Inversión de las regalías impacta poco la pobreza

Inversión de las regalías impacta poco la pobreza

Hay que orientar los recursos en retos concretos y buscar una asignación más rápida, dice estudio.

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22 de febrero 2015 , 07:27 p.m.

La inversión de recursos de regalías en las regiones colombianas ha hecho menos que un paño de agua tibia en la tarea de acabar con uno de los mayores problemas de la economía del país: la pobreza.

A esa conclusión llegaron Philip Wright y Lina Moyano, autores de un estudio del Observatorio del Caribe, el cual concluye que a estos dineros hay que orientarlos de forma distinta, “concentrándolos en un solo reto” y pensado en un mecanismo de asignación de recursos más rápido, que permita atender las necesidades básicas de la gente, expresa Wright.

La equidad, entendida como una distribución de ingresos más justa para que los recursos de regalías lleguen a los más pobres, es una de las palabras que respalda el nuevo sistema de regalías. En la ley, que ya lleva dos años de aplicación, se habla por todos lados de ataque a la pobreza: los fondos de compensación y de desarrollo regional, en el papel, destinan la mayor parte de sus recaudos a la reducción de las necesidades básicas insatisfechas. Sin embargo, “aunque los dineros están disponibles potencialmente para lograr un impacto radical sobre la pobreza, el resultado es modesto”, indica el investigador.

Aunque el estudio se centra en la región Caribe, “los hallazgos se pueden extrapolar al resto del país”, señala Wright, quien explica que no discriminaron en si una región es productora o no de recursos del subsuelo. Más aún, porque la reforma a las regalías se hizo para que ‘la mermelada se repartiera en toda la tostada nacional’ y, principalmente, ayudara a mejorar los niveles de vida de los más vulnerables.

La plata, en cemento

Pero en el país las estadísticas registran 6.156 proyectos aprobados para ser financiados con un presupuesto bianual que, entre 2013 y 2014, ascendió a 16,7 billones de pesos (descontando los gastos asignados para administración, monitoreo y seguimiento del sistema), y “más del 30 por ciento de toda la plata se concentró en el sector de transporte, mientras que otros sectores que podrían tener un mayor impacto directo sobre la pobreza, como por ejemplo los proyectos de agricultura e inclusión social, tienen participaciones de 2,3 y de 2,2 por ciento respectivamente, con relación al valor total de lo aprobado”, indica el estudio.

Wright expresa que, si bien es necesaria la inversión en carreteras, no se debe perder de vista que “el problema de la pobreza es mucho más grave y las obras de infraestructura no tienen un efecto sobre este”.

El caso de la región Caribe es representativo. En los 8 departamentos que la integran hay 1617 iniciativas con una asignación presupuestal de 4,5 billones de pesos. Según el estudio, hasta el 15 de septiembre del 2014 (fecha de corte de la investigación) había 1.589 proyectos aprobados, pero solo 312 tenían algo que ver directamente con la meta de mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la zona. “Esto corresponde al 19,6 por ciento de las regalías aprobadas y equivalen a cerca de 863.000 millones de pesos”, aclara el estudio.

A nivel nacional, los dos fondos que más se encargan de atender las necesidades básicas de la población, el de Compensación y el de Desarrollo regional, recibieron en la vigencia 2013-2014, el 39,4 por ciento del total de los recursos, lo que equivale a unos 6,5 billones de pesos. No obstante, “la financiación para cambiar el paisaje de pobreza es todavía menor a la mitad del total”, indica el estudio.

En consecuencia, expresa Wright, en el Caribe hay zonas que tienen megacolegios que son vecinos de viviendas miserables y, muchas veces, los pobladores ni utilizan la obra porque son tan pobres que requieren la mano de obra del joven para obtener ingresos económicos en vez de enviarlo a estudiar. “El país tiene que empezar a dar un debate de cómo se están gastando y cómo se deben gastar estos recursos”.

Ejercicio de simulación

Un ejercicio de simulación, realizado por los investigadores, permitió calcular cuánto dinero le correspondería a cada persona de las que requieren que el Estado le extienda una mano con estos recursos. Según Wright, si se toma solo la población de extrema pobreza de la región Caribe, con los recursos disponibles en el 2011 (antes de la reforma), la asignación per cápita, si se les entregaran los recursos en efectivo, hubiera sido de 166.773 pesos para los colombianos considerados en situación de pobreza extrema y de 63.858 pesos para los catalogados como pobres con necesidades básicas insatisfechas.

El mismo ejercicio, con los recursos que le correspondieron al Caribe en el 2013, muestra un panorama similar, pues la asignación mensual por habitante, para los pobres extremos, hubiera sido de 162.772 pesos y de 48.406 pesos para los pobres en general. “Es claro que los recursos sí podrían servir para generar un impacto en la pobreza”, enfatiza Wright.

Para Wright, “si bien el nuevo esquema de distribución de las regalías es mejor que el anterior, con algunas correcciones se podría obtener más logros. Sería el momento de concentrar estos recursos en un solo reto”.

MARTHA MORALES MANCHEGO
Redacción Economía y Negocios

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