Las mulas muertas de la paz

Las mulas muertas de la paz

En un país serio, la extralimitación de funciones del Procurador merecería una investigación.

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08 de abril 2015 , 06:18 p.m.

Algo de razón tienen los uribistas cuando cuestionan, por ejemplo, que del 2010 al 2014, según cifras del mismo Ministerio de Defensa, la extorsión haya aumentado un increíble 232 por ciento, aunque luego omiten mencionar que desde el cese unilateral del fuego de las Farc la disminución de la violencia en las regiones ha sido sustancial. Y lo callan porque de lo que se trata es de apostarse como mulas muertas en el camino de la paz, de esperar el fracaso de las negociaciones para reclamar los correspondientes réditos electorales. No importa que un día cuestionen la dilación de la mesa de conversaciones y al otro, como si sufrieran de amnesia, propongan la prolongación de las negociaciones.

Porque lo que habita en ellos son las proféticas palabras que el general Bolívar pronunció en el crepúsculo de su vida al advertir que “cada colombiano es un país enemigo” y “todas las ideas que se les ocurren a los colombianos son para dividir”. Casi 200 años después seguimos en las mismas, y aun peor. Ahora se trata además de hacer gavilla con otras mulas muertas que acuden a la permanente extralimitación de funciones en una de las más altas dignidades del Estado, revestida de aparente legalismo y con amplificación en los medios de comunicación, para sembrar cizaña, para hacer política con la paz y explotarla, como le ocurre a Alejandro Ordóñez desde la Procuraduría.

Piensa erróneamente que por opinar a destajo sobre el proceso de paz, por aparecer casi hasta en la sopa, los colombianos lo van a aupar como un serio candidato presidencial en el 2018. Se equivoca de cabo a rabo Ordóñez. Más posibilidades tenían las ganas presidenciales de Edgardo Maya cuando le endulzaron la idea mientras ejercía el Ministerio Público.

Se vale el Procurador de un decreto de reorganización de la entidad, como fue el 262 de 2000, en el que se le adicionó la función de “propiciar la búsqueda de soluciones a conflictos sociales y políticos”, que en todo caso a renglón seguido reza que “cuando sea necesario”, para decir que hace uso de facultades constitucionales. No dice el mencionado decreto que es legal que el Procurador haga ‘lobby’ en los congresos de otros países. Ni que es válido hacerlo a contracorriente de la función, esa sí fundamental, del presidente de buscar la paz, o inmiscuirse en asuntos de exclusivo resorte presidencial con cartas en las que señala que “genera desconfianza entre la Fuerza Pública y ciudadanía que cuando se negocia justicia frente a las Farc se excluya, con justificación insuficiente, a los altos oficiales de las conversaciones”.

Pero en su afán de protagonismo, el Procurador comete tantos yerros y desafueros que en un país con instituciones sólidas hace rato que tendría una investigación en la Corte Suprema de Justicia. Olvida además Ordóñez que en cualquier negociación de paz son normales las desavenencias entre los negociadores, como las que se han presentado entre Sergio Jaramillo y el general Jorge Enrique Mora, y se equivoca porque cuando pretenda ser candidato presidencial su catilinaria habrá sido olvidada y el país estará ávido de temas distintos a los de la paz y la guerra.

Pero las mulas muertas en el camino de la paz son también los amigos del Procurador y el uribismo, como Acore, la agremiación de oficiales en retiro de las Fuerzas Militares que debe propender por el bienestar de sus asociados. En contravía de sus propios estatutos, y de la mano de su presidente, el brigadier general (r) Jaime Ruiz Barrera, se dedicó a hacer política con la paz. Un oficial que, según mis fuentes, pidió su baja del Ejército cuando se vio sin más posibilidades en la institución, pero que utilizó el argumento espurio de manifestarse en desacuerdo con las negociaciones de paz con el M-19 que adelantaba el gobierno de la época.

Mulas muertas que no siempre actúan como tales, y que cuando quieren abren un ojo y proponen una ‘puerta de escape’, para evitarse una grotesca voltereta, y cuando ven que las negociaciones pueden tener éxito. ‘Puertas de escape’ como el Pacto por la Paz del Procurador, a las que sectores dizque progresistas se prestan para hacerle el juego. Adobado con declaraciones como que el proceso de paz hay que blindarlo o que los integrantes de la Fuerza Pública le deben obediencia y lealtad a su Comandante en Jefe. Porque no importa la paz, no importa la legalidad; lo que importa es el protagonismo para una candidatura presidencial, por fortuna sin pies ni cabeza.


John Mario González

@johnmario

 

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