Teresa de Ávila: 500 años de la monja más tenaz de la historia

Teresa de Ávila: 500 años de la monja más tenaz de la historia

Se celebra el nacimiento de santa Teresa de Jesús, una mujer revolucionaria y doctora de la Iglesia.

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30 de marzo 2015 , 08:17 p.m.

Vivió en una época en que a las mujeres se les prohibía escribir. Fue religiosa, durante el período en que la Inquisición sospechaba y condenaba grupos místicos; pobre, en el siglo XVI, mientras España se enriquecía con el oro de América, y obediente en medio de una Iglesia dividida por la reforma protestante. Aun así, doña Teresa de Cepeda y Ahumada se convirtió en la gran reformadora de la vida monástica y doctora de la Iglesia. Se le puede reconocer como la monja más tenaz de la historia.

Reformó las costumbres relajadas de los conventos, se debatió con los sabios de la Iglesia y de la sociedad, fundó 17 conventos en España de acuerdo con su propia espiritualidad, produjo una inmensa obra escrita que la hace maestra de la lengua española e inició un revolucionario movimiento místico en Europa, que la convirtió en la patrona de los escritores en nuestra lengua y maestra de los místicos.

Nació el 28 de marzo de 1515, en medio de una familia numerosa. Con una inteligencia precoz, devoraba cuanto libro se le atravesaba. Quiso ser mártir desde su adolescencia, pero también soñó con casarse, como las demás mujeres de su época. Dicen que era muy bella y atractiva, no podía pasar desapercibida. Para protegerla, su padre la envió a un convento y enfermó.

En casa de su familia se recuperó y fue allí en donde encontró un texto espiritual que le permitió descubrir su vocación religiosa. Un nuevo libro la llevó a saber de las experiencias místicas que comenzaba a gustar y se internó en el convento por su propio gusto.

En su autobiografía, asegura que una mañana huyó de su casa para entrar en el monasterio de las Carmelitas de la Encarnación. Allí vivió 27 años, con 180 monjas, en medio de quebrantos de salud.

Su ‘crisis de los 40’ la condujo al inicio de la vida mística, que dio un gran giro a su existencia, para descubrir con mayor profundidad su humanidad y espíritu cristiano.

Consignó sus experiencias místicas en sus escritos: “vuelo del espíritu”, como un vertiginoso ascenso de su alma a los cielos; un ángel que con una lanza de oro arranca sus entrañas con dolor y placer desgarradores (la llamada transverberación); la visión del niño Jesús y del Cristo resucitado, además de sus continuos diálogos directos con Dios, que le permitieron previsualizar acontecimientos, se cuentan entre esta experiencias. Ante las costumbres relajadas del convento, despertó a una mayor radicalidad, optando por el silencio, menos visitas y reorganización administrativa.

Fue catalogada como “traidora” por sus hermanas de comunidad, pero obtuvo permiso para fundar con su propia regla reformadora.

A los 47 años, Teresa sale del convento de la Encarnación para fundar el Carmelo de San José y, poco después, emprende su tarea de fundadora andariega.

La vía mística se convertiría en el camino de las nuevas comunidades. La oposición de clérigos, la envidia de otras monjas, la persecución de la Inquisición, las dificultades para conseguir lugares y financiar sus comunidades, entre otros, pusieron a prueba su espíritu indómito, tocado por Dios y visionario para toda la humanidad.

Si alguien desea saber cómo es el alma del ser humano, qué puede suceder cuando está dispuesta a la divinidad y qué le espera en el camino espiritual, debe leer su obra cumbre, Las moradas, en la que ella explica, con la imagen del castillo interior, qué es un ser humano y cómo se ha de entrar en el alma hasta llegar a la morada central donde la habita la luz divina, que la llena de amor.

Ella desea descifrar este misterio como mujer, ya que hasta entonces la palabra teológica había estado casi exclusivamente en la pluma de los varones. Se puede decir que con esta obra Santa Teresa redime a la mujer en su capacidad teológica.

En el culmen de su experiencia mística, relatado en las Moradas séptimas, habla de matrimonio espiritual con Cristo, que preparó a través de todo su itinerario de meditación, oración, contemplación y sacrificios. El alma finalmente se une para siempre con Dios, cuando ha sido fiel a este camino.

Al contrario de quienes piensan que la religión no es racional, para la santa de Ávila razón y amor parecen sus pies en este camino: mientras avanza con uno, se apoya en el otro. Razón y amor se complementan y crecen en la oración de santa Teresa… El amor ilumina la razón y esta conoce el amor que la une a Dios… Este parece ser el secreto del sendero de la felicidad teresiana.

Ningún conflicto le quitó su carácter alegre, siempre cantaba en los descansos. Fue una andariega, trabajadora y solidaria. Su visión estratégica de la vida monástica resalta su inteligencia, cultura y estudios. Clasificó Las moradas como un tratado de teología mística, y se ubicó en la línea de quienes buscaban hacer comprender las experiencias del alma.

Al final de su vida, se consagra, sensible, a los problemas de la Europa renacentista, que se abre paso al racionalismo y a las Indias occidentales, de donde llegaban noticias y se planteaban los problemas sobre la dignidad de los nativos americanos. Además se interesó por el horizonte de la Iglesia y las problemáticas sociales de España. Su fama es reconocida y muchas puertas se abren a su influencia.

Abierta, comunicativa, sensible, simpática y enérgica. Fue apasionada, intrépida y voluntariosa. Mantuvo su tenacidad para seguir su propio camino desafiando los obstáculos. Su pensamiento reformador, su visión y la organización de sus obras no pierden actualidad. Su valentía y su rebeldía personal es algo que puede compartir cualquier joven de hoy.

Su buen humor, su excepcional inteligencia, su honestidad consigo misma y su talante amoroso la llevaron a saber unir espiritualidad y sentido práctico. Se adelantó a su tiempo, como las grandes personalidades de la historia; ya en su momento, se planteaba asuntos que hoy se dirimen, sobre todo, el papel de la mujer en la sociedad y en la Iglesia.

Escribió poesía con la delicadeza del alma, que, junto con sus demás obras, la convirtió en orgullo de la lengua española. Aunque ninguno de sus libros se publicó en vida, sus escritos son siempre reconocidos como superiores.

Un acercamiento a Las moradas en la perspectiva de descubrir el maravilloso desenlace de la vida de Teresa se convierte en una invitación a adentrarse en su contenido, con respeto, pero con determinación. La santa comunica mediante los trazos de su pluma mística la amorosa experiencia de Dios, pues sabe que toda la humanidad ha sido llamada a ella y que tiene la posibilidad de vivirla, aunque inicialmente falte decisión. El señor no niega su amor al alma que se abre a la fuente inagotable de su gracia.

Los carmelitas surgieron a finales del siglo XII: laicos, peregrinos y cruzados cansados de la guerra se retiraron al monte Carmelo (Medio Oriente). Su espiritualidad es la del profeta Elías, a quien Dios le habló en el silencio de aquel monte en el Antiguo Testamento, como ermitaños contemplativos (silencio, meditación, oración, pobreza) y de vida conjugada con la acción evangelizadora. Desde 1220, hacen presencia en Europa y luego, oficialmente, mendicantes; su nombre, Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo.

En 1562, Santa Teresa de Jesús reformó esta orden y fundó en Ávila el primer convento de las Carmelitas Descalzas, y con san Juan de la Cruz, la rama masculina, para retomar el espíritu inicial que se había olvidado. Actualmente, son tres ramas: monjas contemplativas, frailes y hermanos seglares.

En 1690, llegaron a Colombia y se instalaron en Popayán, sin consolidar su fundación. Solo en 1911, cuatro frailes fundaron el convento de Villa de Leyva. Desde allí, realizaron 16 fundaciones más.

La Asociación Santa María del Monte Carmelo, de las Carmelitas Descalzas de Colombia, reúne hoy once monasterios, dedicados a la vida contemplativa: silencio, soledad, oración litúrgica y personal, por las necesidades de la Iglesia y de la humanidad. La actual parroquia de Santa Teresa de Ávila está en la calle 63A con carrera 18, en Bogotá, antiguo convento de las Madres Carmelitas Descalzas.

Acerca del autor

El padre Víctor Ricardo Moreno Holguín es teólogo y periodista. Es autor del libro ‘El castillo interior, guía práctica para itinerantes’.

VÍCTOR RICARDO MORENO HOLGUÍN

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