'Bernardo Jaramillo murió en mis brazos'

'Bernardo Jaramillo murió en mis brazos'

Hace 25 años asesinaron al líder de izquierda. Mariela Barragán, viuda, reconstruye ese momento.

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21 de marzo 2015 , 09:16 p.m.

“Él no le tenía temor a nada y creo que ese fue el peligro y su sentencia de muerte”. La frase es de la abogada barranquillera Mariela Barragán, viuda de Bernardo Jaramillo Ossa, el destacado líder político de izquierda que fue asesinado en el Puente Aéreo de Bogotá, el 22 de marzo de 1990, es decir, hoy hace 25 años.

Bernardo y Mariela se conocieron en noviembre de 1988. Un dirigente comunista los presentó y fue amor a primera vista. A los dos meses de conocerse, él llegó a Barranquilla a pedir su mano.

El 22 de marzo de 1990, a las 8 de la mañana, la pareja iba rumbo a Santa Marta a descansar unos días luego de una extenuante campaña presidencial. A pesar de tener cerca de 20 escoltas y carros blindados, Jaramillo - para esa época candidato presidencial de la Unión Patriótica - fue atacado por un menor, de 16 años, cuando caminaba junto con su esposa a esperar el vuelo.  (Lea también: Así era Bernardo Jaramillo, el gran líder de la UP)

El sicario, identificado como Andrés Arturo Gutiérrez, le propinó cuatro disparos a Jaramillo. Dos de estos en el tórax. Jaramillo cayó al piso y aunque fue trasladado de inmediato por sus escoltas al Hospital Central de la Policía Nacional, llegó sin signos vitales.

Arma y falso documento de identidad que portaba el sicario. Fotos: Archivo EL TIEMPO.

Según investigaciones, el sicario llegó sobre las 7 de la mañana al puente aéreo y se encontró con un hombre alto y barbado. Le entregaron un maletín de cuero color café en el que guardaba una subametralladora mini-Ingram número 3802836, arma con la cual ejecutó el crimen; un ejemplar del libro sobre la vida de ‘El Mexicano’, escrito por el periodista Fabio Rincón y un periódico para cubrir el arma.

Llevaba además una revista dentro de la cual fue encontrada una foto de Jaramillo Ossa. Se asegura que recibió 300. 000 pesos para cometer el crimen. Andrés Arturo Gutiérrez fue recluido primero en La Picota, y luego conducido a El Redentor, un centro de rehabilitación para menores. Meses después fue asesinado en hechos confusos.

“En esa época los escoltas no tenían la preparación de hoy, era una cantidad de personas armadas pero en un momento de tensión no sabían cómo reaccionar. El jefe de escoltas quedó en shock, y a mí me tocó cargar a Bernardo con otros escoltas”, narra Barragán. (En video: 25 años del asesinato del líder político Bernardo Jaramillo)

Mariela recuerda que el político no tenía chaleco antibalas ni sabía del manejo de armas. “No tenía por qué correr, huir o esconderse. Era una persona honesta, respetuosa de las leyes y correcta, que solamente quería transformar a este país a través de sus ideas que eran de izquierda. No teníamos que vivir en el exilio como lo vivimos nosotros (estuvieron en Francia por casi un año)”, indicó.

Bernardo Jaramillo y Mariela Barragán.  Foto: Álbum familiar.

Bernardo murió en los brazos de Mariela. Sus últimas palabras de despedida fueron: “Abrázame y protégeme que me voy a morir”.

Las amenazas contra su vida eran constantes. Durante la campaña electoral no podían entrar a algunas zonas porque las autoridades les decían que no tenían cómo garantizar su seguridad. “Era un momento muy difícil, no solamente nos sentíamos temerosos sino que cuando entrábamos a un sitio con tantos escoltas las personas se iban”, agrega.

Nunca pudo disfrutar de la libertad. Fue una época en la que, según recuerda, los integrantes de la Unión Patriótica no podían estar tranquilos en lugares públicos, todos los días había una persona asesinada y tenían que ir a muchos funerales. El Estado calcula que desde el surgimiento de la UP, en 1985, al menos 5.000 personas murieron en el genocidio contra este partido político de izquierda, entre ellos, el también expresidente de la UP y excandidato presidencial Jaime Pardo Leal, el 11 de octubre de 1987.

“El 89 y 90 fueron dos años duros llenos de sufrimiento, dolor, sangre en la parte política y eso nos afectaba. A la salida de la habitación teníamos a dos policías y todo era rodeado de armas. Eso no es una vida normal, es una vida de locos. En Colombia no existe la pena de muerte, pero nosotros fuimos condenados a morir”, afirma.

25 años después del asesinato de Bernardo Jaramillo, el crimen sigue impune. En octubre de 2014, la Fiscalía lo consideró crimen de lesa humanidad y la investigación quedó a cargo de la Unidad de Análisis y Contexto de la Fiscalía (Unac) (Lea también: Ya son 11 los casos con categoría de lesa humanidad)

Edición del 23 de marzo de 1990 tras la muerte de Bernardo Jaramillo.  Archivo EL TIEMPO.

Entre las pistas del crimen, la Unac planteó que los magnicidios de los candidatos presidenciales Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, asesinados entre 1989 y 1990, no fueron casos aislados y que correspondían a una estrategia coordinada con un propósito común: generar zozobra y eliminar del mapa a dirigentes que podían amenazar el proyecto narcoparamilitar y sus alianzas políticas.  (Lea: Jahel Quiroga, la mujer que vivió para contar los muertos de la UP)

En el 2011, según la Procuraduría, miembros del DAS en la época de los asesinatos estarían ligados a las muertes de los candidatos presidenciales. Hasta el momento, no se conocen nombres de responsables.

En un comienzo se dijo que el extinto narcotraficante Pablo Escobar fue el autor intelectual del hecho, versión que fue negada por el exjefe del cartel de Medellín. Luego, se señaló como autores intelectuales a los hermanos Fidel Antonio y Carlos Castaño, jefes paramilitares. Ellos fueron condenados por asociación para delinquir y por homicidio con fines terroristas.

Valla publicitaria de la campaña de Bernardo Jaramillo Ossa para el periódo presidencial 1990 - 1994. Foto: Archivo EL TIEMPO.

Bernardo: el luchador, el padre, el amigo y ‘cómplice’

Fue representante a la Cámara por Antioquia (1986), presidente de la Unión Patriótica después de la muerte de Jaime Pardo Leal (1987), concejal del municipio de Apartadó por el PCC (1982), senador (1988) y candidato a la presidencia (1990).

“Era un hombre que leía y estudiaba mucho. Decía que Colombia debía ser liderada con todas las fuerzas políticas y dar paso a la oposición. Buscaba la inclusión, legado que 25 años después aún sigue vigente”, dice Mariela, quien también apoyaba las causas sociales y lo acompañó a todas las campañas políticas hasta el día de su muerte. Solo alcanzaron a convivir dos años.

Detrás de ese hombre que entregó su vida por el trabajo social y la política, cuenta Mariela que también había un ser apasionado por la música. “Era un joven aventajado, alegre, sociable y bailarín. Le gustaba la salsa (Héctor Lavoe, Willie Colón), el rock en español (Los Prisioneros), era un fiel amante del tango y también le gustaba la música paisa. Un hombre muy tierno. Era de lavar y planchar”. Bernardo llamaba a las cosas por su nombre. “Al pan, pan, y al vino, vino”, agrega.

Hoy, cuando se cumplen 25 años de uno de los magnicidios que más enlutó al país, Mariela y demás familiares de Bernardo, como su hijo Bernardo Jaramillo Zapata (del primer matrimonio de Jaramillo con Ana Lucía Zapata), le exigen al Gobierno celeridad en las investigaciones y esclarecer quién estuvo detrás del asesinato.

“La justicia tiene que funcionar y operar para tener una sociedad estructurada, fuerte, decente y con reglas claras. Al Gobierno y al Estado le ha faltado decisión política y compromiso con la justicia. Es una vagabundería que todavía después de 25 años un crimen no haya sido resuelto”, puntualizó.

Mariela Barragán y Bernardo Jaramillo (1990).  Foto: Angel Vargas/ EL TIEMPO y archivo.

Familiares de Carlos Pizarro, Bernardo Jaramillo y José Antequera piden memorial

Los familiares de estos líderes políticos lanzaron la campaña ‘Vuelos truncados, legados vigentes’ con la cual se impulsará la construcción de una huella permanente de reconocimiento de estos tres personajes en el aeropuerto El Dorado de Bogotá.

Las muertes se registraron entre los meses de marzo y abril de los años 89 y 90, por lo que este sitio hoy se convierte en un símbolo de una memoria que, según los familiares de los lideres, no puede perderse como parte del derecho de las víctimas y de la sociedad colombiana a la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición.

ANGY ALVARADO RODRÍGUEZ
ELTIEMPO.COM
vivrod@eltiempo.com
@angyalvarador

Video:  FILIPE POLYDORO DE ABREU

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