El renacimiento de Lorena Meritano tras un agresivo cáncer

El renacimiento de Lorena Meritano tras un agresivo cáncer

En mayo de 2014, la actriz publicó a través de sus redes la noticia de que padecía la enfermedad.

notitle
13 de abril 2015 , 03:34 p.m.

En sus redes sociales mostró su transformación, la pérdida de peso, de pelo, de cejas, de un seno... pero nunca de las ganas de vivir. Hoy, victoriosa, esta guerrera habla para ELENCO. Un verdadero ejemplo de vida.

Vea aquí la galería de fotos

Lorena llegó acompañada de su esposo, Ernesto Calzadilla, y de Fidel, su mascota, un perro de raza yorkshire, que es un miembro más de esta hermosa familia. Con sus 1,80 metros de estatura, su pelo creciendo después de las quimioterapias y como una verdadera guerrera que acaba de salir airosa de la batalla más dura de su vida, más bella que nunca y con sus impactantes ojos verdes que iluminaron el set, nos dio esta emotiva entrevista, que fue más una lección de vida.

Hace casi un año le detectaron cáncer de seno a la actriz argentina que, dejando a un lado los prejuicios, rompió con todos los paradigmas de cómo se enfrenta esta enfermedad. Antes que esconder su nueva condición, decidió compartir paso a paso este duro, doloroso y formador proceso con sus seguidores en las redes sociales. No le importó despojarse de esa imagen de mujer sensual y exótica para enfrentarse a los cambios físicos que produce el tratamiento; pues para ella la verdadera belleza no está en lo exterior.

“¡Gracias! ¡Es un honor y un milagro estar acá! ¡Gracias a Dios!”. Estas fueron las palabras con las que comenzó esta charla que conmovió a los presentes y provocó más de una lágrima.

¿En qué momento particular de su vida se encontraba cuando se enteró de que tenía cáncer?

En un momento hermoso, tan hermoso como hoy. Acabábamos de llegar de Buenos Aires de comprar una obra de teatro que se llama Estas ahí, que vamos a hacerla Ernesto y yo. Llevaba unos pocos meses de casada, estaba de luna de miel, enamorada un poquito menos que hoy, porque hoy estoy mucho más enamorada. Estábamos con muchos planes de hacer teatro en Colombia, instaladísimos aquí y agradecida de la vida porque, además, me había hecho chequeos en abril del año pasado y todo había salido bien, entonces estaba en esos momentos de la vida que tú dices ‘¡No puedo estar mejor!’ Estaba mejor a todo nivel. A veces uno está bien profesionalmente, pero no está bien emocionalmente, pero para mí estaba todo perfecto.

¿En la plenitud?

Sí, en la plenitud. ¡Y en la plenitud estoy hoy!

¿Con quién estaba cuándo recibió la noticia?

Con mi esposo, con Ernesto. Estábamos en Bogotá, viendo Yo me llamo. Nosotros lo grabábamos para verlo después en familia, yo le hacía los apuntes de lo que me gustaba y no me gustaba, y cuando estábamos viendo la tele y esta bendita buena costumbre de tocarme, de irme haciendo el autoexamen -que ojalá todas las señoras se hagan en su casa, y las que no se lo saben hacer que le pregunten a un ginecólogo, o en Internet hay mucha información, que sigan Modo Rosa-, le digo a Ernesto: “Papi, tengo una bolita”, y gracias a Dios actuamos superrápido. Eso fue un miércoles, el sábado estábamos yendo a un ginecólogo en Bogotá, el martes siguiente me estaban haciendo una mamografía, el jueves la biopsia y a la semana siguiente fuimos a buscar juntos el bendito resultado… y, bueno, te encuentras con la noticia. Uno siempre piensa que nunca le va a pasar. El ser humano es tan inconsciente que cree que le pasó a su mamá, le pasó a su papá, pero que no le va a pasar a él. Mi papá sufrió de cáncer, mi mamá, mis abuelos…

Entonces el tema del cáncer no era desconocido…

¡Nooo, para nada! Somos tres hermanos de un papá que está en el cielo y una mamá que es sobreviviente del cáncer, pero todos hemos tomados actitudes diferentes ante la salud. Soy muy responsable y todos los años de mi vida me hago un chequeo. Mis chequeos no son solo ginecológicos, sino con mi clínica, que me hace todos los estudios…

Todo estaba perfecto. Voy al odontólogo, no espero a qué me duela. No espero a sentir la bolita, me hago mi citología todos los años, mi ecografía mamaria, mi ecografía transvaginal, los controles de rutina, porque elegí ser así, no por una historia familiar. Mis hermanos actúan distinto, en cambio yo soy muy responsable con este tema. Inclusive la cuenta más cara que pago es la medicina prepagada en Buenos Aires; es como una inversión, porque si no hay salud, no hay nada.

Cuando le dieron el resultado, ¿qué pasó por su mente?

Te pasan muchas cosas, te da mucho miedo. En ese momento quería correr a que me hicieran todos los estudios para saber si había una metástasis, y eso fue lo que hicimos. Pero es como un golpe en la boca del estómago, como un baldado de agua fría. No me enojé nunca. Me dio miedo estar lejos de mi país, lejos de mi mamá, pero gracias a la bendición de Dios tengo una familia constituida al lado de un marido. Ahí estaba Ernesto acompañándome, con su apoyo y el de algunos amigos puntuales que lo supieron. Me acuerdo de que hablé con Marcelo Dos Santos, que vino a la casa y me dijo algo sumamente importante: “¿Tú qué crees, que tú tienes la enfermedad o la enfermedad te tiene a ti?”, y le respondí: “Yo tengo la enfermedad”, me dijo: “Vas bien”. Esa pregunta que me hizo Marcelo en ese momento fue muy importante para mí.

¡Y sí! Te da mucho miedo, porque lamentablemente cáncer es sinónimo de muerte y eso tiene un poco que ver con la ignorancia. Sabemos que si se detecta a tiempo se puede curar; no quiere decir que vaya a vivir hasta los 80… ¡ojalá que sí! Me sentí como desamparada, me parecía extraño, fue como una negación. Me parecía como una película, de esas que son vertiginosas, porque me enteré de que tenía cáncer y al otro día me estaban haciendo la resonancia magnética y al otro un estudio de los huesos y al otro estudio de los pulmones… A los quince días ya estaba viajando a Argentina con las biopsias y con todos los resultados. Mi familia me estaba esperando con una cita y una doctora, que es mi médica hasta hoy, Adriana Bermúdez, que la amo (risas). Ernesto llegó a la primera cirugía, a los 15 días fue la segunda… Hay que actuar, y cuando comienzas a actuar vienen las cirugías, las quimioterapias, que son tratamientos devastadores.

Le cambió todo…

Te cae esta noticia y la prioridad es la salud. Uno no tiene dimensión de lo que es este tipo de procesos.

¿Pensó en algún momento que se iba a morir?

Antes de irme de Bogotá, algo se cruzó por mi cabeza: ¿volveré o no volveré? Estoy apoyada por una persona pragmática; Ernesto es ejecutor, es el productor ejecutivo de la casa; yo soy más emocional. ¡Para qué te voy a mentir!... ¡Sí se me cruzó por la cabeza! Capaz no vuelva, pensaba, pero eso es así todos los días. El señor que maneja el bus, el peatón no sabe si en la esquina lo van a atropellar… No saben si van a volver a casa. Lo que pasa es que es una enfermedad mal llamada terminal, porque en ciertos casos tiene cura, o por lo menos tratamientos para alargar la vida.

¿Por qué publicarlo en las redes sociales?

Básicamente, porque lo necesité. Y por varias razones, primero porque esto ya se sabía, y antes de que empezaran a emitir informaciones que no eran correctas y suposiciones… igual lo hicieron en todo el mundo, ¡hasta me mataron! Quise contarlo en primera persona porque a medida que empecé a compartirlo, era tanta la gente que me escribía y que estaba pasando la misma situación… Me decían que les hacía mucho bien que compartiéramos ese proceso así, a través de las redes. Con dos cirugías y 19 quimioterapias no era posible que me sentara en un set a dar una entrevista por obvias razones, y la gente me fue como animando… ¡Es impresionante! ¡Todo el mundo por Facebook, por Instagram, por Twitter y por mi página web! Creo que fue bueno, fue la mejor decisión. Aislarme hubiera sido mejor para mi salud, pero mi decisión fue compartirlo.

Me gusta comunicarme con la gente y que la gente se comunique conmigo. A pesar de que sufro mucho por eso, porque hay gente mala en Instagram que te dice cosas muy feas, muy dolorosas y muy irrespetuosas… Tengo para escribir un libro de eso, pero prefiero escribirlo de cosas bonitas.

Hace poco la vimos molesta por redes sociales...

Si estoy molesta, no escribo. Como soy argentina, soy vehemente, me expreso claro, conciso y a calzón quitado, y la gente cree que estoy molesta. Soy así, tengo ascendencia italiana y soy muy apasionada para escribir, y cuando me expreso de cosas que me parecen imprudentes generalmente no lo hago en referencia a algo que me pasó personalmente, si es algo que me pasa a mí, no me molesta tanto como si le pasa a la gente que quiero. Si me dicen: ‘¡Qué fea te ves calva!’ ‘¡Estás tratando de dar lástima!’ Digo: ‘pobrecita, ¡qué corazón!’. Me duele cuando se meten con mi familia, con la gente que está sufriendo… ahí es cuando soy justiciera.

¿Cómo fue despojarse de la vanidad?

¡La vanidad es el diablo! Este proceso que estamos atravesando con mi familia -porque esto continúa- me llevó a tener otra vez una relación íntima conmigo tan bonita, y exactamente hice todo lo contrario de lo que me dijeron algunos terapeutas, porque hice una terapia de decodificación de enfermedades. No solo hice tratamientos alopáticos sino también alternativos, porque me decían: ‘después del seno viene la metástasis del hueso porque a la mujer se le baja la autoestima, luego viene la metástasis del pulmón porque viene el miedo a la muerte’…

A mí me pasó exactamente al revés: yo abracé no solo la enfermedad sino todas las miserias de esta enfermedad, y pude verme en un espejo sin un seno y quererme y aceptarme, y pude verme sin pestañas y sin pelo y sentirme bien… hablando de la parte estética, no hablo de lo que es el tratamiento de la quimioterapia, que te vuelve nada y me hizo sentir muy mal. Abracé todo con amor. Esto eran los efectos secundarios del tratamiento; no era la enfermedad. La enfermedad se había ido con las operaciones. Y era comunicarle a la gente, la sana o la enferma, que no importa si eres flaca, gorda, alta, si estás rapada, si no tienes cejas, eres hermosa, porque la belleza no está ahí, afuera.

¿Alguna vez le preocupó no gustarle a Ernesto?

Me pasó algo muy lindo: mi esposo no dejó de desearme nunca, no dejó de amarme nunca, no dejamos de tener una vida sexual. A pesar de todo lo que estaba padeciendo físicamente, emocionalmente, psicológicamente, no dejamos de tener una vida sexual plena. Eso también es muy bonito, sentirte deseada y amada por el hombre que tienes al lado. Eso es el amor, y el amor tiene que empezar por uno mismo. Inclusive me tomé un autorretrato sin un seno, del cual un artista colombiano está haciendo un cuadro. Todavía no lo he visto. Ya todos lo conoceremos, pues lo vamos a mostrar con mucho orgullo.

Porque si te sientes mujer valorada o te sientes bella porque tienes un pelo lindo, unas pompis lindas, una piel linda, ¡estás muy jodida! Porque cuando no tengas la teta, como no la tengo yo, o no tengas el pelo o las pestañas, te vas a sentir muy vacía. Entonces volví a esa esencia de Lorena, a como fui criada. Eso también tiene que ver con la educación y se lo agradezco a mi papá y a mi mamá profundamente. Y lo vuelvo a decir: ¡Yo elegí ser autentica! El día que me muera, si hay algo por lo cual me gustaría que me recordaran, es porque fui una buena persona y una mujer auténtica.

¿Qué ganaba yo con una peluca? ¿Mostrando lo que no era? A mucha gente le cayó muy bien eso y a otros les cayó fatal… pero eso es problema del otro. A mí me hizo mucho bien poder mostrarme como soy. Así, ¡hecha mierda como estaba!... y gracias que no me vieron como llegué a estar, pero no era necesario. Era decir ‘ustedes y yo estamos pasando por lo mismo, estamos calvas, pero nos vamos a curar y nos sentimos bellas igual’.

El amor todo lo puede…

Es que hay una gran diferencia entre el amor y otras cosas. Nuestra relación como persona, como familia, está basada en el amor. Creo que hay una confusión muy grande en la sociedad de lo que realmente es el amor.

¿A qué se aferró?

A Ernesto, a mi mamá… tengo una familia maravillosa, tengo dos hermanos, cuñadas y sobrinos que estuvieron allí, a Dios… pero no es el Dios que apareció porque tenía cáncer y empiezo a creer en Él; porque tengo cáncer empiezo a ir a la iglesia. ¡No! Es el Dios de siempre. El Dios en el que creo es el que ama a todo el mundo por igual, el que no discrimina, el que no es homofóbico, el que no te exige ciertas cosas.

El Dios que nos quiere a todos por igual, creas en Él o no. También investigué mucho sobre medicina natural, alternativa, reiki, productos naturales. Básicamente, en mi fortaleza, porque Ernesto estaba ahí, mi mamá estaba ahí, la medicina estaba ahí para salvarme… si vos no querés, no podés. Había días que me daban esos ataques de pánico y el sufrimiento físico era tal que decía ‘si así estoy viviendo, no quiero vivir más’, entonces había un diálogo ahí adentro que yo llamo Dios, y si uno no le ayuda a ese Dios con berraquera, con ovarios, que todavía los tengo (risas), con fuerza, con ganas de vivir, estás en nada. Hay algo que está ahí adentro a lo cual te podés aferrar y ¡te juro que sales!

¿Esa valentía es de siempre o fue creciendo durante el proceso?

Miedosa no soy. Tengo muchos otros defectos: soy ansiosa, un poco ciclotímica, ‘verborrágica’ a veces… si hubiese sido miedosa, tal vez hubiera sido el momento del gran aprendizaje. Era muy impaciente… el cáncer fue el mejor maestro de paciencia con el que me encontré en toda mi vida, gracias a Dios.

¿Cómo soportar y no perder la paciencia?

La pierdes y respiras y vuelves a respirar, y vuelves a respirar… (risas). Tampoco hay un manual; hay mucha literatura, muchos libros, pero el proceso lo vive uno. Es como el dolor de cabeza: lo vives tú. Esto lo sufría mi cuerpo, y ojalá fuera solo el cuerpo; eran los miedos, todas las malas noticias que recibes, porque en el momento que vas al oncólogo, te dice: ‘después de la quimioterapia te va a pasar esto, te va a pasar lo otro, se afectan el corazón, los riñones, no puedes pensar en tener bebé…’ A partir de que te enteras que tienes cáncer, no es que empiece a mejorar.

Todo empieza a empeorar de afuera para adentro. Está en uno recibir estas noticias de la mejor manera. No recuerdo el día en que me haya enojado… por ahí lloré un poco durante el proceso y ahora después de que pasó todo fue que me saqué la armadura, mi pinta de guerrera, que me tocaba salir en pie, y… bueno, estoy conectándome con el llanto, diciéndome está bien que llores, está bien que tengas miedo.

¿Cambió el orden de su vida?

La gente me escribía ‘es que usted era muy pedante y ahora me cae bien’, y digo ¿Por qué era pedante, acaso me conocías? Un cáncer no te hace más buena, no soy mejor persona porque tenga cáncer. Yo soy la misma persona, soy la chica que nació en un pueblo de clase media, que vivía a seis cuadras del río, que fue criada por una maestra y un comerciante, que siempre fui auténtica, espontánea, que cuando tuve ganas de empelotarme me empeloté, cuando tuve ganas de vivir en México me fui, cuando tuve ganas de vivir en España me fui, me propusieron venir a Colombia, me vine sin miedos. Soy la misma. Lo único que estoy aprendiendo es a ser más paciente.

¿Cuál fue la lección más grande?

El vivir solo por hoy, el que la vida es ya, ahorita, en este instante, porque mañana no sabes. Eso debería haberlo aprendido desde siempre, pero me doy cuenta de que una cosa es decirlo y otra hacerlo.

‘¡Volví a nacer!’... Lo publicó cuando supo que había ganado la batalla al cáncer...

Cuando terminé las quimioterapias. Me fui de viaje con Ernesto, había pasado como un mes y había empezado a respirar. Cuando estaba con las quimio no podía respirar. Estos tratamientos te dan la vida, pero son devastadores. Cuando escribí eso fue cuando empecé a sentir el aire, volví a caminar y sí, volví a nacer. Era como un bebé prematuro que no está preparado para salir a la calle, son pequeñitos, indefensos, y eso sentí. Como que Dios me dio la oportunidad de darme una nueva vida.

¿Cuándo fue eso?

El 5 de enero. Cuando nos fuimos a Concordia (Argentina); me fui casi en incubadora. De las cosas más bonitas que debes tener en la vida es ser agradecido.

¿Cómo se siente ahora?

Agradecida, enamorada, me siento bendecida, viviendo el hoy, aprendiendo a ser más paciente, porque cuando uno acaba el tratamiento médico, quiere salir corriendo. ¡Y quisiera trabajar ya! Pero falta mucho, hay controles en meses, faltan unas cirugías. Estoy enamorada de estar en Colombia, enamorada del proyecto que estamos haciendo con Ernesto, Marcelos Dos Santos y Jorge Cao, que es una fundación, Arte and Friends, una sala de arte… Y qué mejor manera de terminar de sanarme que a través del arte. Obviamente no puedo todavía subirme al escenario. Ahora estamos con exposiciones de cuadros, pronto se viene un concierto de música, y lo estamos organizando todo, en familia, los viernes y sábados, y los domingos hay funciones para los niños. ¡Dios, gracias, Dios! ¡Gracias, Colombia!

¿Físicamente?

Estoy mucho mejor, subí 15 kilos.

Un libretista colombiano, en muchas de sus series tenía personajes que morían de cáncer, luego él enfermó de cáncer, lo superó, pero decidió no volver a someter a un actor a hacer este tipo de interpretaciones porque sentía que había sido un karma. ¿Interpretaría a una enferma de cáncer?

Respeto totalmente ese punto de vista. Si algo no soy, es prejuiciosa; al contrario, si me toca hacerlo, lo haría. Si eso va a generar conciencia para que las mujeres vayan a hacerse sus exámenes, si eso va a generar que los hombres vayan a hacerse análisis de la próstata o del seno, porque a ellos también les da cáncer de seno; si eso va a ayudar a sanar, a esa catarsis, no tengo problema en hacerlo. Sería un orgullo porque soy una sobreviviente.

¿Hay algún temor de que regrese el cáncer?

Ahora no, porque estoy viviendo el hoy. Hoy comparto mi vida con mi esposo, con Fidel, estamos sanos, estamos vivos, estamos pensando en que el viernes tenemos función, que el domingo van a venir niños… ¡Noooo! ¡Hoy estoy agradecida! No por eso voy a dejar de hacerme los exámenes, la cirugía que me falta… No voy a dejar de cuidarme. Hoy estoy tan contenta. ¡Estoy viva y estoy sana y con eso estoy conectada!

¿Cuál sería su mensaje?

Primero, ¡gracias, Colombia! Saben que los amo, que recibí todo ese amor, que nos hicieron mucho bien sus oraciones, también nos hicieron bien las personas que nos escribieron cosas feas, porque nos hicieron más fuertes. Y vayan al médico, no esperen a estar enfermos, háganse sus exámenes, y si están pasando por esto, tengan fe, tengan fortaleza, paciencia y crean en Dios, pero a Dios hay que ayudarlo. Los quiero mucho, muchas gracias.

GLORIA FRANCO 
Fotografía: Hernán puentes
Producción: Natalia Céspedes

Empodera tu conocimiento

Sal de la rutina

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.