Pesca se niega a desaparecer del corregimiento de Taganga, Magdalena

Pesca se niega a desaparecer del corregimiento de Taganga, Magdalena

El pueblo cercano a Santa Marta rechaza restricciones en el Parque Tayrona.

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22 de febrero 2015 , 11:10 a.m.

La pesca está arraigada a la historia de Taganga. En este corregimiento, ubicado a 10 minutos en carro del centro de Santa Marta, la mayoría de los nativos se dedican a esta actividad, heredada de sus ancestros, y no están dispuestos a dejarla desaparecer como consecuencia de las restricciones en las áreas protegidas del Parque Tayrona –solo se permite de subsistencia– y la llegada del turismo.

Gabriel Mattos Vásquez tiene 70 años y es pescador desde los 17. Su papá era dueño de chinchorro y su mamá vendía pescado. Está sentado debajo de una enramada en la playa Genemaca, uno de los 11 ancones donde los miembros de la Corporación de Pescadores y Chinchorreros de Taganga, integrada por 151 socios y 170 chinchorros, realizan sus faenas por turnos.

“Con la pesca es que he criado a mis hijos, los he educado, aunque no han querido seguir una carrera por sinvergüenzas. Los dos varones se dedican a la pesca y la hija está en la casa”, dice este hombre bajito, con el cabello canoso y la piel curtida por el sol.

A las 5 de la mañana llegó con un grupo de cerca de 15 pescadores y jaladores a esta playa para pescar. A bordo de un cayuco de madera, tres reman y otro va tendiendo en el mar el chinchorro de arrastre, que mide 90 metros de largo y entre 7 y 12 metros de profundidad.

El ‘caretero’, encargado de sumergirse en el agua por una o dos horas para ver cuántos peces han caído en el chinchorro, les avisa a los que están en la playa para que empiecen a jalar y extraigan los peces que quedan atrapados en la bolsa. Mientras tanto, los pescadores matan el tiempo jugando dominó, tejiendo chinchorros, durmiendo en hamacas o pedazos de cartón o cocinando en fogón de leña.

En los ancones pasan casi todo el día. Hace varias décadas, cuenta Mattos, iban a tender sus chinchorros, sin ningún problema, frente a las playas de Bahía Concha, Chengue, Neguanje y Cinto, hoy dentro del Parque Tayrona, pero tras la declaratoria de esta área como protegida están restringidas para la pesca.

“Parques Nacionales siempre está molestando, ya no nos dejan pescar en muchas playas. También nos quieren sacar de la Isla La Aguja –donde tienen tres ancones–. Ellos dicen que acabamos con los corales, no sabiendo que los buzos son los que acaban eso”, asegura Mattos.

El turismo también afecta la pesca. Las embarcaciones, motos acuáticas y los kayaks con turistas pasan cerca de las redes y el ruido de los motores espanta los peces. “Nos toca pelear con el turismo para poder pescar y en La Aguja con los buzos, en los sitios de pesca nos tiene fregaos por eso”, dice el veterano pescador.

Erasmo Garay Mattos, quien asumió la presidencia de la Corporación de Chinchorreros en diciembre pasado, asegura que en la zona del Parque Tayrona solo está permitido pescar a una milla náutica (1,8 kilómetros) desde la punta más saliente y ellos no cuentan con los equipos ni la tecnología para hacerlo a esa distancia.

“¿Qué pescador artesanal pesca a una milla?, las aguas por aquí son profundísimas. ¿Qué chinchorro, nailon o línea de mano llega a mil metros?”, se pregunta Garay, de 53 años, quien pesca desde los 14.

¿Pesca o ecoturismo?

Con el propósito de reducir la presión a los recursos pesqueros en las áreas protegidas y brindarles una alternativa productiva a los pescadores de Taganga, Parques Nacionales está trabajando desde enero de 2014 en un proyecto de ecoturismo que inicialmente beneficiaría a 12 chinchorreros.

Esta iniciativa hace parte del proyecto ‘Conservando Recursos Hidrobiológicos y Pesqueros en Áreas Marinas Protegidas’, financiado por la Unión Europea y administrado por Patrimonio Natural.

Ángel Villa, coordinador del proyecto y funcionario de la Dirección Territorial Caribe de Parques Nacionales, asegura que cuando empezó su ejecución los pescadores chinchorreros manifestaron que no les interesaba debido a los conflictos que se han generado en las áreas protegidas.

Sin embargo, siguieron adelante y en marzo pasado se conformó la Asociación Ecoturística de Taganga (Aecotag), integrada por siete tagangueros, de los cuales cinco son pescadores independientes.

A los miembros de Aecotag, según Villa, se les va a entregar en el primer semestre de este año dos botes con fondo de cristal, que permiten observar las especies y ecosistemas del fondo marino sin mojarse, para que hagan recorridos turísticos por Taganga y el Parque Tayrona.

También van a ofrecer buceo a pulmón y senderismo en el pueblo y entre Taganga y Playa Grande. Los botes fueron fabricados por Eduardoño y cada uno cuesta alrededor de 100 millones de pesos.

Hasta ahora, los asociados han recibido uniformes, capacitaciones en atención al cliente, administración básica, inglés y primeros auxilios - falta en capitán costanero-, y el pago de dos bonificaciones - un salario mínimo-. Además, avanzan en la adecuación y señalización de los senderos.

“La idea es que Aecotag, a través de los equipos que va a recibir, pueda generar empleo para los pescadores, sobre todo los chinchorreros. Este sería el inicio de otros proyectos productivos”, dice Quintín Manigua Mattos, presidente y representante legal de la Asociación. Aunque se han realizado dos reuniones entre funcionarios de Parques Nacionales y los pescadores chinchorreros de Taganga para tratar de encontrar un punto de encuentro con relación a la conservación de las áreas protegidas y las posibles salidas para que dejen de pescar en ellas, la tarea no será sencilla. La posición de la mayoría de los pescadores es radical. “Nosotros no vamos a hacer ecoturismo ni vamos a dejar la pesca. No vamos a aceptar nada de Parques”, dice Erasmo Garay y agrega que la cultura y costumbres de un pueblo no se pueden cambiar porque sería desconocer a sus ancestros.

 

Paola Benjumea Brito
Corresponsal de EL TIEMPO
Santa Marta.

 

 

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