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Editorial: Sentido adiós a un demócrata

Editorial: Sentido adiós a un demócrata

Si algo habría que destacar de Carlos Gaviria era la virtud de escuchar al que piensa diferente

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
01 de abril 2015 , 10:40 p. m.

Falleció el martes en Bogotá, a los 77 años, el exmagistrado y excandidato presidencial Carlos Gaviria Díaz. Una afección respiratoria fue la causa de la muerte de quien fue reconocido a lo largo de su vida no solo como un respetado y ejemplar jurista, un demócrata convencido de que esta actitud se refrendaba a diario con los actos más que con las palabras, sino, ante todo, como una persona a la que amigos, pero también contradictores, le reconocieron siempre virtudes como la sencillez, la generosidad y el buen humor, que, complementadas con sus capacidades intelectuales, hicieron de él un ser humano ejemplar.

No sobra recordar todo aquello que caracterizó su actividad pública: la defensa de las minorías, de las libertades individuales, de la democracia entendida como un medio para construir igualdad. Este último valor fue quizás el gran norte de su trayectoria como hombre público. Será recordado, asimismo, por el coraje intelectual con que asumió y defendió posturas progresistas, en un contexto donde obrar de tal forma a veces representa un costo que muchos prefieren evitar. Una de ellas, la que quedó consignada en la ponencia de su autoría que llevó a la Corte Constitucional a despenalizar, en 1994, el porte y consumo de la dosis personal de estupefacientes. Más de veinte años después, cada vez es más sólido el consenso respecto a que se trató de un paso en la dirección correcta.

Si algo habría que destacar de él, dada la coyuntura actual del país, es su respeto a las ideas ajenas y en particular la forma en que siempre valoró y promovió el disenso como motor del progreso social. Dicho en palabras sencillas: la virtud de escuchar al que piensa diferente.

Y hay que decir también que hoy, cuando la justicia y esa misma Corte que cuando él la integró fue un referente para juristas de todo el mundo atraviesan tan preocupante crisis, vidas como la suya tienen que servir como modelo a partir del cual reconstruir su maltrecho semblante. Por eso, el mejor homenaje que la sociedad puede hacerle es un compromiso para que la ética, como tantas veces lo repitió Gaviria, no tanto se enseñe, sino que, más bien, se muestre en cada actuación de los encargados de administrar justicia.


EDITORIAL
editorial@eltiempo.com
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