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El trasegar de Sergio Cabrera / Opinión

El trasegar de Sergio Cabrera / Opinión

La nueva cinta del colombiano explora el pasado de una Cuba que ya mira hacia el futuro.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
04 de abril 2015 , 06:38 p. m.

Días antes de su estreno nacional, el séptimo largometraje de tan persistente realizador merece la revisión de una obra intervenida siempre en movimiento. Pues primero fue Técnicas de duelo: una cuestión de honor (1989), en la Barichara del Frente Nacional y, seis años después, la secuela Águilas no cazan moscas trasladada a Bogotá con un porcentaje significativo de tomas anteriores. La estrategia del caracol, o la disputa solidaria por un techo propio, precedió a Golpe de estadio, que se adelantó al acuerdo pacífico entre guerrilleros y militares el día de una legendaria faena futbolística. Mientras Illona llega con la lluvia es una correcta adaptación del aventurerismo marítimo del escritor Álvaro Mutis, Perder es cuestión de método incursionó en el detectivismo capitalino y oscuro según Santiago Gamboa.

Ahora recrea con evidente desenvoltura un drama familiar y humano enmarcado en cierta disyuntiva política del autoritarismo y la libertad. Trasladándose a la Cuba de 1980, antes de zarpar, del puerto de Mariel hacia Miami, miles de ciudadanos abrumados por los resultados de la Revolución, Cabrera expone las consecuencias de un divorcio y maltratos intrafamiliares derivados del forcejeo por la custodia de una inocente criatura. A partir de la novela homónima no publicada en su país de la habanera Wendy Guerra, un padre dogmático y alcoholizado pretende imponer la disciplina férrea de su partido enfrentada al espíritu libertario de una madre artista en trance de partir.

Más allá de las minucias de su eje narrativo hay dos aciertos fundamentales en su producción: trasladar quizás por falta de permisos el litoral cubano a nuestra costa caribeña y escoger un elenco mayoritario de actores o debutantes de tal nacionalidad. Si Confesión a Laura (Jaime Osorio 1990) ambientaba correctamente desde La Habana el céntrico barrio de Las Nieves en medio de ‘el bogotazo’, Ciénaga y Santa Marta buscaron acoplarse al Cienfuegos de aquel entonces.

El resultado final de tonalidades dramáticas se acopla al depurado estilo naturalista que refleja las intimidades, el vacío, los castigos y la desesperación por abandonar la isla e irse a cualquier otra parte. Evoca, por supuesto, el cine oficial pero autocrítico del maestro Tomás Gutiérrez Alea (Titón) y de su pupilo comediante Juan Carlos Tabío; también, el musical en crisis Habana Blues, del sevillano Benito Zambrano, por cuanto una banda urbana se desintegra frente a las tentaciones brindadas por Miami y Madrid.

MAURICIO LAURENS
Para EL TIEMPO
maulaurens@yahoo.es

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