Editorial: Cuando la realidad se impone

Editorial: Cuando la realidad se impone

Lo rescatable es que Colombia demuestra que es un país serio en el manejo de sus cuentas.

22 de febrero 2015 , 11:12 p.m.

La noticia llegó el sábado, al concluir un consejo regional de ministros que tuvo como tema central el avance de los programas gubernamentales en el Eje Cafetero y Antioquia. Desde Dosquebradas (Risaralda), el propio Juan Manuel Santos habló de un “aplazamiento” por 6 billones de pesos del presupuesto nacional para el 2015. De ese monto, 1,2 billones corresponden a funcionamiento y el saldo de 4,8 billones, a inversión, que equivale a un tijeretazo del 10 por ciento en este rubro.

Que se venía un apretón era algo previsible. Aparte de que en el Plan de Desarrollo se habló de 17 billones de pesos menos para diferentes programas a lo largo del cuatrienio, desde hace semanas el Ministerio de Hacienda empezó a trabajar con las demás carteras para buscar ahorros aquí y allá. A pesar de las protestas, el mensaje enviado por la Casa de Nariño fue que había que adaptarse a las nuevas realidades.

La razón principal es que el descenso de los precios del petróleo en los mercados internacionales es más fuerte de lo que se preveía. Como es bien sabido, el crudo ha caído cerca de la mitad de su valor, lo cual influye directamente sobre los resultados financieros de Ecopetrol.

Aunque no se conocen oficialmente las cifras, el balance de la compañía del último trimestre del año pasado no fue bueno, ubicándose muy por debajo de las apuestas de los analistas. Como consecuencia, la empresa generó menos utilidades, lo cual se sentirá sobre el impuesto de renta que deberá cancelarle al fisco en unos meses y sobre los dividendos que le entregará a la Nación, su principal accionista. El desfase puede ser de 5 billones de pesos frente a lo que se creía hace unos meses.

Para completar, quienes se ganan la vida haciendo pronósticos sostienen que la economía colombiana experimentará una desaceleración importante en estos meses. El Banco de la República habla de un 3,6 por ciento de aumento en el Producto Interno Bruto como cifra más probable, algo que también influirá en lo que se recoja a través de diversos tributos.

Ante esa circunstancia, lo que indica la ortodoxia es que hay que acomodarse. Tal como le sucedería a una persona a la que repentinamente se le caen los ingresos, lo responsable es apretarse el cinturón, con el fin de evitar dolores de cabeza futuros.

En su pronunciamiento, el Gobierno dejó entrever la posibilidad de que si las cosas mejoran en los meses que vienen, lo que se ha aplazado será reactivado. Pero es mejor no despertar falsas esperanzas, pues en estos asuntos es mejor no pensar con el deseo.

En cambio, lo que procede es cuidar que programas claves –sobre todo aquellos con énfasis social y los que se concentran en la infraestructura– no resulten golpeados. Y es que no solo hay que proteger a los más pobres, sino cuidar la suerte de la locomotora que será la encargada de dinamizar la economía y mejorar la competitividad del país.

Sin duda alguna, no faltarán las críticas en las que se recuerde que la reforma tributaria que aprobó el Congreso en diciembre tuvo como justificación la de evitar recortes inmediatos. Pero más allá de entrar en ese debate, lo rescatable es que Colombia vuelve a demostrar que es un país serio en el manejo de sus cuentas. Y que cuando el palo no está para cucharas es mejor reconocerlo, más temprano que tarde.

EDITORIAL

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