Gloria Castro habla de Incolballet, 'sin resentimientos'

Gloria Castro habla de Incolballet, 'sin resentimientos'

La bailarina prepara el noveno Festival Internacional de Ballet.

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07 de abril 2015 , 10:56 p.m.

Apareció en el escenario con el torso desnudo y con los brazos muy abiertos, como si quisiera ‘devorarse’ a los 18.000 asistentes que colmaban esa noche la plaza de toros de Cali para verlo, mientras sus pies apenas tocaban el piso. De pronto, Óscar Chacón, primera figura del Béjart de Suiza, tomó en sus brazos a Gloria Castro, su antigua maestra de ballet, y comenzó a correr con ella por todo el redondel, mientras el público de pie los aplaudía.

Ocurrió hace un año, durante el octavo Festival Internacional de Ballet. No podía imaginar entonces que sus días al frente de Incolballet, la institución que creó hace 37 años, estaban contados.

El 14 de octubre del 2014, el Juzgado 17 de descongestión administrativa de Cali ordenó su retiro, el argumento legal fueron sus 65 años, edad que en Colombia obliga al retiro forzoso en cargos administrativos.
Una exalumna interpuso la demanda.

“Dolió”, dijo. “Pero sin rencores”, agregó después.

Ya no dirige Incolballet. No pudo apartarse del noveno festival porque, mucho antes de que se conociera el fallo judicial, ella ya trabajaba en su organización. Pero, para poder estar cerca de sus bailarines y no dejarlos solos con esta cita anual, tuvo que gestionar un permiso legal.

La maestra rompió su silencio, inquieta por la suerte de Incolballet, el instituto donde la población menos favorecida de Cali no solo recibe la educación tradicional, sino que se forma en el mundo de la danza clásica. Ahí se formaron Óscar Chacón, Fernando Montaño, del Royal Ballet; Juan Manuel Ghiso, del Ballet de Santiago, y el coreógrafo Roberto Zamorano, quien trabaja con la Compañía Aterballetto de Italia, todos preocupados hoy por la suerte de su maestra.

Castro siempre pensó que al frente de Incolballet quedaría alguno de sus antiguos bailarines. “Son los legítimos herederos”.

Por ahora, la organización del festival ha hecho que sonría de nuevo. No es para menos. Esta vez, los 18.000 espectadores de la plaza de toros de Cali verán este 7 de junio, en la noche de inauguración, a la gitana Carmen, con la primera figura del Ballet Nacional de Cuba. No se sabe si será el último contacto de la maestra con sus bailarines, porque Consuelo Bravo fue nombrada en días pasados nueva directora en Incolballet.

“Este año viene la Compañía de Danza Aérea de Argentina, tango aéreo; creo que el público lo va a disfrutar muchísimo. También decidimos volver a traer a Danza Contemporánea, de Cuba; viene la compañía holandesa Samadhi, cuyos integrantes son de origen hindú; traemos el Ballet Nacional de Cuba. Le dije a Viengsay Valdés, que es una superestrella, una de las más grandes bailarinas del mundo de la danza: ‘usted que es tan generosa, por qué para la plaza de toros no hacemos una suite de Carmen’. Creo que va a ser sensacional”.

“ ‘Yo necesito estar al lado suyo para apoyarla en estos momentos’, me contestó”, cuenta la maestra, en la tranquilidad de su casa campestre.

“Para la Compañía Colombiana de Ballet, la anfitriona, desde el año pasado había acordado con Anabel López Ochoa, la coreógrafa escogida para este año, hacer un ballet sobre la música del Pacífico: Bimbo Ritmo Ostinatu. La otra obra es la de Roberto Zamorano, Retratos caminantes. Estoy muy orgullosa porque es un muchacho extraordinario, se transformó en un ser maravilloso”.

¿Qué concepto manejará el festival este año?

El festival es un encuentro fraternal de la danza, porque viene esa juventud de todas partes del mundo que habla distintos idiomas y con la que nos entendemos en un solo lenguaje, la danza. Hay que reconocer que Colombia se ha hecho visible ante el mundo internacional de la danza a través del festival y de Incolballet.

Para todos los artistas que vienen y les toca participar en la apertura de la plaza es una cosa inolvidable, porque entrar a bailar ante 18.000 personas es sobrecogedor y, al mismo tiempo, un reto artístico.

Este año va a estar basado en la alegría, y como es el noveno abriremos el evento con la Novena Sinfonía de Beethoven.

¿Por qué este proyecto piloto de Incolballet no se reprodujo?

Es muy difícil. Formar profesionales implica procesos muy largos. Incolballet tiene 37 años y la gente piensa que ya se ha hecho todo, y no.

Incolballet es como un bebé que comienza ahora a tener un poquito más de estabilidad, que comienza a pararse; entonces, tener la visión de la formación profesional no es tan fácil. La exigencia, el rigor y la calidad no surgen espontáneamente; la calidad es un trabajo intelectual fuerte, de persistencia, de mantenerse en la ruta sin dejarse desviar.

Y también es costoso. Incolballet ha sido posible porque la Gobernación del Valle lo ha financiado durante todos estos años; también la Secretaría de Educación del municipio, que paga los maestros de la formación. Es una estructura muy difícil de reproducir.

¿Por qué el país no le apostó a este modelo?

Porque son modelos que requieren de muchos años para ver los resultados. Cuando llegan las personas que se hacen responsables de los actos culturales quieren hacer cosas que ellos puedan mostrar y decir: esto es lo que hice, y para enraizar algo hay que tener paciencia. El arte en nuestro país todavía no tiene esos desarrollos. La danza, en los últimos años, se ha desarrollado bastante, pero creo que hacen falta muchos sitios de formación profesional.

¿Fue cuando regresó de Europa que concibió la idea de hacer Incolballet?

Cuando uno está fuera comienza a pensar en el país, a decir: un día voy a regresar, un día yo voy a hacer. Pero no llegué a Colombia con el objetivo de quedarme, sino por unas vacaciones; pero cuando te dicen quédese, a uno se le pone chiquito el corazón y piensa: me quedo y qué, si aquí no hay nada. Al final dije sí, pero puse una condición: ir estructurando una cuestión preprofesional. Sabía que al quedarme mataba la bailarina, y eso sí era un gran dolor; retirarte es mucho dolor.

¿Se arrepiente de haber matado a la bailarina?

Hoy día no. Al principio lloré mucho porque no bailaba, pero después aprendí a bailar en el cuerpo de los bailarines, y me parece que valió la pena matar esta bailarina para que surgieran muchos bailarines y mucho mejores que yo.

Como los gremlins, pero de los buenos (risas). Cuando yo me quedé, en el país la danza clásica no tenía ninguna tradición; estaba más ubicada en tener una buena figura y buenas maneras, y los hombres estaban excluidos. Era un verdadero reto. A veces, las crisis son buenas; por eso te obligan a empujar o te derrotan.

¿Cómo recibió la sociedad caleña esa propuesta de que los estratos populares se acercaran a la danza clásica?

Mucha gente no entendió el proyecto, mucha gente lo vio casi como un enemigo y lo combatieron siempre, pero se pudo. Una vez uno se monta en un proyecto hay que persistir.

¿Esos enemigos se mantuvieron a lo largo del proyecto?

Sí, y creo que ahora que no estoy estarán más relajados.

¿Quién no quiere a Gloria Castro?

Mucha gente (risas). Hay madres, por ejemplo, que sueñan que sus hijas nacieron para la danza, pero resulta que la danza profesional exige un biotipo, unas condiciones físicas. La danza es una carrera de iniciación precoz, y eso no lo entiende mucha gente. El arte de la danza da disciplina, fuerza de voluntad, desarrolla espíritu de batalla, de persistencia; uno se vuelve una persona con valores muy fuertes.

¿Le molesta que al hablar de usted el referente sea ‘Barrio-Ballet’?

Fue una obra que impactó mucho. Por primera vez la gente vio la transformación de un elemento. La gente piensa que eso es muy fácil de hacer, y esa es una de las tareas del ballet, que por complicada que sea una cosa, quien lo vea diga ¡qué maravilla, qué ganas de hacerlo! Por eso resultaron tantas imitaciones de Barrio-Ballet.

¿Seguirá al frente del festival?

No sabemos, nada está definido.

¿Alguna vez se le pasó por la cabeza que la sacarían?

Siempre pensé que un día iba a pasar algo. Mi mamá siempre me lo dijo. Cuando decidí quedarme en Colombia, mi mamá y toda mi familia vivían fuera del país; estaba preocupada porque me quedaba sola. “Yo ya inicié este trabajo, no me veo en otra parte en estos momentos”, le contesté. Mi mamá me decía: un día te va a pasar lo de Antonio María Valencia (el compositor que fundó el Conservatorio de Cali), que le dieron la patada y lo sacaron. Creo que la historia del arte, de la danza, está llena de esas situaciones en que los creadores tuvieron circunstancias similares, donde las personas, los alumnos que los rodearon ya no los entendieron en sus discursos y tuvieron que marcharse a otro lado a comenzar de nuevo. Siempre me he preparado para la ingratitud.

¿La dejaron sola?

Yo digo que sí y no. Porque, por ejemplo, los bailarines han creado un grupo internacional, pues están supremamente angustiados con esta situación. Juan Pablo Trujillo, un muchacho que salió de aquí, se ha venido de Estados Unidos, como representante de todos ellos, para ver in situ cómo es esta cosa, y están dispuestos a defender la institución. Es un muchacho que salió, como todos, de las bases populares y tiene una escuela exitosa en Kansas. Entonces, sola y no sola, he contado con el apoyo extraordinario de mi marido, de mi familia, de los amigos, de mucha gente de Cali que no ha terminado de aceptar esto.

¿La Gobernación del Valle al final la dejó sola?

Ahora, la lucha es tratar de que no politicen a Incolballet y lo conviertan en un fortín político, y este año que es de elecciones. El gobernador Ubéimar Delgado, en un principio, salió a decir que iba a hacer todo para que yo me quedara, pero después nombraron a otra persona en la dirección.

¿Piensa en regresar, en presidir al menos la junta directiva?

En realidad, mi ambición en estos momentos no es regresar a Incolballet. En estos momentos hay una situación difícil; con todo esto ha surgido la idea de que yo, para poder entrar a Incolballet, necesito de una cuestión legal.

Ahora se necesita de un documento que legalice mi permanencia durante el festival, porque hay que trabajar con los bailarines, hay que hacer reuniones. Pero tú creaste esa institución. ¿Entonces eso no significa? Esas cosas duelen en el momento, pero después dices, bueno, no tengo ninguna autoridad, ni poder, todo mi respaldo es moral. Yo le dejo al país unas obras, una escuela con tres programas: ballet clásico, danza nacional y gestores culturales. Queda una compañía muy bella y un festival con ocho versiones exitosas; son realizaciones que le dejo al país que antes no tenía.

¿Ha vuelto a pisar la escuela?

En noviembre y diciembre había problemas con la temporada y con Cascanueces. Ayudé y ahí terminó; no he vuelto, y como ahora se dice que se necesita de un documento legal para que yo pueda entrar, estoy esperándolo.

¿Qué le están cobrando a Gloria Castro?

El rigor; muchas personas se resintieron con este trabajo. No sé, no sé... Pero sí hay un ambiente muy adverso.

GLORIA INÉS ARIAS
Corresponsal de EL TIEMPO

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