuncio mal formulado”, explica el profesor Francisco Barbosa, de la Universidad Externado.

El caso del modelo de aseo con un operador público que Petro impuso, y que generó una emergencia de basuras en diciembre del 2012, es un ejemplo. Escudado en un fallo de la Corte Constitucional que ordena incluir a los recicladores en el negocio del aseo, Petro ha esquivado las acusaciones de violación a la libre competencia, pese a que por eso fue destituido y sancionado, al igual que otros funcionarios, con millonarias multas.

“En principio, sí hay que reconocer que ha habido una polarización, o al menos una posición bastante férrea, liderada y conducida por ciertos sectores contra el gobierno Petro”, señala Juan Camilo Hernández, analista político de la Universidad de La Sabana.

No obstante, advierte que no se puede decir que el Alcalde sea “una pobre víctima y que alrededor de él todo lo que esté en su contra es fruto de una persecución política”. Según él, Petro utiliza una técnica de comunicación política en la que señala a enemigos externos que hace que la atención de la gente se desvíe hacia sus atacantes.

“Se trata de inhabilitar o quitarle autoridad al argumento de quien es mi opositor. Le estoy invalidando la postura al otro, no racionalmente, sino afectivamente. No digo que lo que propone no es cierto por tales o tales razones, sino que no es válida porque me ataca –explica Hernández–. Cuando a uno lo atacan y persiguen, termina siendo víctima, y eso concita la colaboración de la gente, que termina arropando al indefenso o a la víctima”, agrega.

Información a medias

La semana pasada, mientras el Concejo debatía sobre los aumentos del impuesto predial de algunos sectores de la ciudad, Petro señaló al Concejo como el culpable del problema, porque en tres oportunidades le negó un proyecto de modernización tributaria.

Lo que no dijo Petro al hacer ese señalamiento es que su modernización tributaria, tal como fue presentada, no alivia el impacto de avalúos altos porque, por el contrario, está encaminado a gravarlos con tarifas más altas. Pero eso pocos ciudadanos lo saben y pocos concejales lo recuerdan. Así que el mensaje ante la opinión es que ‘el Concejo es culpable’.

De hecho, la propuesta que el cabildo le ha negado propone eliminar los estratos en la liquidación del predial y establecer una escala en la que los avalúos por encima de $ 170 millones paguen unas tarifas que oscilan entre 10 por mil y hasta el 16 por mil.

Este ejemplo muestra el tono efectista de la acusación del Alcalde. Mientras los ciudadanos se quejan porque sus avalúos están por encima de los 400 millones y 600 millones de pesos, el Alcalde responsabiliza al Concejo por no aprobarle la modernización tributaria, cuando ese proyecto grava más drásticamente los avalúos altos.

¿Perseguido?

La representante a la Cámara por la Alianza Verde, Angélica Lozano, quien fue concejal durante los dos primeros años del gobierno Petro, califica como “irracional” la oposición al mandatario, sobre todo en el Concejo, donde, según ella, “no importan los argumentos: porque es Petro, hay que atacarlo”. Cree que “es un paranoico al que sí persiguen”, aunque reconoce su tendencia a los anuncios, así no pueda ejecutarlos.

En el caso de la parálisis en la compra del Hospital San Juan de Dios, la concejal del partido del Alcalde, Alejandra Rodríguez, considera extraño que solo cuando Bogotá decidió comprarlo se cuestionó la titularidad.

La misma secretaria General, Martha Lucía Zamora, en entrevista con EL TIEMPO, aseguró que fue una solicitud de la Procuraduría lo que llevó a anular las anotaciones.

Rodríguez considera que, aun así, la respuesta del Alcalde debió ser técnica y no política.

Para el urbanista Mario Noriega, preocupado por los efectos de la falta de estudios y planeación, en el gobierno Petro “hay un desdén por el apoyo técnico, especialmente en el manejo de la ciudad en términos urbanísticos”.

Cita como ejemplo el Decreto 562 de diciembre del 2014, que libera la altura de los edificios, que, para el Distrito, permitirá una transformación urbana y arquitectónica sin precedentes. Pero en concepto de Noriega “es un monstruo que llevará a la ciudad a un desastre urbanístico”.

En el medio, los bogotanos han visto pasar tres años en los que Petro ha desechado las críticas por la máquina tapahuecos, por el modelo de aseo, por no usar el cupo de deuda, por no iniciar las grandes obras de infraestructura y por su baja ejecución.

“Ese discurso sirve para mantener a raya a los contrincantes e incendiar el discurso político, pero ¿en qué puede aportar al bienestar de la ciudad? En nada, no es un discurso proactivo que entregue soluciones, sino uno que divide, y eso es lo que menos le sirve a Bogotá”, concluye el profesor Hernández, de La Sabana.

YOLANDA GÓMEZ
Editora de Bogotá

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