Secciones
Síguenos en:
Fanny Zuluaga, ejemplo de perdón y reconciliación

Fanny Zuluaga, ejemplo de perdón y reconciliación

Después de la tragedia del desplazamiento, hoy tiene un salón de belleza en su propia casa.

notitle
Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de abril 2015 , 04:57 p. m.

Espantada, apenas con lo que alcanzó a meter en un par de maletas y los recuerdos que por 30 años acumuló en la que fue su casa en Falan (Tolima), Fanny Zuluaga tuvo que huir y dejar atrás la vida apacible y tranquila que llevaba. El paramilitarismo se había tomado la zona y los vecinos del sector corrían para evitar la muerte. Fanny no fue la excepción.

Nueve años después, en el nuevo hogar de Fanny de dos pisos, en Soacha (Cundinamarca), se respira un ambiente familiar y acogedor, distante al miedo de esas épocas en el municipio tolimense.

Con la compañía de la novela de la mañana en un televisor pantalla plana y unos buenos parlantes se percibe que pronto estará listo el almuerzo que le prepara esta madre soltera de 40 años a sus tres hijos para que puedan irse a estudiar al mediodía.

Las imágenes religiosas que la acompañan en su morada y algunas esculturas pequeñas de ángeles y santos son prueba de que tiene su fe intacta, después de haber sufrido en carne propia la violencia paramilitar.

Salió hace 9 años de su pueblo natal, Falan (Tolima), por la aquejante presión del grupo armado que se apoderó de la zona donde vivía con su familia, razón por la que tuvo que buscar un nuevo rumbo en la capital del país.

Luego de su desplazamiento forzado y de trabajar en lo que ella denomina el ‘rebusque’, en labores que son arduas y mal remuneradas, pero no ajenas a otros miles de colombianos, como empleada doméstica en distintas casas y vendiendo arepas, vivió unos 6 años con menos del mínimo y tratando de sacar a sus tres hijos adelante.

Con el paso de los años y el apoyo de varias personas en distintas entidades que promueven la igualdad para todos los despojados, pudo contactarse con la Fundación Atención al Migrante, donde además de recibir apoyo espiritual y laboral, tuvo la oportunidad de capacitarse en belleza, aprendizajes con los que decidió seguir adelante.

A pesar de ser víctima de la guerra, Fanny ha dejado de lado las secuelas de la violencia y ha construido una vida alejada del rencor. Abel Cárdenas / EL TIEMPO.

Mientras el aroma del tinto que prepara se apodera del lugar, habla con propiedad de lo que cambió por completo su vida y la convirtió en ejemplo de perdón y reconciliación, además de una muestra de que cuando se quiere se puede.

Conoció un programa lanzado por L’Óréal Colombia en el que fue seleccionada para participar y poder garantizarle el aprendizaje de conceptos de belleza, que más adelante se convertirían en el sustento suyo y de su familia.

Asistía a clases para capacitarse mientras sus hijos estudiaban en jornada de la mañana. Para esa época habitaban en dos piezas del sur de la ciudad, no propiamente espacios tan cómodos como los que disponen en la actualidad.

Después de haber atravesado duras crisis y de enfrentarse con la realidad de la violencia, su dedicación, amor por sus hijos y apoyo de quienes le vieron el talento y las ganas de seguir hacia adelante, Fanny empezaba a recoger los frutos de su esfuerzo.

A la par que su clientela crecía, experimentaba una bonanza económica que le permitieron mudarse a su actual casa, dedicarles más tiempo a sus hijos y lo que fue la mejor noticia de su vida, crear su salón de belleza en el segundo piso de la casa donde vive en arriendo.

L’Óréal Colombia la dotó con muebles, una silla blanca de peluquería, una mesa para manicure y un par de espejos.

Con su casa arreglada y su salón listo, Fanny fue dejando atrás los recuerdos de la violencia por los que tuvo que abandonar su hogar en el Tolima.

“Lo que más me gusta de lo que hago es que puedo inspirarme y conocer más historias de vida para poder ayudar a la gente, así como algún día alguien lo hizo conmigo”, afirma Fanny.

Siente que debido a todo lo que le pasó adquirió una disciplina en el estudio que hasta sus hijos envidian y es por eso que no descarta la posibilidad de seguir preparándose para alcanzar un título como profesional en Belleza, en el Sena.

Lleva un año con el salón, en el que atiende a puerta cerrada y con cita previa, donde recibe a hombres, mujeres y niños sin ningún inconveniente, y a pesar de que la han contactado para que trabaje en otros salones de belleza más amplios y con mayor clientela, ella se niega por no dejar a sus hijos solos y porque quiere seguir formando su sueño sola, tener un espacio más grande en una zona comercial, además de tener su propia casa.

En su trabajo diariamente puede ganar 50.000 pesos, sustento que le sirve para enviar a dos de sus niños al colegio y al mayor a estudiar en el Sena. No obstante sostiene que los domingos puede ganar entre 100.000 y 200.000 pesos.

Por ahora ella quiere seguir con su trabajo del que se siente orgullosa y dedicándole tiempo a las 15 personas a las que les dicta clases de manicure los sábados en la mañana en el centro de Bogotá. Con el tiempo busca “no solo ayudar a las mujeres desplazadas, sino a mujeres en general que necesitan ayuda”.

Viendo la evolución que Fanny obtuvo gracias a su esfuerzo, talento y constancia ella afirma que “sí es posible salir adelante. Lo único que las personas necesitan es encontrar una motivación, no quedarse en el facilismo y no esperar todo regalado. Hay formas de ganarse el dinero”.​

ANA GONZÁLEZ
ELTIEMPO.COM

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.