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Nubarrones sobre la Cumbre de las Américas

Nubarrones sobre la Cumbre de las Américas

¿Qué podemos y no podemos esperar de la VII Cumbre que esta semana se reunirá en Panamá?

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de abril 2015 , 02:17 p. m.

Recuento sobre las ocho cumbres que muestran 21 años de historia en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina y que permite ver con claridad qué podemos -y no podemos­- esperar de la VII Cumbre que esta semana se reunirá en Panamá.

Discursos gloriosos, realidades modestas

Antes que el título de una agenda, la VII Cumbre de las Américas que tendrá lugar en Panamá del 10 al 11 de abril, propone un eslogan propagandístico: '​Prosperidad con equidad: el desafío de cooperación de las Américas'.

La primera cumbre celebrada en Miami, que tuvo como anfitrión al presidente Bill Clinton, también se fijó altos propósitos: prosperidad, eso sí vinculada con la apertura de los mercados, y promoción de la democracia contra sus enemigos encabezados por Cuba.

Un balance de conjunto sobre las ocho cumbres pasadas (incluyendo las dos de carácter extraordinario) concluiría que es muy modesta la lista de logros convertidos en realidades en los países de América Latina, pero que cada una de las cumbres ha implicado grandes movilizaciones internacionales: 34 jefes de Estado y de gobierno de los países miembros de la OEA, organizaciones continentales, sectores empresariales y financieros, representantes de los medios sociales.

Un prisma de observación

Las cumbres de las Américas son hitos que permiten seguir el curso cambiante de la hegemonía de Estados Unidos en el hemisferio y que a su vez reflejan, de manera aproximada, los problemas de esa hegemonía en el plano mundial. Igualmente, las cumbres permiten establecer las tendencias políticas de los países de América Latina y el Caribe durante dos decenios largos: 1994 ­- 2015.

Estados Unidos llegó flotando en aires de victoria a la primera cumbre de Miami en 1994. Entre 1989 y 1991 había colapsado el socialismo en Europa, y Estados Unidos reclamaba el trofeo de vencedor en la Guerra Fría. Parecía llegado el momento de su hegemonía mundial exclusiva. Fue en 1989 cuando el economista John Williamson ideó la expresión “Consenso de Washington”, que consagró como dogma la plataforma neoliberal que debían acoger, y que al comienzo en buena parte acogieron los países en desarrollo. Ese “consenso” lo era de tres centros de poder: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y las instancias económicas del gobierno de Estados Unidos.

Lea el artículo completo en este enlace de RAZÓN PÚBLICA

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