Dos pueblos del Valle en 'guerra' por acceso al agua

Dos pueblos del Valle en 'guerra' por acceso al agua

La llegada de acueducto a Villagorgona desató conflictos con Florida. No quieren compartir el río.

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14 de marzo 2015 , 07:42 p.m.

Hace menos de 10 días los cerca de 28.000 habitantes del corregimiento de Villagorgona, en Candelaria, en el sur del Valle del Cauca, celebraron que salió agua potable por sus grifos después de 470 años de historia. Pero esa misma tarde, alguien cavó metro y medio para tratar de dañar la tubería. (Lea también: Buscan restablecer el servicio de agua para Villagorgona)

Dos días después, el pasado lunes, se evitó un atentado con gasolina y llantas en el mismo sector del vecino municipio de Florida, donde hay quienes se oponen a compartir el líquido del río Fraile por temor a un desabastecimiento. (Lea también: Recompensa contra ataques a tubería de agua de Villagorgona)

Es una tensión que se mantiene desde cuando se impulsó un viejo proyecto de llevar el líquido al corregimiento candelareño, donde hay incluso más habitantes que en la cabecera urbana (25.000).

“Durante los últimos años han hecho lo mismo, rompen la tubería y le meten una llanta quemada, con esto logran afectar toda la red”, asegura César Chicaisa, ingeniero de la empresa de Acueductos del Valle (Acuavalle). Unos 120 metros de tubería han sido averiados y las labores de reparación, según Acuavalle, son arriesgadas.

La situación ha llegado tan lejos que incluso en diciembre del 2013 se decretó un toque de queda en Florida porque manifestantes intentaron ingresar a la Alcaldía para que se desistiera del proyecto, en el que se han invertido 30.000 millones de pesos. Los opositores se cuentan por decenas.

Algo impensable para Ubeimar Delgado Blandón, gobernador del Valle: “No cabe en la cabeza que una persona normal quiera acabar con el mínimo vital de agua para los seres humanos, perjudicando a las niñas y niños, a todos, es inaceptable”.

Por su parte, Humberto Swann, gerente de Acuavalle, elevó un llamado a las autoridades para que controlen esta situación y advirtió: “Nosotros solo somos una empresa prestadora del servicio”. Sin embargo, Ramiro Moncada, secretario de Gobierno de Florida, dijo que los hechos son reprochables, pero que las medidas fuertes las tiene que tomar Acuavalle. “Hemos invertido 200 millones de pesos en seguridad, le tenemos que pagar a la Policía muchas cosas como para que Acuavalle no se ponga la camiseta y defienda el proyecto”, mencionó.

Ofrecen recompensa

Moncada señaló que los reportes de los sospechosos se han enviado a la Fiscalía para que se emitan las órdenes de captura, pero aclaró que aún no se ve el trabajo de la justicia. “Acuavalle –señala– quiere que lo protejan como a un bebé recién nacido, no podemos tener a la Policía, que debe velar por Florida, concentrada en una tubería sin que Acuavalle ponga un peso”.

El comandante de la Policía del Valle, coronel Fernando Murillo, resaltó que se ofrecieron 20 millones de pesos de recompensa por información sobre los responsables del hecho. “Esto no tiene nada que ver con subversión ni paramilitarismo, eso viene de años atrás”, sostiene Murillo.

Y John Wilson Rengifo, alcalde de Candelaria, reiteró su llamado al Gobierno para que se ocupe de esta situación. “Tememos que la comunidad, que ha soportado la oposición y los atentados, un día se levante sin el líquido y entonces haya una respuesta. En Florida nos han dado su apoyo, pero no se tiene la suficiente fuerza pública como para velar por los ciudadanos y cuidar la tubería”, afirmó.

En Villagorgona hay 39 familias dedicadas, por generaciones, a la venta de agua potable, como Gustavo González, quien heredó el negocio de su padre. Un galón o medio se vende entre 1.000 y 800 pesos; otra de las opciones es el agua que proveen los Bomberos, que cuesta 500 pesos.

César Chicaisa, de Acuavalle, sostiene, en contra de lo que dicen en Florida, que el acueducto no seca el río Fraile. “Por ahí pasan tres metros cúbicos por segundo de agua; nosotros solo sacamos 240 litros por segundo para abastecer la planta, el agua se desperdicia en otras actividades”.

Víctor Vargas, de 81 años, llegó hace 20 años del Huila y se dedica a reparar televisores. Recuerda que cada vez que abría la llave “solo salían pelos y lombrices, era muy desagradable y aunque ahora el agua tenga un sabor un poco extraño me siento a gusto con la llegada del acueducto. Ahora sí puedo morir más tranquilo”, asegura.

EL TIEMPO
Candelaria (Valle).

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