Los Calero se extienden en el árbol genealógico de Selección Colombia

Los Calero se extienden en el árbol genealógico de Selección Colombia

Juan José, hijo del fallecido Miguel, hace parte de los preconvocados a la Sub-17.

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21 de febrero 2015 , 07:41 p.m.

No hay que preguntar quién es. De lejos, de cerca, de un lado, de frente, su cara es inconfundible. Juan José es la estampa viva de su padre, ya fallecido, Miguel Calero: no hay lugar para alguna confusión.

El juvenil delantero hace parte de la preselección Colombia Sub-17 que se alista para el Suramericano de Paraguay que se iniciará el próximo 4 de marzo y que entregará cuatro cupos al Mundial de Chile-2015.

Ver de nuevo el apellido Calero en la ‘Tricolor’ genera mucha alegría, pero también mucha nostalgia al recodar al exarquero que dejó huella en el equipo nacional. Con sus voladas silenció gritos de estadios repletos y sus irreverentes ataques originaron euforias por sus goles con la cabeza y hasta con los pies.

Y así lo ha sentido Juan José, quien se ha apoderado del cariño que generaba su papá: “Uno siente el cariño de la gente, pero les agradezco que me traten igual que al resto de los jugadores. Eso es bueno y sano para los compañeros y para mí, que todos sintamos que todos los hinchas nos apoyan”, dijo el jugador de 16 años, quien también reclama atención para el resto de sus compañeros.

Para muchos llevar en su espalda estampado un apellido que tiene tanta trayectoria puede generar una represión de las aptitudes, pero en Juan José no es el caso, todo lo contrario.

“Presión no siento, desde luego es una motivación seguir el legado de mi papá, pero presión no, no la tengo, disfruto jugar al fútbol y es lo que me gusta”, dijo con un acento que no es el de su natal Medellín, la cual abandonó cuando tenía 18 meses por el traspaso de Calero de Atlético Nacional a Pachuca, en el 2000.

Por su larga estadía en la ciudad mexicana, casi toda su vida, muchos creían que el jugador se iba a decidir por la selección ‘Azteca’, pero ‘Calerito’, como es llamado por algunos, tenía tan claro, como sus definiciones frente al arco, lo que él quería.

“Hubo muchos rumores de que llegaría el llamado de la selección de México, pero siempre dejé muy en claro que quería jugar para Colombia, eso siempre lo había hablado con mi papá y estoy muy contento e ilusionado de seguir haciendo bien las cosas y esperar seguir recibiendo el llamado. Uno siempre busca como jugador representar al país de uno, es lo máximo, y ahora tenemos una bonita oportunidad de ir al mundial y no hay que desaprovecharla. Me he unido bien al grupo y me ha recibido bien”, dijo con una tímida sonrisa el delantero que cumple su segunda convocatoria en la Sub-17, que es dirigida por Juan Camilo Pérez.

Calero, mientras se sobaba su tobillo derecho, por una falta que recibió en un amistoso contra Chicó que terminó en penalti, explicó cuáles son sus características como jugador.

“Soy un delantero de área, que no le gusta salirse mucho de la zona y que le gusta hacer mucho gol”, detalló el jugador que tiene como preferencia el número 21 en su camiseta y que según la ficha de la Federación Mexicana de Fútbol, mide 1,79 metros.

Los consejos de papá

Miguel, en su posición de arquero, siempre le dio algunos trucos a su hijo para que fuera más efectivo en la zona ofensiva.

“Cuando le hacían goles me decía esto es bueno, esto no, y me dio ciertos consejos para mi formación como delantero que me han servido mucho”, expresó el jugador que siempre recurre a un “te digo” como muletilla, quizá, con la misma insistencia que tiene para vulnerar las redes contrarias.

Y aunque la charlas entre padre e hijo, sobre fútbol, era constantes, la portería no fue una opción para Juan José y con su gesto en el rostro se podía intuir la respuesta: “Nunca pensé en ser arquero, en mi mente siempre estuvo jugar en el campo. La posición de arquero es muy linda, pero también es muy complicada y me vieron más condiciones en la cancha y por eso fui delantero. Mi papá, me decía que tenía condiciones y su consejo fue importante para elegir ese lugar del campo”.

Juan José Calero abraza a su papá en un día de integración familiar. Archivo Particular

Llegó un momento en que sus ojos negros perdían tamaño, un rastro de tristeza se asomaba por su adolescente rostro y apareció la pregunta: “¿le molesta que le pregunten tanto por su papá?”

Y con un tono más fuerte del que acostumbra, mirando la cara del inquisidor y con el “te digo” como principal apoyo dijo: “No me molesta que me relacionen con mi papá y te digo, me llena de orgullo y motivación para seguir trabajando. El legado de mi papá fue muy grande; espero seguirlo, igualarlo y por qué no: superarlo. Es muy lindo que yo sea recompensado por el cariño que le tenían a mi papá. A él lo extraño, no solo en eso del fútbol, también en la casa, en todo momento, pero también eso lo motiva a uno para hacer las cosas de la mejor manera”.

Por su acento, cualquiera se podría confundir con su nacionalidad, y es algo que toma con humor cuando le preguntan por las palabras que usa, que así sean en español, puede que necesiten traducción, en algunos casos.

“No me molestan por el acento, ellos saben que se me pegó el mexicano, pero uno decide portar la playera de la Selección Colombia y la visto con mucho orgullo. Aunque México es un país que igual queremos mucho”, dijo el menor de dos hermanos.

Su vida en Pachuca

El apellido Calero es casi que una extensión del club Pachuca, su hermano mayor, Miguel Ángel está en la parte administrativa, y Juan José siente un agradecimiento inmenso con la institución: “Con Pachuca me siento muy feliz, hay mucha gente que nos quiere. Mi papá es ídolo y hay agradecimiento por todo lo que nos han dado, por eso quiero seguir y devolver todo ese cariño que recibimos a diario, por eso quiero permanecer en Pachuca”.

Pero él sabe que para triunfar en el estadio Hidalgo debe seguir un proceso: “Este año hice la pretemporada con el primer equipo, y te digo, muy contento. Salí al banco en dos partidos con el equipo profesional y ahora estoy en el torneo Sub-17, y, te digo, sé que estoy joven y no me apresuro porque tarde o temprano me va a llegar el momento”, dijo con su voz juvenil, pero con pensamiento de una experimentado.

Además explicó que en la institución mexicana se debe cumplir con ciertos requisitos antes de pisar el gramado.

“Si uno quiere jugar en Pachuca tiene que estudiar. Eso es bueno porque uno se forma como jugador y persona. Me falta un año para terminar el bachillerato y luego esperar estudiar algo involucrado al deporte para seguir trabajando en lo que a uno le gusta”, auguró el jugador que aún no tiene apodo y que es llamado ‘Juanjo’ o ‘Calerito’, pero que él sabe que “cuando esté jugando con la profesional no demoraran y me ponen un apodo”, finalizó entre risas.

ANDRÉS FELIPE VIVEROS B.
Redactor EL TIEMPO

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