Editorial: Y el Óscar sigue siendo mexicano

Editorial: Y el Óscar sigue siendo mexicano

Hollywood estará a salvo si sigue recibiendo creadores de todo el mundo para que la pongan en marcha

23 de febrero 2015 , 08:33 p.m.

El actor norteamericano Sean Penn, amigo del cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu desde que trabajaron en 21 gramos (2003), vio el nombre de la ganadora como mejor película, y antes de pronunciarlo hizo un chiste que dejó a muchos desconcertados: “¿Quién le dio a este malnacido la residencia?”, se preguntó. Estaba parodiando, claro, a los estadounidenses que se oponen a la reforma migratoria del presidente Obama.

González Iñárritu, que minutos antes se había llevado los premios a mejor director y mejor guion, subió entonces a recibir su tercera estatuilla de la noche (todo un récord para un director hispanoamericano), pues su película –una sátira de Hollywood titulada Birdman– acababa de ser reconocida como la principal del 2014. Y supo continuar el discurso de Penn con una oración por que los mexicanos en los Estados Unidos “sean tratados con la misma dignidad y el mismo respeto con que fueron tratados aquellos que construyeron esta increíble nación de inmigrantes”.

Fue, junto con el alegato en favor de la igualdad de la actriz Patricia Arquette, uno de los pocos momentos emotivos de una ceremonia que ha venido luchando en vano por estar a la altura de las pasiones que el cine sigue despertando en el mundo entero. Y fue la ocasión perfecta para recordar, en la noche más importante de la capital mundial del entretenimiento, que cientos de las grandes obras de arte que se han hecho en Hollywood han sido –como la propia Birdman– la suma de la estupenda producción norteamericana y la original mirada de los inmigrantes que son acogidos por los Estados Unidos y por la industria.

El año pasado comentábamos en este espacio lo mucho que decía del talento mexicano que Alfonso Cuarón hubiera sido reconocido como el mejor director del 2013 y Emmanuel Lubezki elegido como el mejor cinematografista por su trabajo en Gravedad. Que este año el propio Lubezki haya vuelto a ganar y que González Iñárritu se haya llevado tres Óscar más es una prueba de que la máquina de Hollywood estará a salvo si sigue recibiendo e invitando a creadores de todo el mundo para que la pongan en marcha.

EDITORIAL
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