'El viacrucis para no perder mi pierna'

'El viacrucis para no perder mi pierna'

A pesar de durar años peleando contra la tramitomanía, perdió su miembro derecho.

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26 de febrero 2015 , 08:19 p.m.

Ya no recuerda cuántas tutelas interpuso, cuántas órdenes tuvo que archivar, cuántas veces rogó para que lo remitieran a un especialista. El cáncer logró su cometido. A Óscar le amputaron la pierna derecha.

El joven nació en Salamina (Caldas), un pueblo en donde la infancia es solo felicidad. A pesar de la ausencia de dinero, su padre, un jornalero, y su mamá, ama de casa, trabajaban de sol a sol para que nada faltara. Pero a los 18 años recién cumplidos, una masa en su pierna derecha, “entre la tibia y el peroné”, agobió sus días. “Comencé a caminar raro, no podía dormir, el dolor era impresionante”.

En el centro médico de su pueblo, a duras penas le sacaron una radiografía. “Le tocó irse para Manizales, aquí no sabemos qué hacer”. Así le dijeron.

Luego de recolectar dinero para lograr un pasaje llegó a la Clínica Santa Sofía. “Me trataron bien, me hicieron una biopsia y me dijeron que era cáncer, pero que era operable”.

Óscar tuvo que vivir solo en esa ciudad porque, si su padre no trabajaba, la familia entraba en crisis. “Lo que más me dolió fue abandonar mi colegio. Iba en noveno. Me quedé sin rumbo. Lloré muchos días”.

Meses después de interponer todos los recursos existentes logró una cirugía. Ese día llegó a un lugar lúgubre. “Sentí que me hicieron la operación en una clínica de garaje. Es más, el médico me dijo: ‘Debería de una vez amputarse la pierna. Dejaron todo a medias’ ”. Mientras todo eso pasaba, Óscar aguantaba hambre. Recuerda con angustia una semana entera en la que no comió. “Fue tanta mi angustia, y mi dolor, que pensé en robar, pero Dios hizo que me encontrara un amigo de Salamina. Él me dio de comer y me consiguió un trabajo en un almacén de chaquetas con el que pude alimentarme y sobrevivir un tiempo allá”.

Como era de preverse, la intervención fracasó. La masa se reprodujo, igual que los problemas con la empresa de medicina prepagada (EPS) Salud Vida, o ‘Salud muerte’, como le dice Óscar.

Solo en el 2008, tras una dolorosa lucha, logró una operación en la clínica Las Américas de Medellín. “A mis papás les tocó pedir plata prestada. Aunque esta cirugía fue mejor, el avance de la enfermedad ocasionó que pequeños fragmentos de la masa se quedaran en mi cuerpo”.

La falta de una atención oportuna hizo que el joven perdiera la movilidad. Su vida tuvo que transcurrir de la mano de un bastón.

Cuando logró atención en Bogotá, le dijeron que la pierna se podía salvar si se volvía a operar, pero la EPS tardó un año en remitir al paciente y cuando él pudo volver ya no había nada que hacer, el cáncer había invadido todos los tejidos de su cuerpo. “Cuando miraba esos arrumes de papeles, de remisiones, pensaba: ‘¡Qué cantidad de basura!’. Eso somos para el sistema de salud de este país”.

Conoció la capital solo para esperar el día en que le cortaran esa parte del cuerpo. No tenía dónde vivir. “Un conocido que me recibió me dijo que lo mejor era que me parara en una iglesia a pedir limosna, que él no me podía tener así. ¡Qué humillación!”.

Entonces le tocó pasar sus días en una fundación que recibe a personas de otras ciudades que padecían su mismo viacrucis. “Allá vi morir a mucha gente que nunca logró una atención médica. Un hombre con un traqueotomía y una joven de 32 años simplemente fallecieron. Uno de ellos, el 20 de julio. Pensé que yo era el próximo”.

Mientras la EPS presionaba a la fundación para que le suspendiera los servicios a Óscar, ya de 24 años, le amputaron la pierna. Recuerda esa fría sala, el olor a medicamento, la sedación y abrir los ojos, darse cuenta de que un sistema de salud que carece de humanidad le había quitado por fin lo que pudo haber salvado. “Cuando desperté fue brutal. Rompí en llanto, como un bebé. Más de la indignación de pensar que mi pierna tuvo esperanzas de mejorarse”.

A pesar de su tragedia, Óscar no quiso volver a su pueblo. Se resistía a ser una carga para sus padres, quienes viven en un piso subterráneo al que a duras penas le entra la luz.

Entonces siguió en la lucha, ahora para que le dieran una prótesis. “Me decían que ellos ya habían hecho lo suyo, que ya me habían cortado la pierna, que dejara de pedir cosas”. Afortunadamente hubo gente que lo apoyó, el empresario Horacio Duque, la señora Astrid, ángeles en una sociedad indiferente.

Así, luego de tanto suplicio llegó a Teletón. Un oasis en una vida árida, sin para qué vivir. “Allá me dieron mi prótesis, me rehabilitaron, me ayudaron a terminar mi bachillerato y hasta me dieron trabajo. Soy recepcionista en una de sus sedes”.

Hoy, aunque lamenta perder tanto tiempo de su juventud, alberga la esperanza de que nada más le arrebate sus sueños: algún día estudiar medicina, casarse, tener una casa, ayudar a sus papás, lograr todo eso que la ausencia de una atención digna le quitó.

Llegó Teletón

Este viernes y sábado renace la esperanza para miles de personas que, como Óscar, necesitan ayuda para superar la enfermedad. Teletón invita a todo el país a unirse a ‘Mírate, Colombia, y ve lo mejor de ti’.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO
*Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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