¿Por qué el vestido cambia de color?

¿Por qué el vestido cambia de color?

El médico Carlos Francisco Fernández y el astrofísico Santiago Vargas aclaran desde lo científico el debate.

27 de febrero 2015 , 07:49 p.m.

 El color del vestido es azul con negro. Punto. Y la confirmación la tiene la marca británica Roman Originals, que lo vende en su tienda por 50 libras (unos 192.000 pesos).

Ayer, la foto de un simple vestido, que unos ven dorado con blanco, y otros azul con negro, le dio la vuelta al mundo, colmó titulares de prensa, encabezó listas de los artículos más leídos en medios digitales y se volvió tendencia en redes sociales.

Pero, ¿qué hace que unos lo vean de un color distinto que otros? Carlos Francisco Fernández, asesor médico de EL TIEMPO, explicó que el color no existe sino que está solo en el cerebro.

“Es construido de la misma forma que los significados de las palabras. Sin los procesos neuronales no seríamos capaces de comprender los colores de las cosas, al igual que somos incapaces de comprender una lengua que no conocemos”, señaló.

En lo que se refiere a la percepción del color –agregó Fernández–, el cerebro procesa la forma de los objetos por un lado y sus colores por otro y los unifica de acuerdo a la condición de cada individuo.

“Cuando el cerebro tiene dificultades para integrar las señales recibidas por ambos ojos o si tales señales son lo suficientemente distintas o confusas –y eso es lo que ocurre con las rayas del vestido–, el cerebro resuelve el conflicto suprimiendo la información recibida por uno de los ojos o le otorga la luminosidad o el contraste que le conviene y que mejor se adapta a las características de la persona y su estado biológico”, dice Fernández.

Y agregó: “Las rayas en sí lanzan longitudes de onda que no ofrecen contrastes definidos y el cerebro toma el atajo que encuentra a la mano. En ese atajo unos las verán doradas, otros azules, otros blancas. Lo cierto es que sin luz todos las verán iguales: negras”.

El astrofísico colombiano Santiago Vargas lo explica a partir de la percepción del color. “Los ojos captan los fotones, o partículas de luz, que vienen con diferentes energías. La visión del color es una característica que tenemos gracias a los perceptores en nuestra retina, unos 6 millones de los llamados conos, con los que podemos diferenciar diversas longitudes de onda de la luz”, dice.

Nuestros ojos –agrega– están diseñados para percibir un pequeño rango de toda la luz, que llamamos luz visible, para diferenciarla de otros tipos de radiación como las ondas de radio, microondas, infrarrojo, ultravioleta, rayos X y rayos gamma, para las que necesitamos instrumentos especiales si queremos observarlas.

“La constancia del color es un fenómeno de percepción que indica que lo que vemos puede cambiar dependiendo de la fuente de luz con la que sea iluminado y de la iluminación del entorno. Por ejemplo, si vemos un objeto bajo una sombra, el cerebro actúa como si supiera que allí los objetos se oscurecen. Por tanto, para compensar este efecto los colores los percibe algo más brillantes de lo que son realmente”, advierte el astrofísico.

En síntesis, el cerebro hace muchos supuestos que dependen del contexto en el que estamos y de la percepción individual de cada uno.

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