Editorial: Los otros diálogos de paz

Editorial: Los otros diálogos de paz

Bienvenido cualquier espacio que ponga al país a hablar de paz. No podemos permanecer indiferentes.

24 de febrero 2015 , 08:04 p.m.

Cualquier espacio que permita un intercambio respetuoso y constructivo de puntos de vista en torno a la paz, como el que tuvo lugar ayer en la Universidad del Rosario en el foro ‘Ideas para que Colombia consiga la paz’ –que contó con el apoyo de esta casa editorial–, debe asumirse como un avance hacia el gran anhelo de que muy pronto estemos hablando de la firma de un acuerdo con las Farc.

Y es que ahora que el proceso en La Habana entra en su fase decisiva, es necesario insistir en la importancia de traer al debate público los temas que hacen parte de la agenda de los diálogos. Porque de la sociedad civil pueden surgir ideas que oxigenen, les den nuevos horizontes a las conversaciones en la mesa y, no menos importante, porque es preciso calentar un ambiente que todavía hoy, no obstante el que ya se hable de la recta final de cara a un hecho que ha de marcar un antes y un después en la historia de Colombia, se debate entre la apatía y la polarización.

Así mismo, dada la trascendencia que la negociación tiene hacia afuera, igualmente importante es cosechar apoyos internacionales que, de una u otra forma, sirvan como catalizadores de una negociación cuyos vientos en contra se originan, en ocasiones, más allá de nuestras fronteras. En este sentido, es fundamental que voces respetadas y de la talla de un premio nobel de Paz como el costarricense Óscar Arias –participante en el evento–, y un exsecretario general de la ONU, como el ghanés Kofi Annan, expresen su apoyo.

Justamente, uno de los puntos centrales en la intervención de Arias fue el de la necesidad de entusiasmar a una ciudadanía que no puede permanecer indiferente, menos si los acuerdos serán refrendados en las urnas. Un interés que, por cierto, no puede limitarse a este paso, sino que debe mantenerse y traducirse en un compromiso de la sociedad para que después de levantada la negociación continúe la construcción de la paz estable y duradera. Porque vale la pena insistir, así como ayer lo hizo el jefe del equipo negociador, Humberto de la Calle, en que la paz no caerá del cielo luego de la firma, sino que hay que construirla. Y un eventual acuerdo equivale apenas a los cimientos.

No menos significativo es que personas con tanto recorrido y logros en este campo recuerden que en un esfuerzo como este, si bien hay que lograr consensos básicos, no es realista ni recomendable aspirar a que se generen respaldos unánimes o desenlaces en los que una de las partes se libre de tener que hacer concesiones. De esto último deben tomar nota las Farc. Y es que a estas alturas los representantes en Cuba de dicha organización aún apelan a la arrogancia y a las gambetas dialécticas cuando son confrontados y se les exige reconocer a sus víctimas, tal y como se lo recordó ayer De la Calle, quien también señaló, con razón, la necesidad de que la justicia transicional cobije a todos los actores que han tenido relación con el conflicto.

Es necesario, entonces, valorar y promover espacios como este, que pongan al país a hablar de paz. Ya es hora de que terminen el sigilo y la reserva que marcaron los primeros pasos. Saber dónde estamos, para dónde vamos y de qué tamaño deben ser las expectativas es fundamental para que los colombianos se apropien de un esfuerzo que encarna la promesa de un mejor país para nuestros hijos. Nada menos.

EDITORIAL
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