El enredo de las urbanizaciones en Bogotá

El enredo de las urbanizaciones en Bogotá

No todos los casos representan riesgos. Hoy se estudian más de 60 planos.

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21 de febrero 2015 , 06:06 p.m.

Más allá de la polémica que se ha presentado con proyectos como Monterrosales y Cerro Verde, la confusión por quién tiene la razón frente a los derechos adquiridos ha hecho pensar que todos los constructores están en igualdad de condiciones, incluso, como asegura Camacol, en situación de “inseguridad jurídica”.

Sin embargo, de los 60 planos, que corresponden a 52 urbanizaciones con licencia en la franja de adecuación, cada caso es distinto. En la identificación que adelanta Planeación Distrital hoy se está distinguiendo cómo están ocupando la franja: en cuántos predios hay construcciones y cuáles son lotes vacíos con licencias urbanísticas.

Estos últimos son los que representan el verdadero problema, porque hay que definir si gozan de los derechos adquiridos que les amparó el Consejo, antes de formular un plan de manejo para la reserva. El universo de las licencias es amplio: están las que se otorgaron antes de 1977 y las que vinieron luego de la declaración de la reserva. (Lea: La historia de Carrizosa, un 'custodio' de los cerros orientales)

También están aquellas que se otorgaron en el lapso de 1990 a 2005 (cerca de 33 proyectos), cuando el Distrito permitió la construcción en los cerros a través de concertaciones con los constructores, que recuperaban zonas de canteras y barrios ilegales a cambio de poder construir luego en parte de los terrenos.

En algunos casos estos se ejecutaron o no, antes de que el Tribunal de Cundinamarca impidiera todo tipo de construcción con las medidas cautelares para proteger el bosque. Y esas son las que hoy parecen estar en la disputa entre Administración y constructores. (Lea también: Alcaldía local ratifica que Cerro Verde ejecutó obras antes de 2006)

Los casos también varían si los planos de construcción de cada proyecto ubican edificaciones en la franja o si por el contrario la usa como un espacio verde. Además, en cada ocasión se debe revisar si cuenta o no con las licencias de urbanismo y construcción.

Los más críticos sin duda son aquellos donde el área útil, es decir, donde va la edificación, sí afecta la franja y no hay obras, pero también aquellos que sin licencia ya construyeron. Después del análisis minucioso se sabría dónde y qué tanto se ocuparía la franja. “Hay lotes que pueden ir desde la séptima hasta La Calera, pero cuando se entra en el detalle, no necesariamente van a edificar en todo el terreno”, aclara Armando Lozano, funcionario de Planeación quien lidera este proceso.

Más allá del número de metros construidos, Lozano insiste que con un solo edificio “el daño es terrible porque endurece y llena de muchas familias un espacio que conecta con la reserva”. No hay daño pequeño, para él es como el simple aumento de unos solos centímetros en el nivel del mar, que puede desaparecer pequeñas islas.

La otra cara de la moneda son los barrios ilegales que representan la mayor ocupación. Hoy 26 barrios están en proceso de legalización en la franja de adecuación y otros 33 se han formalizado desde 1997 hasta el 2001.

Estos representaron el mayor aumento en la ocupación de los cerros en su historia: incrementaron cerca del 20 por ciento de la ocupación de todas las hectáreas solo en la década de 2005 a 2015.

Un plan para el borde

La experta urbanista y directora de la Fundación Cerros Orientales, Diana Wiesner, insiste que es necesario para superar esta confrontación que se lleguen a acuerdos entre constructores, Distrito y comunidades para iniciar de una vez por todas con el plan de intervención del borde de los cerros, planteado desde hace seis años y que incluye la recuperación de los ecosistemas a través de viveros comunitarios, la creación de corredores ecológicos para los ciudadanos y la creación de espacio público para toda la ciudad. “Hay que buscar posiciones proactivas y optimistas para unir esfuerzos y devolverles a los cerros lo perdido”.

EL TIEMPO

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