Ostras con whisky y otras rarezas / Hablemos de vinos

Ostras con whisky y otras rarezas / Hablemos de vinos

Los ahumados whiskies de las Islas son uno de los mejores compañeros que las ostras pueden tener.

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28 de febrero 2015 , 05:58 p.m.

En algún momento de nuestra historia con las bebidas en Suramérica, lo que se usaba era el whisky. Dependiendo de la marca que bebías, era tu estatus. Recuerdo que en mis primeros viajes por el continente en plan vinos, lo que yo veía en los restaurantes era gente tomando whisky, comiendo con él como si fuera lo más natural del mundo ingerir alimentos con una bebida de más de cuarenta grados de alcohol.

Hoy las cosas han cambiado y ya ese espectáculo casi no se ve, al menos en público. Sin embargo, y aunque a mí no me gusta beber whisky con ravioles, sí creo que hay momentos en los que el vino o la cerveza (o el té, por cierto) no son la única alternativa y se debe recurrir a un destilado para acompañar el menú.

Whisky con ostras, por ejemplo. Tal como suena. Los ahumados whiskies de las Islas, con su profundo sabor a turba, son uno de los mejores compañeros off-vino que las ostras pueden tener. Ofrecen cuerpo (las ostras piden cuerpos generosos) y esos aromas a humo van muy bien con las notas salinas de estos moluscos deliciosos, diseñados en algún lugar del paraíso.

Otra de las armonías esenciales entre destilados y comidas es el vodka y el caviar, de Beluga, en lo posible. Esto suena o demasiado eslavo o demasiado sofisticado, lo sé. Pero alguna vez tienen que hacer la prueba. Dejen la botella de vodka por todo un día en el congelador, hasta que su consistencia sea cremosa. Luego, vayan por un par de pequeñas tostadas y úntelas con una cucharadita de caviar negro. Una mordida y, al momento, un trago de vodka. Si me lo preguntan, esa es una de las mezclas más alucinantes que se han inventado los rusos para que todo el resto del mundo pase el invierno.

Chocolates. Hay quienes insisten en que el chocolate –por mucho cacao que contenga– va bien con algunos tintos. Puede ser. A mí la idea no me gusta. Prefiero beberlos con oportos que también son vinos. Sin embargo, si no están pensando en esos chocolates super- gourmet y, en cambio, van por el lado de los bombones bien grasos y rellenos de confituras, yo les recomiendo que consigan una copita de coñac o, si lo prefieren, de un ron bien añejo. La mezcla es perfecta porque el chocolate en tal estado necesita de bebidas potentes, que resistan lo que sea. Ahí está el ron.

PATRICIO TAPIA
Especial para EL TIEMPO

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