Mar de fondo

Mar de fondo

Cualquier resultado de este episodio del conflicto, la consecuencia es de evolución impredecible.

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27 de febrero 2015 , 06:11 p.m.

Aventurado predecir efectos del descongelamiento de la conciencia nacional ante la terquedad del fenómeno revolucionario de posguerra, anquilosado sin popularidad, el pueblo saturado por el genocidio bipartidista. Lo visible es que la refacción histórica en curso está generando actitudes inusitadas en la medida en que la población va asumiendo una realidad reprimida ante la que es inviable más indiferencia, un mar de fondo que provoca afectación política aún imprevisible, cuya vehemencia es mejor que la resignación de dos generaciones con la asimetría entre política y realidad.

Hay gente que hasta ahora se entera de implicaciones de todo orden de rebelión y reacción, no obstante que esta siguiera predominante sobre estas dos generaciones, su comprensión deforme patente en la personificación en su previsible vocero coyuntural y sus euménides. La polarización no es ya entre rojos y azules o entre candidatos casuales de delfinato o clientelismo, sino alrededor de la complejidad socioeconómica implicada en acuerdos y su implementación. Negociación, pactos y cumplimiento pueden fracasar o dar en imprevistos, en evidencia en cambio la irresponsabilidad dirigente tradicional al respecto, reforzada ahora por la irrupción inatajable de globalidad. Es inadmisible que la vida pública sea igual luego de sesenta años de estancamiento mental.

Tal evolución no sería tipo en que medio mundo creyó en postguerra. Es además término con mucha carga ideológica, si revolucionaria, referida a cambio brusco y hasta violento, aunque equívoco porque la hay pacífica pausada: económica, tecnológica, religiosa, artística; en posguerra hubo remezón racial, sexual, femenino, en costumbres, en moda, en apertura legal a natalidad, aborto, a minorías oprimidas. Inadvertida por la mayoría, la transformación mental es constante, indisociable de la social.

En Iberoamérica no hubo las ideas que produjeron modernidad, a no ser en la procedencia de ese tipo de la independencia, distraída por el individualismo liberal en favor de sucesos como la guerra napoleónica o el quiebre monárquico español. El paso lento de agrario a civil, aquí a golpes, aún está represado idealmente en Colombia, según García Márquez diferenciada de México o Venezuela por la derrota de la revolución liberal, de federalismo por centralismo, el republicanismo sofocado por el bipartidismo militarista y el macartismo, esquematizada la opinión entre amiga o adversaria ante procesos como el cubano o el chileno, como ahora con el del vecindario.

El boquete que abren en la vida pública esclerótica la negociación e incluso la abundante charlatanería y oportunismo alrededor no es manejable según el represamiento bipartidista, sí con el de la actualización democrática al menos de opinión en curso en todo el mundo, cada vez más repudiable la esclerosis politiquera frente a la realidad nacional y global.


Jorge Restrepo

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