Depresión, un mal que se agazapa tras conductas suicidas / Análisis

Depresión, un mal que se agazapa tras conductas suicidas / Análisis

El caso del piloto alemán Andreas Lubitz pone la lupa sobre esta enfermedad y sus efectos.

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27 de marzo 2015 , 12:36 a.m.

La depresión es una enfermedad que puede llegar a ser tan dolorosa y devastadora cuando no se atiende debidamente, que el sufrimiento que genera altera las actividades sociales, familiares y laborales de los afectados y, en los casos más severos, hasta acabar con los deseos de vivir de una persona.

No es gratuito que especialistas en el tema, como el psiquiatra Rodrigo Córdoba, estimen que detrás de la mayoría de los suicidios hay siempre una depresión mayor o bipolar no diagnosticada o mal tratada. Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud le dan la razón y establecen que cada año esta condición es la causante número uno de al menos un millón de suicidios en el planeta.

El caso del copiloto alemán Andreas Lubitz, de 28 años de edad, señalado de haber estrellado, en medio de un acto suicida, un avión de Germanwings en los Alpes franceses, pone de nuevo el tema sobre el tapete, y no solo porque desnuda la severidad de un trastorno evidentemente común (que al parecer él padecía), sino porque lleva a preguntarse hasta qué punto puede nublar la razón de una persona.

Aunque las causas tras el actuar de Lubitz (incluida su salud mental) aún están siendo analizadas, Córdoba advierte que es inusual que un depresivo tome decisiones tan devastadoras.

“Se trata de una excepción –señala el psiquiatra-, lo cual daría para pensar que el piloto tuviera, además, ciertos rasgos psicóticos, por ejemplo. Es claro, a la luz de la evidencia, que una cosa es la ideación suicida, es decir imaginar un modo de morir, y otra muy distinta llevarla a la práctica, que es lo que pudo ocurrir en este caso. Falta establecer qué pudo disparar esa decisión en este hombre”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la depresión (en sus distintos niveles) afecta a unos 350 millones de personas en todo el mundo, y es una de las principales causas de discapacidad laboral, particularmente entre las mujeres. Y aun así este trastorno tiende a ser menos valorado que las patologías que muestran evidentes síntomas físicos.

Si se suma el hecho de que sobre la enfermedad mental en general pesa el estigma social, se entiende entonces que su nivel de diagnóstico y tratamiento sea bajo.

Los estudios disponibles sobre salud mental en el país, elaborados por el Ministerio de Salud, estiman que por cada diez personas con enfermedad mental (y la depresión es la más común de todas), solo una recibe tratamiento.


Colombia no es la excepción. Aunque hay tratamientos eficaces para el manejo de este mal, se cree que más de la mitad de los afectados en todo el mundo (y más del 90 por ciento en algunos países, según la OMS) no acceden a ellos. A la falta de recursos y de personal sanitario debidamente capacitado, hay que sumar el hecho de que la depresión no siempre se diagnostica correctamente.

¿Cuáles son los síntomas?

De acuerdo con la OMS, dependiendo del número y la intensidad de los síntomas, los episodios depresivos pueden clasificarse como leves, moderados o graves. Este trastorno se presenta en dos formas: unipolar y bipolar.

Los síntomas clásicos de la depresión unipolar pueden resumirse en un estado de ánimo deprimido, pérdida de interés y de la capacidad de disfrutar y reducción de la energía, que produce una disminución de la actividad.

El trastorno bipolar, por otro lado, consiste en episodios maníacos (eufóricos) y depresivos (tristeza severa, profunda), separados por intervalos con un estado de ánimo normal. Los episodios maníacos cursan con estado de ánimo elevado o irritable, hiperactividad, autoestima excesiva y disminución de la necesidad de dormir.

Cuando ambas condiciones (unipolar, bipolar) se presentan por más de dos semanas, hay que consultar de inmediato con el médico. Ambas tienen tratamiento, con resultados favorables.

El síndrome de 'burn out'

Según revelaciones de la prensa alemana, en el 2009 Lubitz estuvo incapacitado durante un largo periódico, tras haber sido diagnosticado con depresión y síndrome de 'burn out' (quemado).

Descrita en 1974 por el psiquiatra alemán Herbert Freudenberger en Nueva York, este síndrome aplica a aquellas personas que viven física y emocionalmente cansadas, estresadas y desmotivadas en el trabajo; rinden poco, pese a invertir muchas horas en el desarrollo de las tareas que se asignan, y hasta sienten cierta fobia por los compañeros.

Con base en esa primera descripción, en 1976 la psicóloga Cristina Maslach definió el 'burn out' como un “síndrome de agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal, que puede ocurrir entre individuos cuyo trabajo implica atención o ayuda a personas”. Y aunque dichas definiciones se enfocaron, en un comienzo, en el personal de salud (psicólogos, trabajadores sociales, médicos, enfermeros), hoy se hace extensivo a otros trabajadores que son víctimas del desgaste y el estrés laboral.

Entre los principales factores de riesgo de este síndrome están las jornadas largas de trabajo, la sobrecarga, los altos niveles de exigencia, la tensión generada durante el desarrollo de una o varias tareas y la insatisfacción que se siente en el entorno laboral.

Los impactos que sobre la salud de una persona tiene vivir sometida a esta condición no son poca cosa. Según la gravedad del caso, a la ansiedad, los síntomas depresivos, los trastornos del sueño y la irritabilidad constantes, se suman los problemas respiratorios, endocrinos y cardiovasculares; los trastornos digestivos y sexuales y los dolores de cabeza, cuello y espalda, entre otros.

Este síndrome constituye un factor de riesgo en personas afectadas por depresión.

SONIA PERILLA SANTAMARÍA
SUBEDITORA DE VIDA

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