Conozca la historia detrás de la gran ceiba del parque de la Aduana

Conozca la historia detrás de la gran ceiba del parque de la Aduana

Este árbol, sembrado desde ha 85 años en honor al Libertador, está a punto de desaparecer.

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12 de abril 2015 , 03:27 p.m.

En la demarcación de la zona donde fueron encontradas evidencias de moradores precolombinos de hace aproximadamente 450 años, en el sector urbano entre el Caño de las Compañías, la calle Obando y las carreras Topacio y Rosario –identificada como Cementerio Indígena, mediante el estudio realizado por el ingeniero Antonio Luis Armenta a finales del siglo XIX–, se levantó uno de los centros de esparcimiento social y recreativo del pujante Barrio Abajo.

Con la construcción del edificio de la Aduana Nacional, los espacios en este sector fueron demarcando prosperidad y fue así como nació la famosa Plazoleta de la Aduana, la cual fue escenario de uno de los mejores momentos simbólicos de la ciudad, con todo lo que venía del viejo mundo.

Esta plaza, con inmensas extensiones arenosas que bordeaban el majestuoso edificio rectangular a mediados de las primeras décadas del siglo XX, era testigo de aquella tarde del 7 de agosto de 1922, cuando fue inaugurada la estatua del ilustre General Francisco de Paula Santander.

Este busto fue fundido en París por el escultor Raoul Verlet. El monumento duró años engalanando este sector comercial e industrial del Barrio Abajo. El parque era muy concurrido en las fiestas de la Virgen del Rosario, y se utilizaba para efectuar muchas alboradas musicales, juegos pirotécnicos como las vacas locas, barriles encendidos con brea, bolas de candela, castillos, olas giratorias, tiro al blanco y ring de boxeo.

Problemas bipartidistas hacen que la estatua del Hombre de las Leyes fuera trasladada en junio de 1930, por sugerencia del Concejo Municipal, para que engalanara uno de los nuevos boulevares de la Urbanización El Prado, obra entregada a la ciudad en ocasión a las Bodas de Plata del departamento del Atlántico.

Quedando solitaria la Plazuela de la Aduana, como se le denominó a partir del traslado de la estatua, se escoge por la Junta Municipal del Centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar ser el sitio para perpetuar su memoria.

Como acto simbólico de aquel gesto al Padre de la Patria se plantó una ceiba en presencia de altas autoridades locales y miembros del Centro Bolivariano del Atlántico. ‘El Árbol del Libertador’, como se le denominó, fue sembrado en la mañana del domingo 21 de diciembre de 1930, entregado por el entonces director de Educación Pública Departamental, el doctor Santiago Zúñiga.

Debido a su importancia emblemática, este lugar fue escenario de muchas actividades culturales y es así como entró en el programa de ornato y embellecimiento por parte de la Sociedad de Mejoras Públicas, con acompañamiento de un selecto grupo de iniciativas sociales, como lo fue la Junta Pro-mejoras y defensas del Barrio Abajo, que a mediados de 1960 sugerirían en dicho parque los bustos del primer gobernador del Atlántico y del primer administrador de la aduana de esta ciudad.

Los años pasaron y este pequeño pulmón del Barrio Abajo quedó al abandono. Hoy solo queda de esta historia la gran ceiba de casi 85 años y una parte estructural de aquellas inmensas y oblicuas sentaderas.

Esta zona histórica, ubicada a un costado de la antigua Aduana, espera la prolongación de la carrera 50, plan que intenta solucionar el problema vial de la carrera 46 a costo aproximado de 40.500 millones de pesos.

La idea esencial es conectar el norte con el centro de la ciudad y el sector de la Loma, empalmando así con el recién restaurado edificio de la Intendencia Fluvial, Corredor Portuario, Avenida del Río, el desarrollo proyectado en los terrenos de la Loma y por último el portal del Transmetro, ubicado en Barranquillita. Dentro de esta renovación será construida en la Vía 40, frente al barrio Barlovento, una rotonda, donde se habilitarán tres carriles y extensas zonas verdes.

Esta prolongación que sería una avenida con varios carriles viales en la que quedaría proyectada la glorieta de la vía 40. Se espera que el último estudio ambiental deje a un lado esta parte del parque de la Aduana, donde el legado del Libertador siga representando en una inmensa ceiba. Que se logre preservar a como dé lugar, con el fin de rescatar uno de los referentes históricos del Barrio Abajo y así se pueda salvar ante una ciudad que con su constante desarrollo progresista está quedando sin su memoria urbana.

Helkin Núñez Cabarcas
Especial para EL TIEMPO
Barranquilla.

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