Samaritanos, 17 años de voluntariado en las calles de Cali

Samaritanos, 17 años de voluntariado en las calles de Cali

La Fundación Samaritanos de la Calle llama a los caleños a ayudar a sus semejantes.

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24 de febrero 2015 , 07:25 p.m.

Las notas musicales del Cumpleaños Feliz, La Cumbia Cienaguera y el Sol mi, interpretados por 35 niños y adolescentes ataviados con camisetas rojas, marcaron la ruta de la celebración.

Ellos hacen parte de la banda marcial de los Samaritanos de la Calle, el voluntariado que nació en febrero de 1.998 entre los laberintos de El Calvario con el aroma del pan caliente y la dulzura de la aguapanela, y que ayer celebró los 17 años de una labor ininterrumpida.

“No ha sido fácil, pero con el amor las cosas más duras se tornan fáciles y con Dios todo es posible”, dice el padre José González, quien lidera la Fundación Samaritanos de la Calle, que desarrolla la labor social que llega para dar alivio a las comunidades vulnerables que tienen hogar precisamente en las calles.

Para este trabajo cuenta con una tropa de 630 voluntarios, entre profesionales, ciudadanos del común y jóvenes entusiastas que donan su tiempo y recursos para atender los diferentes servicios.

El trabajo no se quedó solo en jornadas de alimentación, la fundación cuenta con albergues en las zonas más vulnerables y una escuela móvil, que convierte en salón de clase las calles de El Calvario, Sucre, San Pascual, Obrero y Santa Rosa, para enseñar a niños, niñas y adolescentes que no asisten a la escuela formal.

Cuenta, además, con centros de escucha, escuela móvil, ropero, medicamentos, catequesis y apoyo espiritual.
Desde esos frentes se desarrolla el proceso nada fácil de resocializar a quienes han caído en las drogas.
Son de 1.500 a 2.000 personas las que se benefician de esos proyectos.

“Llegar a los 17 años quiere decir que estamos saliendo de la infancia para llegar a la juventud y mirar los 17 años pareciera que muchas veces que Dios no estuviera, pero no es así nos ha faltado descubrirlo y tal vez no lo vemos porque vamos entre sus brazos”, dijo el padre González, al referirse al significado de la labor que se realiza.

Esto también significa -agrega el sacerdote- que esta labor no solo permanece sino que crece porque cada vez más hay jóvenes y adultos que sucumben a las drogas, que so pretexto de favorecer el libre desarrollo de la personalidad terminan postrados y pierden sus proyectos personales y sus ilusiones.

La Iglesia le pide a la Arquidiócesis de Cali estar cerca a los pobres y es el servicio que prestamos.

A los caleños les pedimos que ayuden a ayudar a otros, que se vinculen a obras como estas que en sus barrios, en sus parques, en su comuna, pues habitantes de la calle hay en todos los sectores de Cali y no importa el estrato es una realidad que muchas personas están postradas por los alucinógenos, dijo el padre José, al cerrar la jornada con una procesión.

CALI

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