Francisco Posada Díaz, el intelectual del marxismo en Colombia

Francisco Posada Díaz, el intelectual del marxismo en Colombia

Un joven historiador antioqueño relata su encuentro con la obra de Posada, quien murió hace 45 años.

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31 de marzo 2015 , 06:54 p.m.

En el 2014 se cumplieron 80 años del natalicio de uno de los más importantes intelectuales de nuestro país, Francisco Posada Díaz, que, al igual que muchos otros autores marxistas, permanece en el más profundo olvido por parte de la mayoría de colombianos.

Varias reseñas y artículos aparecieron sobre su vida y obra en los periódicos, resaltando sus virtudes como profesor e intelectual. Además, se hicieron eventos y se editó un libro compilatorio de sus escritos.

Sin embargo, aquí no me concentraré en analizar su obra, ni en hacer una biografía; solo muestro cómo me encontré con la obra de Posada y la vigencia que para mí tiene. Más allá de homenajes y conmemoraciones, está pendiente la difusión y el análisis de sus textos, aspectos en los que vengo aportado un grano de arena.

Posada nació en 1934 y murió en 1970, con apenas 36 años de edad. Sin embargo, en su fugaz existencia marcó la trayectoria de las ciencias sociales colombianas.

Estudió Derecho y, en 1958, fundó la revista Tierra firme, “una de las primeras publicaciones concebidas con el rigor necesario para estar a la altura de las revistas internacionales del momento”, según Miguel Ángel Urrego. Allí aparecieron artículos de Heidegger, Lacan, Lévi-Strauss, Hyppolite, Sartre, etc., y la publicación asumió “la difusión de lo más novedoso y sólido del pensamiento contemporáneo”, recuerda el mismo Urrego.

Posteriormente, Posada se fue por varios años a Europa a estudiar Filosofía, específicamente, en Francia y Alemania. Estuvo vinculado fuertemente a la Universidad Nacional, y allí llevó a cabo una importante gestión como profesor y decano de la naciente Facultad de Ciencias Humanas. Participó en los debates de la época, como partidario del marxismo humanista y del uso de este como herramienta de análisis. Además, estuvo en contra de la vinculación de los estudiantes a la lucha armada guerrillera, tan de moda en los años 60, 70 y 80. En cuanto a sus áreas de interés, escribió sobre historia, psicoanálisis, filosofía, marxismo y hasta crítica literaria.

Posada hizo parte de esa generación de jóvenes de la élite que se preocuparon por los problemas sociales y dejaron atrás sus posibilidades dentro del establecimiento. Surge la pregunta: ¿Cómo se explica dicho comportamiento? A pesar de que la respuesta es muy compleja, parte de un asunto primordial: la generación de Posada y las dos posteriores estuvieron activas intelectualmente en el momento de máximo auge de la utopía comunista y cuando el marxismo estaba en su apogeo como herramienta de análisis.

Dichos jóvenes se radicalizaron y pretendieron dejar atrás sus estirpes burguesas para tener un papel activo en la revolución venidera. Todo lo anterior, jalonado por hechos palpables a nivel histórico, como el triunfo revolucionario en China y Cuba (muy estudiado por Posada), la Revolución Cultural de 1968, la teología de la liberación, la supuesta inminencia de “los factores objetivos” para la revolución en nuestro país, la Guerra Fría, la división del Partido Comunista Soviético y el Partido Comunista Chino, lo que dio por resultado el nacimiento de la nueva izquierda.

Esto, sumado a la efervescencia de las luchas estudiantiles de 1971 en nuestro país, el aumento de la velocidad de las comunicaciones y de la cobertura universitaria, la urbanización acelerada, entre muchos otros factores enmarcados en un régimen político restringido en cuanto a la participación de nuevos grupos y partidos políticos, llamado Frente Nacional (1958-1974).

Todo ese contexto explica parcialmente por qué algunos jóvenes de la burguesía llegaron a ser marxistas o líderes populares de partidos de izquierda. Su afán por renunciar a esa clase “opresora y antirrevolucionaria” fue algo común en la época y se manifestó como una forma de rebelión frente a los privilegios heredados y una actitud de análisis crítico respecto al país.

La aproximación

Mi acercamiento a la obra de Posada se dio mientras hacía mi tesis de grado para ser historiador. La aproximación fue fortuita. Mientras buscaba información de intelectuales marxistas del siglo XX colombiano, me encontré un artículo conmemorativo en internet referido a Posada. Lo que más me sorprendió fue el gran número de trabajos realizados en una vida tan corta.

Al consultar con mi padre sobre el autor, me sorprendí gratamente, ya que había dos libros suyos y un ensayo en la biblioteca de la casa: Los orígenes del pensamiento marxista en Latinoamérica, La revolución de los comuneros y La Violencia y la vida colombiana.

El primero estudia el impacto de José Carlos Mariátegui (1894-1930) en nuestro continente y se adentra en el análisis crítico del pensamiento del autor peruano, enmarcado en la historia del marxismo y su desarrollo. El segundo trata sobre la llamada Revolución de los comuneros del siglo XVIII y está hecho con base en un exhaustivo estudio de documentos de la época, introducidos en una estructura de análisis marxista. Y el ensayo trata sobre la Violencia de mediados del siglo XX en nuestro país y sus consecuencias.

Luego, conseguí más materiales en la biblioteca de la Universidad de Antioquia, de los cuales me llamó particularmente la atención su ensayo La tentativa de revolución burguesa en Colombia y sus resultados. Después, mi padre adquirió en una anticuaria el libro Ensayos marxistas sobre la sociedad chibcha, donde aparecen dos de sus ensayos, y en una biblioteca pública encontró un artículo sobre Maquiavelo.

Con la sucesión de hallazgos, comprendí la importancia central de Posada en los 60, como precursor de ese campo intelectual de izquierda que se desarrolló en los 70. Fue un eslabón entre la generación de la Violencia y la de los intelectuales contra el Estado.

En cuanto a su papel como intelectual-político, fue cercano al Partido Comunista Colombiano y al Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), sin pertenecer a ninguno. Se movió en las discusiones intelectuales de la época, introdujo lo último en filosofía y marxismo al país, participó en las publicaciones de vanguardia de la época y formó una nueva generación de humanistas y científicos sociales. Más que un filósofo, Posada fue un humanista, lo que explica la variedad de su obra y su interés en la historia, sin dejar atrás aspectos filosóficos.

Fue, además, continuador de una corriente historiográfica marxista con puntos comunes y disímiles respecto a la ‘nueva historia’ de Jaime Jaramillo Uribe o Germán Colmenares: mientras la primera buscó en la historia ejemplos y justificaciones para el proceso revolucionario o reivindicativo, usando un vocabulario y una teoría marxista-estructurales, la segunda buscó una objetividad y una visión académica neutra de la historia, como acontecimiento.

En mi caso particular, como historiador en formación por esa época, me interesé por la producción referente al campo histórico en la amplia obra de Posada, en particular, por su producción respecto a la historia del siglo XX, y comencé a preparar una ponencia, que presenté en septiembre del 2014 durante la V Muestra Regional de Historia en Medellín. Además, en Febrero del 2015, dicté una charla sobre su propuesta historiográfica, en el Centro de Historia de Itagüí (Antioquia).

En cuanto a Posada como ser humano, el contacto más cercano que he tenido ha sido por medio de su hermana, María Cristina Posada, con quien he tenido ocasión de conversar varias veces sobre él y su obra.

Vigente hoy

En muchas ocasiones, miramos a otros países en búsqueda de figuras y obras para estudiar analíticamente, y dejamos de lado a personajes como Posada Díaz, Francisco Mosquera, Antonio García, Tulio Bayer, Diego Montaña, Álvaro Uribe Rueda, Estanislao Zuleta, Mario Arrubla, Enrique y Nicolás Buenaventura, entre muchos otros.

Ellos constituyen un legado intelectual importante, muchas veces descartado de antemano sin ser estudiado a profundidad, al ser juzgado como pasado de moda o revaluado, por su enfoque marxista o su carga ideológica, sin considerar que toda obra es producto de un contexto particular y que es valiosa en sí misma, como reflejo de una época.

Analizar una obra antigua con los ojos de hoy es un anacronismo y una iniciativa nociva. Por el contrario, la pluralidad y la diversidad deben ser ejes de todo análisis intelectual, sin dogmatismo ni prejuicios.

Al fin de cuentas, lo que más importa es cuando, al culminar una charla sobre Posada, alguien se acerca y me pregunta: ¿dónde encuentro algo de Posada Díaz? O cuando se oye a una persona diciendo: “No lo conocía, pero lo voy a buscar”. La memoria de Posada vuelve al recinto, se habla de su obra y se retoma su legado como un faro para iluminar el presente, entendiendo sus textos como productos de un contexto específico.

La pregunta obvia que surge es: ¿dónde se encuentran las obras de Posada? En librerías anticuarias, en la compilación editada por la Universidad Nacional el año pasado, llamada Textos reunidos; en las colecciones semiactivas de las bibliotecas y en revistas y libros de las décadas de los 60 y los 70.

El llamado es a leer a Posada, estudioso de los grandes problemas de su época, que guardan muchas similitudes con los de hoy. El mejor homenaje que le podemos hacer es mantenerlo vivo con la lectura de su obra. En el contexto del proceso de paz actual, cobra gran importancia conocer otras visiones de las realidades del país, para construir soluciones viables, novedosas y certeras.

Sobre la Violencia de mediados de siglo XX, Posada decía: “En primer lugar aparece una violencia al servicio del latifundismo, que despojaba de sus tierras a los minifundistas y a los pequeños propietarios. A esta violencia le fueron dadas varias respuestas. Una, la lucha guerrillera; otra, pacífica, constituida por las frecuentes invasiones de tierra.

Pero el bandolerismo fue luego otra respuesta, anárquica y desesperada, de campesinos sin horizontes, de adolescentes que no conocieron otro medio que el de la violencia precisamente.

“La violencia también apareció como instrumento para favorecer la especulación con los frutos del trabajo campesino y para ‘promover’ turbios negocios de comercio. A esta forma de violencia se unieron centenares de desadaptados sociales al servicio de políticos o de ‘notables regionales’ que aspiraban a enriquecerse, y ella afectó incluso a campesinos acomodados”.

Sin duda, la cita anterior cobra vigencia para entender problemas actuales y parece hasta premonitoria de procesos como el paramilitarismo, la consolidación de las mafias y el problema de la concentración de la tierra en pocas manos, aspectos desencadenados y consolidados tras el deceso de Posada.

No sería raro encontrar la cita anterior en el diario de mañana, porque los grandes problemas de la época de Posada siguen sin resolverse completamente hoy.

Problemas como la fortaleza cada vez más abrumadora de la burguesía parasitaria (financiera) frente a la burguesía industrial, la extrema desigualdad, la concentración de la tierra, la poca productividad del agro, la pérdida de la soberanía alimentaria, la ausencia de una reforma agraria, las relaciones serviles en algunas regiones, el gasto militar y la centralización y desnacionalización de la industria son aspectos de plena actualidad presentes en las obras de Posada, escritas hace más de 50 años.

Sobre el autor

Esteban Morales Estrada es historiador de la Universidad de Antioquia (2014).

ESTEBAN MORALES ESTRADA
Especial para EL TIEMPO

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