Editorial: Un respaldo en buena hora

Editorial: Un respaldo en buena hora

Se trata de un empujón que llega justo cuando el camino que conduce a la meta se hace más empinado.

22 de febrero 2015 , 11:12 p.m.

En el momento de escribirse estas líneas, el nombramiento de Bernard Aronson –veterano diplomático y experto en temas relacionados con América Latina– como enviado especial del gobierno de Estados Unidos para el proceso de paz colombiano había generado muchas más muestras de respaldo que de rechazo. Llama la atención el hecho, pues es difícil encontrar en la historia del país una determinación tomada en Washington relacionada con asuntos internos que haya generado tal nivel de aceptación.

El motivo de esta reacción no es un misterio: la decisión de marras bien puede interpretarse como una señal enequívoca de que el país del Norte está interesado en que los diálogos con las Farc lleguen a buen puerto. Desde el comienzo, ha estado claro que este país puede ser un aliado clave o un gran obstáculo en pos de tal objetivo. En el sentido positivo, “es nuestra responsabilidad hacer lo que podamos para ayudar a Colombia a conseguir la paz”, afirmó el secretario de Estado, John Kerry.

Si tantas voces coinciden en que Estados Unidos tiene en sus manos una de las llaves que abren la puerta de la paz es –sin demeritar aspectos como el apoyo que puede ofrecer llegado el momento de implementar los acuerdos– porque los procesos por narcotráfico contra varios comandantes de las Farc y la situación de ‘Simón Trinidad’ son nudos que seguramente habrá que desatar antes de firmar un acuerdo final.

Ahora bien, tal optimismo debe enmarcarse en la realidad que representa la bien marcada división de poderes que caracteriza al sistema de gobierno de dicho país. No pocos observadores han advertido que por más buena voluntad que exista del Ejecutivo, esta choca de frente contra la autonomía del poder judicial. Aun así, otras voces han planteado que tal autonomía no alcanza a ser absoluta y, en esa medida, las decisiones de los jueces se verán permeadas por la perspectiva de un acuerdo que tendrá un impacto favorable, no solo en Colombia sino en toda la región, incluyendo, desde luego, al pueblo estadounidense.

Lo que nadie cuestiona, para concluir, es que se trata de un empujón que llega justo cuando el camino que conduce a la meta se hace más empinado.

EDITORIAL

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