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A romper la taquilla

A romper la taquilla

Que en una película haya explosiones o efectos especiales no significa que sea mala.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
31 de marzo 2015 , 07:52 p. m.

Podría pelear con una nube, como el abuelo Simpson, sobre lo poco arriesgadas que son ahora las películas taquilleras, pero no lo haré. Es fácil decir que esas películas, las blockbusters, son producciones caras que dependen más de los efectos especiales que de los diálogos y los personajes, que distraen a la audiencia en lugar de hacerla pensar, que son la muerte del cine o que son el triunfo de la parte corporativa de Hollywood. Pero la verdad es que no puedo decir nada de eso porque me encantan. Me emociono con las películas de acción, las de superhéroes, las de fantasía y cualquiera que combine perfectamente con el hecho de comer comida chatarra mientras la veo. No solo me encantan, sino que me parecen importantes, porque esas películas, protagonizadas por extraterrestres o superhéroes, son las que todo el mundo ve, las que todos discuten y las que se convierten en conversaciones internacionales. Menospreciarlas o ignorarlas es un error.

Que en una película haya explosiones o efectos especiales no significa que sea mala. No hay ninguna ley que diga que las blockbusters deben ser tontas o que tienen que estar mal escritas. Star Wars, Alien, Die Hard, Avengers, Toy Story, Edge of Tomorrow, Lord of the Rings, Casino Royale y Dawn of the Planet of the Apes son prueba de que sí puede haber películas taquilleras inteligentes. Lo que hay que aceptar es que son una especie en vía de extinción. Por cada Winter Soldier hay diez Transformers: Age of Extinction. No es que las buenas hayan desaparecido, sino que, con la obsesión que tienen los estudios de Hollywood por volver todo franquicia y por reventar las taquillas, las malas son cada vez más frecuentes.

Siempre que salgo de cine al ver una película en la que se gastaron millones de dólares, pero que, por alguna razón, no me gustó, me pregunto qué fue lo que pasó. ¿Qué no tiene esa película que sí tiene, por ejemplo, Tiburón? ¿Por qué películas como Hércules del 2014 serán olvidadas en unos años, pero películas como Volver al futuro durarán décadas? Después de darles vueltas a preguntas como esa en mi cabeza más tiempo del que debería, he concluido que son películas hechas sin ganas.

Los directores y escritores que se apuntan a remakes, secuelas o adaptaciones tienen que trabajar con restricciones impuestas por los estudios cinematográficos. Un proyecto como Man of Steel no tiene tanta libertad creativa como una película hecha con un guion original. Tal vez por eso, muchos hacen películas genéricas, vacías, sin personalidad. Películas que olvidan que lo importante de una crisis o de un conflicto es que nos interesemos por los personajes. Películas en las que lo que importa es qué tanto se destruyen las ciudades en las batallas. Películas que asumen que nos va a importar lo que pase con el protagonista solo porque es el personaje principal, sin dedicarle tiempo a que lo conozcamos de verdad.

Los buenos directores y los escritores talentosos, en cambio, trabajan con las restricciones impuestas por los remakes o las adaptaciones, pero se obligan a pensar en soluciones creativas. Se diferencian de los creadores de esas blockbusters vacías en que ellos sí encuentran formas de alinear su personalidad y su visión artística con la tarea que les puso el estudio.

James Gunn, el director de Guardians of the Galaxy, estuvo la semana pasada en Cartagena hablando de blockbusters en el FICCI. En la conferencia, alguien le preguntó si hacer una película de superhéroes que hace parte de un universo tan grande como el de Marvel restringía su creatividad de alguna forma. Gunn respondió que, al contrario, antes de trabajar con Marvel era cuando había estado reprimido. Por la falta de plata. Con Guardians of the Galaxy, en cambio, tuvo la libertad de imaginarse cualquier cosa con la seguridad de que su equipo de producción tenía el presupuesto para crearlo. El tipo dijo que estaba muy agradecido porque pudo hacer algo que muy pocos han podido: una película con un presupuesto alto que es un reflejo de su propio corazón, una película en la que cree y que le gusta a él tanto como les gustó a los fanáticos y a los críticos.

Oír hablar a directores y guionistas como James Gunn, Joss Whedon, Brad Bird o los hermanos Russo me da esperanza. Ellos me hacen creer que sí podemos tener las dos cosas: películas entretenidas para ver mientras comemos crispetas y que al mismo tiempo sean buenas. Entonces, la próxima vez que piensen a qué le van a invertir una entrada a cine, exíjanles un poquito más a las películas. No se gasten su plata en cualquier cosa ni justifiquen la mediocridad con “no importa porque no es una película seria”. Recuerden que una película puede ser entretenida y al mismo tiempo puede ser inteligente.


Juliana Abaúnza Jaramillo

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