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El diablo anda suelto

El diablo anda suelto

Necesitamos la paz. Nos está cargando el diablo en su lomo, y somos tan salados que nos deja caer.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
03 de abril 2015 , 09:16 p. m.

Antes de leer esta columna, favor santiguarse, no sea el diablo. Y es que el mandingas, Lucifer, Sata, Belial, el patas, Belcebú, el pu... –no digo, porque estamos en Semana Santa– parece estar de vuelta.

“Un diablo se cayó al agua y otro diablo lo sacó, y otro diablo que pasaba dijo ‘qué diablos pasó...’ ”, canta en un ‘versículo’ el genial Jorge Velosa, con cuya carranga se goza de Pekín a Barbosa. Falta hacerle un homenaje nacional a este músico inmenso, extraordinario compositor, que está dejando un legado histórico. No sé por qué diablos no se le ha hecho.

La crucifixión de Jesús es el triunfo sobre el mal, sobre Satán (que quiere decir ‘adversario’). De eso dan fe Isaías y Juan Pa. O sea, Juan y Pablo, en las Sagradas Escrituras. Sin embargo, Dios me perdone, pero a veces el colérico, como lo califica Pablo, se escapa del profundo infierno para decir “ustedes no saben quién soy yo” y causar sus infernales tragedias.

Por ejemplo, cómo es que Cristopher Chávez, el ‘Desalmado’, quien dice que fue poseído por una fuerza sobrenatural, fue capaz de asesinar a los cuatro niños Vanegas Grimaldo, cerca de Florencia (Caquetá). Un crimen tan brutal y miserable que jamás será suficientemente lamentado.

Hubo capturas. Pero, como el diablo anda suelto, llegó con rayos y centellas –por eso se llama Lucifer, que quiere decir ‘luz y ferocidad’– y causó un apagón en la cárcel Las Heliconias –una de las flores de las musas– para que se abrieran las puertas y, como por arte de mafia, apareciera un cortafrío para abrir las rejas. Y aquí viene una frase que hará carrera: “El Inpec no tiene nada que ver”. Y es que nunca ven nada.

Menos mal la Policía se había encomendado al Altísimo y Él envió una señal satelital, cuando Chávez llamó a una musa para que lo recogiera y la Policía logró ubicarlo. Permita Dios que al diablo se le pierdan las llaves de las cárceles.

Igualmente, es como cosa del maldito el caso del copiloto alemán de Lufthansa Andreas Lubitz, quien, lleno de pánicos, con tendencias suicidas, como si el Patas se le hubiese metido en la torre de control personal, resolvió aprovechar que el piloto salió a regar las heliconias y estrelló el avión en picada, con 148 personas más. Pero ni se alegre, Luzbel, pues Dios se llevó a esas almas en su blanco avión para aterrizar en la pista celestial.

Y qué tal lo que hace el Estado Islámico, precisamente en tierras sagradas. Algunos de sus fanáticos criminales andan degollando gente, explotando niños bomba, masacrando en nombre de una religión. ¡Diablos!

Y parecen jugadas de don Sata como venía Millonarios: peor que los Diablos Rojos. Menos mal han servido las oraciones. Pero a Dios hay que ayudarle con coraje, toque, estrategia y juego productivo, como en Manizales, donde hubo un ‘Palogrande’. Permita Cristo, como dicen en el Gobierno.

Pero el mundo está al revés. Una mujer envenena a sus tres hijitos; un hombre, con celos del diablo, le prende fuego a su exnovia y se quema él. Magistrados cuelgan de la Rama Judicial, pues parecen venderse por 30 monedas de plata, como Judas; un expresidente dice que “hay que aplazar la paz”. Y hace reír al diablo.

¿Qué nos pasa? Tal vez les perdimos el respeto a Dios y, por ende, a la vida. ¿Dónde se dañaron las conciencias? ¿Los ‘paras’, las guerrillas, el narcotráfico, estiércol del diablo? ¿Las ambiciones? ¿El ver muerte y muerte y muerte, por años, en la calle, en el monte, en los juegos electrónicos, en la TV? Necesitamos un cambio ya. Necesitamos la paz, desarmar los espíritus. Dios permita, porque el mundo y este país están muy mal. Nos está cargando el diablo en su lomo, y somos tan salados que nos deja caer.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com.co

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