Vida y aventura en Cuetzalan, México

Vida y aventura en Cuetzalan, México

Cascadas, ríos subterráneos y naturaleza exuberante.

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24 de febrero 2015 , 12:06 a.m.

Estamos en Cuetzalan, uno de los Pueblos Mágicos mexicanos, en el estado de Puebla. Aquí, la naturaleza muestra su mejor cara entre cascadas, vegetación y cuevas con ríos subterráneos. Para comprobarlo, nos ponemos los tenis más aguantadores y emprendemos una caminata de 20 minutos hasta llegar a un valle que promete darnos mucha aventura.

Saltar al vacío a tientas

Llegar a la gruta de Chichicazapan es sinónimo de caídas constantes. Las piedras gigantes cubiertas de musgo y hongos son como guardianes que la protegen. Aseguramos cascos y chalecos de flotación. La luz del día se acaba. Encendemos las lámparas y vemos escapar uno que otro murciélago. A lo lejos se escucha del río Chichicazapan.

Polo es el guía que encabeza el grupo. Sus conocimientos en espeleología y rescate nos dan la seguridad para internarnos entre las paredes estrechas de la gruta que debemos cruzar de lado y sumiendo la panza.

Nuestras lámparas iluminan las largas, gruesas y filosas estalactitas que se formaron hace miles de años, justo cuando nació este sistema de cavernas considerado uno de los diez más grandes del mundo. La telaraña que forman las cuevas alcanza un perímetro de casi 10 kilómetros. Y pensar que nosotros apenas hemos recorrido 500 metros.

Los viajeros podrán comprar artesanías a muy buenos precios. Fotos: Fernando Ramírez/ El Universal

Un precipicio interrumpe nuestro andar. Polo lanza una cuerda; no podemos ver si esta toca fondo. La instrucción es saltar al vacío, a oscuras. "No pasa nada, solo caerás a una poza", dice nuestro guía. Todo un repertorio de plegarias pasa por mi cabeza y, sin pensarlo más, me lanzo. El agua está tan fría que ahoga mi grito. El chaleco me saca inmediatamente a flote. Me sostengo de la cuerda para que la corriente no me arrastre a la siguiente poza.

Después de los saltos de valor, vienen los toboganes naturales. Más adelante, una pared se convierte en el fin del recorrido. Pero para salir hay que regresar por el mismo camino. Ahora no hay saltos, sino paredes que escalar.

Si usted va...

Cómo llegar: Desde la Terminal Tapo, en Ciudad de México, la línea de autobuses Coordinados cubre la ruta en cinco horas. Boleto sencillo: 23 dólares. La primera salida es a las 9:00 a.m. www.transportamex.com

Dónde dormir: Hotel Taselotzin. Cabañas y habitaciones compartidas administrados por mujeres nahuas. Con restaurante, temazcal y venta de medicina tradicional. Tarifa: Desde 32 dólares. www.taselotzin.mex.tl. Mesón Yohualichan. 21 habitaciones cerca del centro histórico. Restaurante, servicio de taxi y juegos infantiles. Tarifa: Desde 19 dólares. www.hotelmesonyohualichan.com

Recorridos en Cuetzalan Mágico. Paquetes de aventura y culturales. www.cuetzalanmagico.mx

Tirolesa bajo la lluvia

Al salir de la cueva, emprendemos el camino hacia el Cuichat. La lluvia nos amenaza con sus relámpagos. La neblina está ahí, acariciando los helechos gigantes y los árboles de tabardillo, el mejor cicatrizante y repelente natural que hasta ahora he conocido.

Nos colocamos el arnés para volar a toda velocidad sobre el río. Debemos esperar el sonido del silbato para engancharnos al cable, de una longitud de 200 metros. Llega la señal y la primera en salir como ráfaga soy yo; voy sentada, literalmente, en el aire: los pies me cuelgan. Doy vueltas y puedo admirar esa selva frondosa rodeada de montañas y cascadas. Para mí es como si se replicaran los escenarios de Parque Jurásico.

Ahora caminamos hacia la cascada El Salto, donde hacemos rápel. El primer tiro es de 12 metros, a un costado de la ancha cortina de agua, la cual nos baña y limpia del lodo. Hay un pequeño mirador por donde vemos la poza cristalina de tonalidades amarillas que forma la cascada. Para llegar a ella es necesario un segundo rápel volado de 27 metros.

Más abajo está la cascada de Las Brisas y su Balcón del Diablo, donde nos detenemos para comer unos tlayoyos (gorditas rellenas de frijol con hoja de aguacate); ya llevamos casi tres horas y es justo y necesario recuperar fuerzas.

Durante la sobremesa debemos decidir: seguimos la aventura caminando por el río para saltar la cascada de Las Tres Caídas, o emprendemos el regreso al centro de Cuetzalan, que está a 10 minutos. Nuestra condición física renuncia.

Esperamos el transporte colectivo que por cinco pesos nos regresa al pueblo, donde las mujeres nahuas del hotel Taselotzin nos tienen un regalo: un baño de temazcal. Nos ponemos los trajes de baño y entramos a la casita de vapor, donde las piedras de río ya están al rojo vivo esperando ser bañadas por esa infusión de hierbas medicinales que acaban con nuestros dolores musculares.

VIRIDIANA RAMÍREZ
El Universal (México)

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