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Editorial: Qué esperar de la Cumbre

Editorial: Qué esperar de la Cumbre

Si prima la sensatez y se genera diálogo constructivo, de la cita quedará algo más que una foto.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
08 de abril 2015 , 08:41 p. m.

Para sus críticos se trata de una reunión igual a las de siempre, en las que realmente no pasa nada, fuera de unas cuantas fotos y comunicados oficiales llenos de lugares comunes. Para sus defensores, es una cita histórica en la que por primera vez van a estar bajo un mismo techo los líderes de las 35 naciones que integran el continente.

Por contradictorio que parezca, ambas visiones tienen algo de razón. Y es que la Cumbre de las Américas que comienza mañana en Panamá es, a la vez, un encuentro predecible y novedoso. En primer lugar, hay un libreto establecido que lleva meses negociándose entre las diversas cancillerías, que son las que llevan la batuta de la agenda temática. De esa labor se desprenderán una declaración conjunta y un plan de acción, que probablemente acabará siendo letra muerta.

Aunque no siempre fue así. En la primera cita, que tuvo lugar en Miami en 1994, se lanzó la idea del Área de Libre Comercio de las Américas, que llegó a tomar vuelo, hasta que naufragó años después en Mar del Plata. A principios de siglo, en Quebec, se pusieron las bases de la que sería la Carta Democrática Interamericana aprobada en el seno de la OEA en el 2001.

Sin embargo, la polarización en el hemisferio, alentada inicialmente por Hugo Chávez con el concurso de otros países y dirigida en contra de Estados Unidos, ha hecho que el espacio para el diálogo constructivo sea muy estrecho. Hoy por hoy, dicha confrontación tiene un volumen alto, que impide oír a las voces moderadas.

De hecho, en Panamá existe el peligro de que el asunto de Venezuela se vuelva factor de división. Las medidas tomadas hace poco por la Casa Blanca empeoraron las relaciones ya deterioradas con el régimen de Nicolás Maduro, quien ha usado el episodio tanto para justificar el deterioro de la situación interna como para conseguir mensajes de respaldo en el continente.

Falta ver si la presencia de un enviado del Departamento de Estado a Caracas sirve para limar las asperezas antes de la Cumbre, pero es indudable que la temperatura está alta. Y esa evolución es importante porque influye sobre un hecho que solo puede calificarse de positivo: la presencia de Cuba.

Es bien conocido que Barack Obama y Raúl Castro decidieron hace pocos meses emprender una senda de normalización de relaciones. El camino es largo y los primeros pasos empiezan a darse, pero la distensión es significativa y les abre espacio a escenarios posibles, como el de una transición ordenada hacia una democracia funcional en la isla.

Por ahora, no obstante, el que los cubanos tengan un lugar en la mesa es más simbólico que nada. Aun así, envía el poderoso mensaje de que el diálogo es el camino adecuado. Mensaje que, por cierto, será llevado por Colombia, que informará sobre la marcha de las conversaciones con las Farc. Sin duda, la posibilidad de consolidar la paz es una buena noticia para un hemisferio que está dividido y necesita unirse.

Por tal motivo, hay que hacer votos para que prime la sensatez y en el istmo haya espacio para el diálogo constructivo. Si es así, tanto gasto y tanto esfuerzo como el que está haciendo el Gobierno panameño para ser un buen anfitrión habrán valido la pena.

EDITORIAL

editorial@eltiempo.com
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