Cuando la prensa prefiere callar

Cuando la prensa prefiere callar

Hay libertad para opinar o no hay. Lo demás es censura o autocensura.

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24 de febrero 2015 , 05:31 p.m.

Solo quienes pensamos distinto logramos cambiar el mundo, en lo poco o en lo mucho. Qué horror los rebaños. Y qué pena la prensa que no quiere entender que la sociedad colombiana ha avanzado en su pensamiento, en mucha parte gracias a los periodistas que nos hemos atrevido a decir ¡no!, corriendo todos los riesgos y siendo víctimas de toda suerte de críticas, aun de la familia y de los supuestos amigos, y mucho más de la Iglesia y de las derechas que la siguen, caverna adentro.


Digo esto a propósito del debate que se ha presentado por la salida del columnista de ‘El Colombiano’ Yohir Akerman a raíz de su columna ‘Enfermos’, publicada en ese diario el 17 de febrero último. En ella decía que “la Universidad de La Sabana y la Corte Constitucional deberían tener claro que, definiendo la homosexualidad como una enfermedad, o tratando a la comunidad LGBTI como anormales, basándose en la palabra de Dios, es tan aberrado como defender la esclavitud, promover el castigo a muerte para los hijos o pedir pedradas para las mujeres que pierden su virginidad antes del matrimonio”, y cita algunos apartes del Antiguo Testamento que “se han demostrado aberrados”.


Lo apoyo. La historia de la humanidad, los llamados libros sagrados en distintas religiones, los poderes civiles y eclesiásticos han cometido toda clase de aberraciones en nombre de credos. Algunas barbaridades han sido superadas gracias a mujeres y hombres que no han comido cuento callados. Y esas personas merecen todo nuestro respeto y respaldo. Pero las censuras en los periódicos a sus mismos columnistas lo único que demuestra es que los pensamientos retardatarios siguen incrustados en los pilares que supuestamente soportan nuestra democracia.


La columnista del citado diario Ana Cristina Restrepo dijo el 18 de febrero en su columna: “Akerman renunció bajo presión. Su salida acaba con uno de los principios básicos que mueven el periodismo: la libertad”. Y yo me pregunto: ¿libertad? ¡Cuál libertad! La prensa y los gobernantes declinan ante el poder de la Iglesia, de la política, de los partidos, del dinero. En Antioquia, alcalde y gobernador parecen intocables. En Antioquia, el exalcalde Alonso Salazar incumplió un compromiso sagrado de hacer la Clínica de la Mujer bajo los parámetros que prometió en campaña, todo por presiones de la Iglesia; nada pasó; la prensa lo apoyó... ¡ahora se quiere reelegir! También en Medellín, la Biblioteca España, que fue entregada de afán para la llegada de los reyes de España, ha tenido serios problemas de diversa índole y su arreglo costará 11.000 millones de pesos. El ingeniero Yosef Farbiarz, coordinador del estudio que determina la causa de las fallas, dijo ante la comisión del Concejo de Medellín: “Con la plata pública no se puede experimentar”. ¿Se señalarán los responsables del gobierno de turno con nombre propio?


En Medellín hoy se están talando árboles irremplazables, bellos y sanos, para hacer unos ‘Parques del Río’ que no son prioritarios y han tenido serios cuestionamientos. Y en esta misma capital se quiere dar poderes especiales al alcalde, dizque para modernizar al municipio. ¡Qué miedo! ¿Seguirán intentando vender nuestros recursos, nuestra agua, nuestro suelo, como se ha querido hacer con Isagén? Las críticas de la prensa por todo ello son tímidas, porque hay compromisos, intereses políticos, porque no hay la tal libertad. Es algo como lo que ocurre con la diplomacia babosa de los presidentes de América Latina: abrazan a Nicolás Maduro como fariseos, se dicen demócratas y no se atreven a levantar la voz por el pueblo venezolano, que tiene su libertad herida de muerte. ¡Si uno solo hablara distinto en las famosas cumbres.


Quienes seguimos luchando por causas inaplazables como el derecho a la libre autodeterminación de la mujer sobre su cuerpo a la hora de interrumpir un embarazo que pone en riesgo su vida somos víctimas de todo tipo de señalamientos y malas miradas. Se le olvida a la sociedad que los derechos de los oprimidos han tenido que ser luchados. Y los derechos de las minorías han sido y seguirán siendo una tarea no propia de los rebaños.


Cito al columnista Ernesto Ochoa –‘El Colombiano’, 21 de febrero–: “Hay muchos silencios. Está el silencio cómplice. Es un silencio turbio, sórdido, complaciente”. Que el país se libre de ese tipo de prensa. Hay libertad para opinar o no hay. Lo demás es censura o autocensura.

Sonia Gómez Gómez

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