Omar Souleyman, el dios de la música electrónica, estará en Bogotá

Omar Souleyman, el dios de la música electrónica, estará en Bogotá

El artista empezó animando bodas. Ha participado en los grandes festivales del mundo.

28 de febrero 2015 , 06:04 p.m.

No es raro contratar músicos o DJ para amenizar fiestas de matrimonio en cualquier parte del mundo. Lo raro es que esas fiestas sean la plataforma de lanzamiento de un artista y lo conviertan en un ídolo en su país. Algo así le ocurrió a Omar Souleyman, un sirio que comenzó animando bodas y que ahora es una especie de pequeño dios de la música electrónica, un raro espécimen adorado allí donde va, ataviado siempre con su ropa tradicional árabe, un espeso bigote y gafas oscuras (perdió un ojo). La virtud –y lo extraño– de Souleyman es que no proviene de los epicentros culturales que dominan la música como Nueva York, Londres o Berlín. Él ha recorrido un camino mucho más lejano. El jueves desembarca en Bogotá como parte de una gira en la que está mostrando su nuevo trabajo, Wenu Wenu.

Hasta 1994 el trabajo de Omar Souleyman consistía en hacer presentaciones musicales en salones y en casas. La gente solía grabar aquellas sesiones para, como manda la tradición, regalárselas a los novios. Poco a poco esos registros se fueron duplicando y comenzaron a aparecer casetes en mercados populares. Más de 500 se repartieron en el kurdistán sirio, en el norte del país, de donde es el músico. Poco a poco, y gracias al efecto viral de algunas de sus actuaciones, el mundo comenzó a hablar del tecno-Shaabi, la música dabké y de los sonidos de oriente que, mezclados con ritmos electrónicos ponen a bailar hasta al más indiferente. Su éxito global se debió, también, a que el sello independiente Sublime Frequencies, que divulga música de África y Asia, se fijó en él.

Las canciones de Souleyman, interpretadas en árabe y kurdo, contienen, por lo general, letras que hablan de amor y desamor, de felicidad, dolor y de las pequeñas cosas diarias. Sin referencias religiosas ni políticas. Son invitaciones al baile y al goce que superan las barreras idiomáticas. “Son temas compartidos por todo el mundo. Por eso, gustan a mucha gente. Donde yo vivo, hay kurdos, ¿por qué no voy a cantar en kurdo? En las bodas, que son eventos que unen a todo el pueblo, canto en árabe y canto en kurdo, y así todos lo entienden”, dijo Souleyman en una entrevista con el diario El País.

Su éxito es tal, que en los últimos años se ha presentado en festivales tan importantes como Glastonbury, Sonar o Primavera Sound. Su música ha llegado a países como Estados Unidos, México, Argentina, Inglaterra, Suecia, Portugal, Chile y Francia, entre otros.

Y también ha sido llamado por la islandesa Björk para trabajar en remezclas de su canción Crystalline, que aparecieron en el año 2011.

Souleyman proviene de la región de Ra’s al-’Ayn, en el noreste de Siria. Creció escuchando música en árabe y kurdo, bases musicales que luego expandió al tener sus propios músicos e incorporar elementos electrónicos como teclados y secuencias. Un sonido nativo con condimentos globales que nos hace pensar si no es una historia similar a la de la champeta colombiana, la changa tuky venezolana o el technobrega y el funk carioca de Brasil. Al principio nativo y de nicho, luego buscado como un tesoro y al final, documentada por sellos que buscan siempre aquello que ya no es rock, hip hop, metal, pop, jazz ni tampoco folk.

Su más reciente disco incluye traducciones que acercan su obra a otras audiencias, pero siempre sin perder su esencia. Souleyman reconoce que no ensaya ni prepara sus presentaciones; al verlo en vivo a través de los videos que existen en YouTube, podría decirse que entra en trance y que la música es quien lo lleva.

Sobre su nacionalidad, todavía pesa un estigma. A menudo se enfrenta a controles particulares o a visas limitadas. El mundo aún tiene prevenciones, pero Souleyman no se detiene. “La música es una clave para acercar Oriente y Occidente, que en principio se ven separados”, dice.

A Bogotá viene por primera vez. Suramérica no le ha sido esquiva y si bien sigue siendo un artista de nicho, no es una exageración decir que luego de una noche en la capital sus fanáticos crecerán exponencialmente. Después de escucharlo, nadie se queda quieto.

Turquía, y una canción de 30 minutos

1. Su más reciente disco fue producido por el músico británico Kieran Hebden, conocido como Four Tet.

2. El 11 de diciembre de 2013 se presentó en Oslo (Noruega), como parte del concierto del premio Nobel de la Paz.

3. El sello discográfico que presentó sus primeras grabaciones para audiencias occidentales fue Subliminal Frequencies de Estados Unidos.

4. Una de sus grabaciones, ‘Leh Jani’, de 1998, es una canción que dura treinta minutos.

5. Vive en Turquía, lugar que lo ha acogido luego de salir de Siria por la guerra.

JOSÉ ENRIQUE PLATA
Para EL TIEMPO

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