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La mejor Ecaes quiere ser símbolo de esperanza

La mejor Ecaes quiere ser símbolo de esperanza

Ana María Carabalí, estudiante de Univalle, obtuvo uno de los mejores puntajes en pruebas Ecaes.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
05 de marzo 2015 , 08:07 p. m.

Delgada y de sonrisa amplia, a Ana María Carabalí le brillan los ojos por el orgullo de figurar como una de las mejores pruebas de Estado de Calidad de la Educación Superior (Ecaes) de Colombia en el segundo semestre del 2013.
Es una alegría para una estudiante que desde su nacimiento tuvo momentos difíciles y estuvo a punto de dejar su carrera como licenciada en lenguas.

Ella, al igual que otros 10 estudiantes del país, cinco -incluida ella- de la Universidad del Valle, aparecen entre los mejores puntajes en el grupo de referencia de educación, en las áreas de competencia ciudadana, inglés, lectura crítica y razonamiento cuantitativo. “Es un orgullo, algo que no me esperaba y que llegó como una bendición”, asegura.

Tiene razón cuando dice que no estuvo atenta a los resultados, pues los que se supone llegarían en febrero del 2014, terminaron por serle entregados en el 2015.

“La medalla la enviaron a la Universidad, ya que no se nos avisó de la ceremonia, donde nos iban a entregar un diploma y la medalla. Pero igual fue emocionante”, cuenta Ana María, de 30 años, que durante algún tiempo consideró incierto el futuro de su carrera por problemas personales que la agobiaban.

Aunque su sonrisa la acompaña siempre, su niñez tuvo sus tintes de drama. Fruto de la pobreza que vivía su madre, de tan solo 13 años, en zona rural de Guapi, en el Cauca, fue dada en adopción a una familia de Jamundí (Valle), a donde llegó a compartir con otros tres hijos de una pareja.

“Aunque fuimos humildes, nuestra mamá nos enseñó a ser siempre visionarios, echados para adelante. En mi casa no había televisor, pero en su lugar teníamos títeres, íbamos a la biblioteca y mi mamá nos enseñaba”, cuenta.

Esa niñez fue feliz, jugar a que era la profesora de sus amigos, divertirse y vivir aventuras en las polvorientas calles de Las Acacias, un sector popular de Jamundí que le permitió conocer y aprender de la verdadera grandeza.

Pero a los 7 años, su padre fue engañado en un negocio de tierras. Cuando quiso recuperar lo robado, unos hombres lo citaron para hablar del tema y jamás regresó a casa. “Fue algo duro, pero mi mamá no dejó de atendernos, de enseñarnos y logró sacarnos a adelante a mis hermanos y a mí”, resalta Ana María.

Su carrera de lenguas la inició en Univalle, en el 2002, pero tuvo algunos problemas personales cuando quiso encontrar a su madre biológica y eso la llevó a replantear su vida en el 2006. Primero utilizó un programa de intercambio de la Universidad y viajó a Estados Unidos, fueron dos años en los que tomó nuevos aires y siguió con su carrera en el 2010.

“No sentía que me estuviera yendo bien, por eso me retiré en ese entonces, cuando pude hablar con mi madre biológica, saber de mi historia y hacer frente a algo que siempre me había hecho sentir diferente, pude regresar y seguir con mis propósitos”, narra la joven que asegura que todo lo que pasó no fue en vano y su familia en Jamundí la sigue apoyando. Todo esto le permitió creer en sus facultades y por eso quiere que todos vean su historia como un símbolo de la esperanza.

Hoy, Ana María es docente de inglés en el Liceo Belalcázar, en el oeste de Cali. También es voluntaria del programa Chao Racismo y estudia alemán.

CALI

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