¿Debe Colombia intervenir en la crisis venezolana?

¿Debe Colombia intervenir en la crisis venezolana?

Una revisión a las ventajas y desventajas de una intervención del Estado en el vecino país.

03 de marzo 2015 , 12:32 a. m.

“Silencio cómplice”; “silencio cobarde”; “que haga algo”. En Colombia fueron abundantes las expresiones de ese tenor tras la detención de Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas. Ledezma, recordemos, fue detenido en un procedimiento bastante irregular y hay razones para pensar que la motivación de su captura sea la persecución política. Con actos como este o como la ya prolongada detención de Leopoldo López, o el uso de armas de fuego para reprimir protestas, la vigencia de los derechos humanos y las instituciones democráticas en Venezuela se ha puesto bajo cuestionamiento. Ante ello, entonces, numerosas voces de opinión reclaman que el Gobierno colombiano “haga algo” o “diga algo”. Brevemente entonces, consideraremos en este espacio las ventajas y desventajas de una intervención del Estado colombiano en la situación de Venezuela.

En principio parece que tenemos en la mesa dos posibles formas de intervención: la denuncia y la mediación.

La denuncia consistiría en pronunciamientos reprobatorios del proceder venezolano y seguramente en capitanear una especie de movimiento internacional de protesta y condena. Es lo que tienen en mente quienes reclaman que “las democracias no se queden calladas” y que Colombia asuma ese liderazgo. Esta alternativa no ha sido sugerida por el Gobierno y su origen viene de sectores políticos y de opinión.

La mediación sí fue sugerida por el presidente Santos; esta consistiría en poner a disposición de Venezuela la capacidad de interlocución del Gobierno para detener el enfrentamiento entre las partes. Ello supondría que tal capacidad de interlocución existe y que las partes están bien definidas.

Veamos primero la alternativa de la denuncia. Esta parte del supuesto de que si un país es democrático tiene un deber moral de actuar más allá de sus fronteras para defender la democracia. Parte también del supuesto de que hay instrumentos eficaces de acción, es decir, que la denuncia y el movimiento que generen tienen posibilidades de lograr algo.

Veamos esos supuestos en orden inverso. Existen nulas posibilidades de que una denuncia internacional de carácter político, iniciada y liderada por Colombia, pueda producir efectos sobre la situación venezolana. Tal vez en las primeras horas habría manifestaciones tímidas de solidaridad, pero la verdad es que la crisis venezolana ocupa un lugar muy inferior en las prioridades de la agenda internacional (si es que aparece). En tiempos de ISIS, en tiempos de Ucrania, en tiempos de crisis en la Eurozona, en los tiempos de Syriza y Podemos, la irrelevancia internacional de los asuntos latinoamericanos se ha acentuado. Y en la propia región sería imposible armar una coalición política eficaz, que no fuera contrarrestada por otra de apoyo o al menos de silencio solidario con Venezuela. La cruzada moral del país quedaría reducida a un asunto de gobiernos de derecha vs. gobiernos de izquierda.

Pero veamos el otro supuesto: ¿tiene necesariamente Colombia que “hacer algo”? Puede que suene duro decirlo, pero esta es una decisión que siempre debe tomarse en un cálculo de costo-beneficio, en el cual Colombia no tiene nada que ganar y posiblemente mucho que perder.

Ahora bien, hay mucho de lo que Colombia puede hacer para promover la democracia en el mundo y convertirse en aquel faro de luz democrática que demandan los que piden “hacer algo”. Si Colombia pusiera su casa en orden, si sus propias instituciones democráticas y sus libertades fueran íntegras, Colombia sin duda se convertiría en un faro que por la vía del ejemplo mostraría el camino a países como Venezuela. Pero aún es temprano para que nuestro país, afectado por graves casos de persecución a la oposición, de acoso a los medios, de represión excesiva, de corrupción generalizada y de condiciones miserables en el sistema penitenciario, salga públicamente a reprender a Venezuela por su trato a la oposición y a los medios, por la represión de la protesta, por la corrupción y por las malas condiciones carcelarias.

Todos estos problemas son sin duda mucho más agudos en Venezuela. Pero más le ayudaremos a ese país con ejemplo íntegro que con sermones. La política exterior empieza en casa, como titula Richard Haass su último libro.

Existe finalmente la alternativa de la mediación. Ella es menos riesgosa que la anterior y más acorde con las posibilidades del país. Pero no carece de problemas y debería examinarse con cuidado. Primero, la definición de los actores entre los que habría que mediar no es clara. Segundo, es ideal que un mediador tenga y haya tenido frente a las partes la mayor distancia posible: Colombia ha estado demasiado cerca del problema venezolano y demasiado entrelazado con éste: no podría tener esa fría distancia que garantice que ambas partes le acepten sin sospecha.

La perspectiva aquí expuesta resultará gris para muchos, que sí desean ver a nuestro país como campeón regional de la democracia. Para ello existe, sin embargo, la fórmula que ya se expuso: el perfeccionamiento de nuestras propias instituciones y la sólida autoridad internacional que solo por ese hecho termina surgiendo.

ANDRÉS MEJÍA VERGNAUD
Director de Análisis y Estrategia NSG - Desmarginalizar y columnista invitado del Centro de Estudios Internacionales, CEI, de la Universidad de Los Andes

(Las opiniones expresadas por los autores que contribuyen en este espacio se hacen a título personal y no comprometen el nombre de las instituciones a las cuales los autores se encuentran afiliados).

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.