El escritor y sus enfermedades

El escritor y sus enfermedades

En el sentido literario los escritores gozan de buena salud; como humanos son frágiles y vulnerables

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07 de abril 2015 , 06:18 p.m.

Como los médicos, los escritores también se enferman. De todos es conocida la epilepsia de Fiódor Dostoyevski, la esquizofrenia de Antonin Artaud y la ceguera en Jorge Luis Borges. Esto, sin contar a los alcohólicos y drogadictos, como Edgar Allan Poe y William Burroughs, quienes, a pesar de sus adicciones o debido a ellas, continuaron sosteniendo una escritura vigorosa que enriqueció la literatura.

Como ustedes saben, no soy médico ni quiero fungir aquí como el doctor Rodolfo Llinás de la literatura, pero debo decirles que apenas tuve noticias de la enfermedad de nuestro escritor Óscar Collazos sentí una aflicción profunda que me ha llevado a hacerme algunas preguntas sobre la vida y la muerte.

Sabemos cómo y dónde nacemos, pero ignoramos cómo y cuándo vamos a morir. A pesar de los grandes avances de la ciencia, la muerte es una dama secreta e inescrutable, que siempre está presente en nuestras vidas y que al final triunfa sobre nuestra existencia.

Sé que esta no es la situación del autor de Son de máquina que mi generación leyó en los años sesenta. Mis amigos, que lo han visitado en el barrio Crespo de Cartagena, donde vive con su mujer, cuentan que debido a esta enfermedad que afecta las neuronas motoras (la esclerosis lateral amiotrófica) ahora habla con dificultad y últimamente lo hace a través de un programa que su hija descargó en su computador.

Óscar ya no solo escribe lo que piensa sino que escribe lo que habla. Su enfermedad le ha desarrollado una especie de ‘literatosis’, que es una patología muy común entre los escritores. El español Enrique Vila-Matas la describió con maestría en su novela El mal de Montano.

Lo que me interesa destacar aquí es que pesar de la adversidad, el autor de Tierra quemada mantiene su mente lúcida, y continúa escribiendo y sosteniendo sus columnas en El Tiempo y El Universal.

Esta información de él me reconforta. Podemos perder partes de nuestro cuerpo: el corazón, el hígado, los riñones (los trasplantes están de moda), pero mientras no perdamos la lucidez del cerebro, estamos salvados.

En mis conferencias siempre he dicho que la literatura hispanoamericana goza de buena salud. Ahora que veo a mi viejo amigo Óscar dependiendo de la ciencia médica y de un computador, debo cambiar de opinión.

En el sentido estrictamente literario, los escritores gozamos de buena salud; pero a nivel humano, somos frágiles y vulnerables, como cualquier mortal que habita el planeta tierra.

El poeta Juan Manuel Roca, en su barrio La Soledad, de Bogotá, sufre de gota; el narrador Germán Cuervo padece de asma; el escritor y periodista Juan José Hoyos adolece de insomnio crónico, y el poeta Narciso Javier Otálora sufre de ‘vanititis’ aguda (esto último lo confirman las redes sociales).

El buen escritor sabe que sano o enfermo, abstemio o alcohólico, lúcido o desquiciado, debe continuar escribiendo, y seguir el ejemplo de Collazos.

¡Salud, Óscar!


Fabio Martínez
www.fabiomartinezescritor.com/

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