Rodrigo García Barcha aborda relación padre-hijo en nueva cinta

Rodrigo García Barcha aborda relación padre-hijo en nueva cinta

Por medio de la figura de Jesús, el hijo de Gabo profundiza en los conflictos humanos.

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16 de marzo 2015 , 10:26 p.m.

“Esta podría ser la película más personal que haya hecho hasta ahora”, dijo este lunes Rodrigo García Barcha, el cineasta colombiano que se ha hecho un nombre propio en Hollywood y que trae al Festival de Cine de Cartagena su más reciente película, Últimos días en el desierto.

El guion, escrito por el cineasta, recrea el momento en el que Jesús termina sus 40 días de ayuno y oración en el desierto, y es tentado por el demonio, antes de afrontar la prueba más difícil de su vida.

Pero, en realidad, al margen del pasaje bíblico, es una profunda reflexión sobre la vida, el ser humano y las complejas relaciones entre padres e hijos, un tema para nada lejano a los ojos de García Barcha, como quiera que muchos solo atinan a juzgarlo frente al talento de su padre, Gabriel García Márquez.

“En mis otras películas, exploraba el universo de las mujeres sin ser yo una de ellas, y en esta tengo como protagonista a Jesús, obviamente, sin que yo lo sea”, ironiza el director, cuya cinta clausurará este martes en la noche el encuentro cinematográfico más antiguo de América Latina, en el Teatro Adolfo Mejía.

García habló con EL TIEMPO sobre este nuevo trabajo, protagonizado por Ewan McGregor, el actor que saltó a la fama con Trainspotting y luego ha hecho más de 50 películas, como La amenaza fantasma, Big Fish o Moulin Rouge!

¿De dónde salió la idea de esta película?

Tuve la idea hace unos cinco años. Escribí un poquito y luego puse mi atención en otros proyectos, entre esos, la película Albert Nobbs, con Glenn Close, pero fue un ejercicio intermitente y, a la vez, un esfuerzo para mí.

No sé muy bien de dónde salió la idea. Siempre es muy difícil establecer de dónde provienen las ideas, pero fue una ocurrencia. Realmente, lo que me interesaba era el tema de la relación entre padres e hijos, y se me ocurrió agarrar la figura de Jesús, volviendo de su meditación en el desierto, de su ayuno, y que pasara tres noches con una familia que vive en el desierto (padre, madre e hijo). Es una familia que tiene ciertas complicaciones, y él trata de ayudar, de intermediar.

No me planteé que fuera del todo religiosa, sino que expusiera esos conflictos que se gestan en esa relación familiar. Evidentemente, la historia de Jesús ya se conoce, por lo que yo quería que se concentrara en aquellos a los que encuentra durante su paso por el desierto. Tenía que hacer algo con los otros (una familia que lidia con sus propios conflictos), pero sin dejar a un lado los cuestionamientos de Jesús acerca de su destino y las inseguridades que lo torturaban.

¿Cuál fue el mayor reto?

Todas las películas tienen un nivel de dificultad a la hora de hacerlas realidad, pero esta experimentó una gran carga a la hora de querer levantarla. En un momento, casi se acaba el proyecto, si yo no estaba dispuesto a hacerlo. Tenía un guion muy corto, y, por su naturaleza, no se sabía si se trataba de un filme cristiano o no; estaba centrada en el modelo de cine de autor, lo que, de alguna manera, podría reducir su campo de acción, ya que se piensa que se trata de un producto al que no le iba a ir bien comercialmente.

Al final, lidiamos con todos esos obstáculos y contamos con una estrella como Ewan McGregor, sin cuya presencia es posible que no hubiéramos logrado nuestro objetivo.

¿Cómo lo convenció?

Ewan y yo conversamos acerca del proyecto y luego él me llamo desde un velero en Australia, donde estaba rodando otra cinta, y me dijo que le encantaba la trama y que estaba listo para ser parte de ella.

El protagonista lucha contra sí mismo en el desierto, a veces en compañía, a veces en solitario. Parodiando a un escritor famoso, ¿son sus ‘40 días de soledad’?

(Risas) Realmente, lo agarré regresando de sus 40 días de ayuno, plegaria, contemplaciones, y se le aparece un demonio que lo tienta (no quiero arruinar la película...), y con él tiene varios encuentros. Y varios combates.

McGregor recibe indicaciones de Rodrigo García, mientras en la cámara observa Emmanuel Lubezki.

El talante humano de Jesús se subraya hasta con sus carcajadas...

Yo solo puedo hacer el lado humano. Si fuera el lado divino, no sé ni dónde empezar. No se me hubiera ocurrido nunca hacer un lado divino, con un dios de película. Sencillamente, ignoré el lado divino y me concentré en el lado humano: esta persona que se sabe especial, que sabe que tiene un destino, aunque no sepa los detalles. Y me concentré en eso, en su estado de ánimo en ese momento y en su relación con otros seres humanos, que tampoco saben quién es.

¿Es usted un ser religioso?

No. No particularmente.

¿Y eso influye en la película?

Yo me concentré en lo que sería la problemática humana. Jesús era, por lo menos, medio hombre, entonces en el lado humano, ¿qué complicaciones hay?, ¿qué conflictos?, ¿qué inseguridades?

Y yo me puse en su lugar, y traté de buscar cómo su lado humano enfrentaría estos retos y esta relación con esta familia. Puede tener una etiqueta religiosa, no estoy peleado con esa idea o con cualquier otra etiqueta con la que se quiera identificar la película. Si, para el público, el personaje es Jesús, pues no hay problema, ya que se trata de una ficción acerca de él.

Los paisajes del desierto son alucinantes. ¿Dónde fue filmada la película?

En el sur de California, en un desierto que se llama Anza-Borrego, a unas horas de San Diego. Es un lugar muy bello, muy particular. No quería filmar en lugares como Arizona o Colorado, en donde los desiertos son muy bellos, pero muy estadounidenses, son como íconos del western americano. En cambio, este es un lugar que la gente ve y, a menos que haya estado, no lo reconoce. Es una estética muy particular. Se parece como a las fotos de lugares en Medio Oriente o en lugares inclusive más remotos, en el hemisferio sur. Creo que sí logra ser un desierto muy particular.

¿Cómo fue su trabajo con el fotógrafo Emmanuel Lubezki, que acaba de ganar otro Óscar por ‘Birdman’?

Definitivamente, es un maestro. Yo ya había trabajado con él antes, y es alguien que tiene no solo un talento, su buen gusto, su conocimiento técnico, sino también un sexto sentido con respecto a lo que funciona y no funciona en una película. Trata de encontrar siempre el tono exacto, no se trata de que todo sea bello por ser bello. Entonces, es un colaborador único, y, finalmente, uno de los grandes fotógrafos del mundo del cine.

En el mismo tono está la música. ¿Quién la compuso?

La hicieron dos jóvenes que viven en Nueva York (Danny Bensi y Saunder Jurriaans), dos compositores que hicieron un par de películas independientes, y yo las había visto. Una de ellas, la hicieron con el director chileno Sebastián Silva... Pero, bueno, había visto varios trabajos de ellos, y es gente muy experimentadora. La música es lírica, pero no es sentimental. Tampoco es demasiado moderna, ni una especie de falsa música de la época de Jesús... Realmente, creo que hicieron un muy buen trabajo.

En Cartagena está Darren Aronofsky, que causó polémica por otra película de un personaje bíblico (Noé). ¿Les teme a esas críticas religiosas?

No. De hecho, soy muy fan de Aronofsky y he visto todas sus películas, menos Noé, porque estaba en cartelera cuando yo estaba filmando. Y no la quise ver para no estar pensando en ella.

Cada cual hace la película que le sale de la cabeza y la tiene que hacer, con miedo o sin miedo. No puede uno pensar a priori si va a ser atacada o no atacada.

Hay que ser todo lo arriesgado posible cuando se trata de un filme. Si no te da miedo hacerlo, entonces no vale la pena hacerlo. Siempre que haces una película, eso te implica un esfuerzo físico, mental y psíquico absoluto, y a mí me gusta moverme en ese contexto de riesgo.

La cinta ya tiene distribuidor en Colombia. ¿Qué expectativa tiene de que se vea en su país?

Cualquiera que hace una película tiene la expectativa de que guste. Es una película muy particular. Hasta ahora, la recepción ha sido buena, tanto de público de tipo secular como de publicaciones cristianas. Creo que logra ofrecer algo a todos. No es una película estrictamente cristiana ni es una película estrictamente atea. Es, realmente, sobre la relación de padres e hijos, y tomé como personaje central al personaje que es seguramente el hijo más famoso de todos.

En su película, Jesús se ve sobrecogido por ser hijo de quien es... ¿Acaso le pasó también a usted?

No. Con toda proporción guardada, ¡Gabo no era Dios ni yo soy Jesucristo! (risas). Y tampoco soy el hijo joven de la otra familia en la película. Ni mi padre tampoco era el de él. Pero sí traté de trabajar un poco sobre esos problemas arquetípicos de padres e hijos.

Por eso, diría que no fue una película de época, porque quería que los problemas fueran vistos de una manera muy fundamental, de conflicto, de visiones diferentes de la vida entre un padre y un hijo. Realmente, no está basada en ninguna familia en particular.

Hablando de padres, ¿qué sintió en la pasada ceremonia de los Óscar, cuando su padre recibió el homenaje póstumo?

Me dio mucho gusto y, además, me sorprendió. No lo esperaba. Incluso, aunque Gabo escribió guiones y estuvo siempre involucrado en el cine, cuando apareció su nombre, con su foto, el título fue ‘Escritor’. Ni siquiera lo pusieron como guionista, sino como escritor. Creo que fue una manera de hacerle un homenaje, más allá de su paso por el cine.Fue muy conmovedor.

¿Dónde estará el próximo 17 de abril (cuando se cumple el primer aniversario de la muerte de Gabo)?

No lo sé todavía, pero pensaré en él…

ANDRÉS HOYOS VARGAS y JULIO CÉSAR GUZMÁN
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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