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La historia de Carlos López, el obsesivo que incineró a su novia

La historia de Carlos López, el obsesivo que incineró a su novia

Tenía una anotación por violencia intrafamiliar y otra por inasistencia alimentaria.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
04 de abril 2015 , 08:06 p. m.

La familia de Ángela Johana Rodríguez Sánchez, la mujer incinerada viva hace 11 días en Villavicencio, ha empezado a descubrir poco a poco la verdadera personalidad de Carlos Humberto López González, su verdugo.

Durante varios años, creyeron que se trataba de un ingeniero de petróleos, al servicio de la estatal Ecopetrol, que justificaba sus largas ausencias en el hecho de que permanecía durante semanas en los campos petroleros de Cusiana, Cupiagua, Capachos, Apiay, Castilla y Chichimea.

También pensaban que estaba pidiendo ayuda a su EPS por un problema anímico, derivado de su obsesión por Ángela, a quien había conocido en el 2010.

Ese año, ella misma lo asesoró para adquirir el Chevrolet Cruze color plata, que López atravesó en el anillo vial de Villavicencio para obligarla a frenar su carro e incinerarse con ella vaciándose gasolina.

Pero, tras la tragedia, han ido surgiendo detalles claves sobre la personalidad de López. EL TIEMPO estableció que figura en los archivos de la Fiscalía con una anotación por violencia intrafamiliar y otra por inasistencia alimentaria.

Además, no tenía título de ingeniero y tampoco estaba planeando una reconciliación –como le quería hacer creer a Ángela–, sino una desgracia. (Lea: Editorial: Un reconocimiento esperado)

“Entre 1998 y el 2001, estudió Mecánica Industrial en el Sena y tomó cursos sobre manejo de explosivos sísmicos, operación de guayas y manejo defensivo de vehículos pesados”, dice un investigador judicial.

Y agrega que el hombre, de 48 años, debía estar planeando el ataque desde hacía varios días.

Para que nadie sospechara, le dijo a la familia de Ángela, de 29 años, que le había hecho un video y escrito una carta de amor para reconquistarla.

“Además, acababa de rentar una casa y había pagado dos meses por anticipado para pedirle que volvieran a vivir juntos, tras una separación de tres meses”, dice la fuente judicial.

Para lograr que ella accediera a verlo, le aseguró a sus hermanas que le había comprado un bolso y una billetera de marca para celebrarle su cumpleaños, el 30 marzo. Y si bien cargaba los cuatro elementos dentro del carro, también tenía la bolsa con gasolina.

Según la familia de Ángela, ella no quería volver con López porque la celaba y se estaba tornando agresivo y obsesivo. Incluso, aseguran que allegados a López le suplicaron que buscara ayuda. (Lea: La historia del primer asesinato que la Corte declaró como feminicidio)

“En una ocasión, intentó llevársela por la fuerza y amenazó con lanzarse de un puente cuando Ángela le dijo que se iba para Ibagué de paseo. En un solo día le podía hacer 20 llamadas para saber dónde estaba”, dice un familiar de la víctima, presente en la misa que la empresa Chevyplan, donde ella trabajaba, le ofreció el miércoles.

La otra cara

Sin embargo, allegados a López describen a otro sujeto. Jorge López Martínez, supervisor de mantenimiento de una reconocida petrolera, escribió en su perfil que era “cumplidor de su trabajo, echado 'pa’lante' e inteligente”. Y sus primos lo recuerdan como “un gran hijo, hermano, padre, tío y amigo”.

Él mismo se autodescribía como “una persona responsable, leal y creativa (…) con buen manejo de relaciones interpersonales, facilidad para trabajar en equipo en condiciones de alta presión, así como para resolver problemas eficientemente”.

Compañeros en Due Capital and Services, donde laboraba como operador especialista en grúas eléctricas, confirman ese perfil.

“Era un buen hombre, acá le hicimos un homenaje y los directivos hasta le sacaron aviso fúnebre en el periódico. Lo más tenaz es que salió al lado del aviso de condolencias que puso la empresa en donde trabajaba Ángela”, dijo un empleado de esa compañía.

En el aviso, las directivas de la empresa le extienden un sentido pésame a Amelia González, madre de López; a sus tres hermanos, y a los hijos de su operario, de 19, 13 y 6 años de edad.

A varios de sus allegados les parece increíble que sea la misma persona que gritaba: ¡Déjenla morir!, mientras veía cómo su novia se quemaba viva.

Por el contrario, la víctima, recordada como excelente hija y una profesional ejemplar, mientras agonizaba pidió que no se tomaran represalias contra López, que para ese momento ya estaba muerto por las quemaduras que tuvo en el 95 por ciento de su cuerpo.

El carro de López (der.) impidió el paso del auto de Ángela (izq.) el cual abordó y prendió en llamas.

El carro de López (der.) impidió el paso del auto de Ángela (izq.) el cual abordó y prendió en llamas. Foto: Archivo / EL TIEMPO

La agonía de Ángela Rodríguez

El miércoles 25 de marzo, a las 6:15 a. m., Carlos López alcanzó a Ángela en la calle 1.ª con carrera 34, en Villavicencio, y la obligó a frenar su vehículo. Según contó ella, le gritó que le tenía una sorpresa, subió al carro y le echó la gasolina. Ella logró soltar el cinturón de seguridad y pidió ayuda. Posteriormente, la llevaron a la clínica Saludcoop de Villavicencio y, luego, fue remitida, vía aérea, a Bogotá. Cuando llegó, sufrió un paro cardiaco. Luego de reanimarla, llegó a la clínica Colombia en donde el paro se repitió. Tras una segunda reanimación, llegó al Simón Bolívar. Ya tenía falla renal y hepática, y su espalda, tórax, cuello y extremidades (40 % del cuerpo) estaban quemados. Tuvo una falla multisistémica y murió.

Cuidado con las alertas

Las personas celosas, obsesivas o agresivas que muestran estas actitudes de manera repetida, (así sean leves) representan un riesgo que se debe identificar desde el comienzo. Clínicamente está probado que no cambian, sino que tienden a empeorar. Si usted es víctima, tenga en cuenta que no se trata de comportamientos normales, así se registren episodios en los que parecen reflexionar y entrar en etapas de arrepentimiento.

En esos momentos, prometen corregir comportamientos, pero generalmente recaen y los patrones de conducta suelen intensificarse. Estas personas fabrican su propia realidad, mienten con frecuencia y ocultan comportamientos. De hecho, se activan con cualquier estímulo. Puede identificar una llegada tarde, un silencio prolongado, un olor, como una agresión que le genera reacciones irracionales e irreflexivas.

Médicamente, no tienen el control de la corteza cerebral. Hay que identificar estos factores de riesgo y la víctima debe entender que está frente a una persona que requiere ayuda médica. En caso de que la persona se niegue a recibir ayuda, la mejor decisión es tomar distancia. Cuando se registran agresiones físicas o psicológicas severas también se debe acudir a las autoridades. Las denuncias las reciben la Fiscalía, las comisarías de familia y la Policía. Tenga en cuenta que en las denuncias por estas conductas no hay retractación ni conciliación. La Fiscalía también deberá determinar si ordena que la víctima reciba protección y asistencia social.

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u.investigativa@eltiempo.com

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