Desmovilizados dejaron la guerra para trabajar en el campo

Desmovilizados dejaron la guerra para trabajar en el campo

Varias organizaciones nacionales e internacionales apoyaron el proyecto en el parque Panaca.

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29 de marzo 2015 , 09:30 a.m.

A María* todavía la acompaña el recuerdo de hace unos meses cuando tenía 17 años y cargaba un fusil en área rural del Cauca. Ya es mayor de edad y su vida le cambió.

Atrás quedó el campo de batalla, ahora convive con más de cuatro mil animales que la rodean a diario. Como si fuera su casa, se pasea por los establos del Parque Panaca, ubicado en Quimbaya, Quindío, y cuenta el proceso que tuvo que afrontar después de dejar la guerra y a sus compañeras de la columna móvil Jacobo Arenas de las Farc.

No puede esconder la alegría que siente cuando llega a la estación de porcicultura y atiende el parto de un cerdito. Allí ha aprendido lo suficiente como para afirmar que quiere ser veterinaria. “Nunca en mi vida me imaginé que estaría aquí y la experiencia ha sido hermosa”.

Su mirada cambia cuando habla de su pasado, recuerda que por resentimiento cambió los juguetes por la guerra. “Quería ser comandante, de la guerrilla”, dice María.

Ella se enfiló en la guerrilla cuando tenía 12 años. La milicia no le era del todo desconocida pues varios de sus familiares hacían parte de las Farc. “A uno lo manejan psicológicamente para que sueñe con ser un comandante y poner bombas”, narra.

Tras una ofensiva del Ejército, María fue enviada a una misión de inteligencia que terminó por devolverle la libertad. Hace unos cuatro meses comenzó una aventura junto a un grupo de 37 desmovilizados que vivieron y estudiaron en un espacio acondicionado para ellos en el parque.

Sus jornadas se iniciaban muy temprano como en todas las fincas. Los instructores del Centro Educativo de la Cultura Agropecuario (Ceca) Panaca los guiaban en las labores propias del campo, en ambientes reales como las estaciones de agronomía, ganadería, especies menores, porcicultura, equina y otras donde se capacitaron en todo lo que debía saber un técnico laboral en mayordomía de una finca.

En la tarde abordaban actividades relacionadas con ocho áreas básicas del proceso de reintegración de la mano de dos profesionales de la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR). Durante el día y la noche compartían baños, lavaderos, comedores y hasta los dormitorios o malocas. Las mujeres dormían en un sector y los hombres en otro.

Para muchos el campo dejó de ser solo para combatir y se convirtió en una opción de empleo y de sustento para sus familias, como María que no conocía un trabajo distinto a la guerra.

En diciembre cuando el grupo tuvo unos días de vacaciones, ella prefirió quedarse en Panaca y trabajar en la estación Canina. Allí encontró un hogar y una mamá pues así ve a Martha Liliana Ríos Cardona, una entrenadora de canes que le abrió las puertas de su casa y de su familia.

“Ella se hace coger cariño muy fácil es muy buena trabajadora, servicial y noble, ella sabe que cuenta con todos nosotros, ella sabe que tiene mi casa disponible para el día que quiera quedarse”, cuenta Ríos.

En Panaca también empezaron a soñar con tener sus propias empresas como *Jaime y su esposa Ángela, dos ex guerrilleros del ELN que dejaron los fusiles hace ocho meses. Se enamoraron y conformaron una familia hace dos años, juntos llegaron al grupo guerrillero y también lo dejaron porque la salud de Ángela se deterioró.

Ahora Ángela, quien hizo sus prácticas en la estación equina, sueña con tener una talabartería pues aprendió a trabajar piezas hechas en cuero. “Jaime me sacó de esa vida y ahora queremos salir adelante, tener un buen trabajo y nuestras cositas”.

Uno de los integrantes de la dirección programática de la ACR, Otoniel Romero Gómez, dice que el 'aprender -haciendo' de Panaca motivó mucho al grupo, “este es un pilotaje que va a aportar mucho a nuestro trabajo”.

María, Jaime, Ángela y los demás jóvenes se ganaron el cariño de los empleados del lugar, hasta el fundador del parque temático, Jorge Ballén, está orgulloso del grupo que se formó en Ceca Panaca, acreditado por la Secretaría de Educación del Quindío.

“No es lo mismo estudiar en un salón de clases a estar inmerso en una formación de día y de noche, aquí profundizamos en el arte y oficio del campo que a ellos les guste más”, señala Ballén y asegura que ya tiene varias visitas de reconocidos empresarios que quieren conocer a estos jóvenes formados en Panaca. Desde hace más de un año, Ballén le apostó a aplicar su filosofía del 'aprender haciendo' en desmovilizados.

En 2013 tuvo nueve participantes y esta es la segunda experiencia con 40 jóvenes. En mayo ingresarían 80 más.

Los padrinos del proyecto son la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que se unieron a la iniciativa.

*Nombre cambiado

Laura Sepúlveda Hincapié
Enviada especial de EL TIEMPO
Quimbaya (Quindío)

 

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